Siempre es bienvenida la ocasión de poder volver a visitar la vieja ciudad celtíbera, después Calagurris Nausica (Publio Cornelio Escipón , 171 a. C.) y Calagurris Julia (Julio César, 49 a. C), mientras su sucesor Augusto le concedió el título de Municipium Civium Romanorum, es decir, la plena ciudadanía romana. Encontramos muy renovado con todo tipo de innovaciones audiovisuales el pequeño y recoleto Museo de la Romanización del territorio actual de la Rioja, que fue romanizado casi en su totalidad. Son seis salas, distribuidas en tres plantas, dedicadas a los antecedentes de cultura celtibérica; la guerra de conquista y comienzo de la romanización, hasta con centro de moneda propia; la domus: vida privada de las familias romanas; las actividades económicas: agricultura, artesanía y cerámica; la religión, culto, juego y ocio… Hasta concluir el recorrido con el proceso de cristianización representado por los patronos de la ciudad San Emeterio y San Celedonio, legionarios cristianos, decapitados por su fe y cantados con himnos inmortales por el mayor poeta cristiano del siglo IV, Aurelio Prudencio. Quien conozca los descubrimientos celtibéricos en Herramélluri, Arnedo o Aguilar del Río Alhama, y los romanos en Calahorra (¡con su Dama!); Tricio, Varea, Pradejón, Castañares, Pipaona de Ocón…, no se sorprenderá de la riqueza de los objetos caseros, agrícolas, artesanales, militares; miliarios; inscripciones; mosaicos… testigos todos ellos de la vida romanizada en este trozo de Hispania Citerior, y que enriquecen todas estas salas, dignas de una de las ciudades romanas más importantes entre Astorga y Zaragoza.
Bajando hacia la catedral por la Cuesta de ese nombre, topamos con el Museo de la Verdura, que todo el grupo desconocíamos. Es un centro interactivo y didáctico, dotado de nuevas tecnologías, pantallas táctiles y juegos de ordenador, con 18 audiovisuales que presentan diferentes aspectos de las verduras cultivadas en el amplio regadío de Calahorra, desde la tierra y la agricultura hasta la gastronomía. Entre las cosas más originales encuentro, además de los sistemas de regadío, explotación agrícola y maquinaria, el cultivo y elaboración de las siete principales verduras; el mundo de las conservas -un documental de los años 20 de Industrias Moreno es todo un acontecimiento-, y las verduras de la cuarta y quinta gama de productos: verduras limpias, precocinadas y congeladas al vacío. Es para estarse muchas horas. Si a todo esto añadimos los distintos trabajos en el campo, los estratos del suelo, el crecimiento de las plantas, la cultura popular y religiosa sobre el agro, y, sobre todo, la fascinante colección de trajes de mujer con vestidos elaborados, total o parciamente, con alcachofas, cardos, cebollas, ajos, coliflores, espárragos, culantrillos, lechugas, pimientos, alubias blancas…, a nadie le extrañará si digo que no habíamos visto nunca una cosa parecida.