Archivo del Autor: vmarbeloa

«Aquí no entra ni dios»

 

       Para evitar cualquier remedo de blasfemia, pongo el sujeto de la frase en minúscula. Se lo oí, el primer día de la llamada huelga de taxis en Madrid, a las puertas del IFEMA,  a un bárbaro, que hacía de portavoz o, mejor, de portabarbaries como ésa. Y ¡vaya si entraron! Afortunadamente. Recordé el famoso «¡No pasarán», y el «¡Ya hemos pasáo!» de la canción. Pero su intención era que no pasásemos, que no pasara nadie, cercanos o lejanos, ni por su cerco ni por sus sinrazones.

Desde antiguo, ciertos grupos, orgullosos de su pretendida y mal entendida fuerza, física o ideológica, se han creído dueños de la calle, dueños de la opinión pública, y, lo que es peor, dueños de la moral cívica. Sin entrar en la penosa polémica ac tual del Taxi y de los VTC (vehículos de turismo con conductor) -encuentro válidos argumentos en los dos-, no hay Estado allí donde la organización jurídico-político de la Politeia, de la Res Pública, de la Comunidad no sabe im-poner su arbitrio, su fuerza moral y su legítima violencia democrática. Y lo llevado a cabo en Barcelona y Madrid -curiosamente por un colectivo, que no ha pasado nunca por ser progresista y menos revolucionario- ha traspasado, una vez más, todo límite cívico y moral. Los propietarios o conductores del Taxi y de los VTC son trabajadores que fungen una labor pública, que se deben al público al que sirven, y deben, como toda persona pública, ser ejemplares en su oficio y en su vida. Y dejémoslo ahí.

La verdad es que este bochorno, que, obligadamente, tenemos que sentir y sufrir cada día en TV  y  en la Radio contrasta sobre manera con el acontecimiento singular del que esribí ayer. Y el contraste no puede ser mayor, para vergüenza de los huelguistas…

Julen de Totalán

 

           No puedo más. Hace ya tres días que apenas me entero de lo esencial, pero no puedo ya ver la tele ni oír la radio, que a todas horas informan sobre el chiquito. (Por cierto, ¿sabrá la mayoría de interesados que Julen significa en castellano: Julián?). ¿Y no llegaron ya hace tiempo los medios a un abuso de la libertad de información, acercándose peligrosamente al exceso y hasta al morbo perverso?

Sea como sea, creo que no ha habido desde el rescate de los mineros de Chile, hace ocho años, y ahora aún con más intensidad, un acontecimieno que nos haya conmocionado tanto. Está siendo en verdad otro rescate heroico, y ejemplar por varios motivos: por el número de personas, de horas de trabajo, de dinero, de entusiasmo. Oír hablar a esos jefes-portavoces, ingenieros, bomberos, mineros, guardias civiles… es un regalo humanista en este mundo en el que vivimos. Una excepción sublime en el habla pública, cotidiana, de nuestra politeia (res publica), de nuestra comunidad. Una verdadera obra de genial ingeniería de humanidad, sea cual sea el resultado final, que nadie de nosotros quiere imaginar, si es que ya es tiempo de imaginación.

Frente a lo  que vivimos/sufrimos en Cataluña; en la «huelga» salvaje de los taxistas y en tantas otras  situaciones miserables, esta hazaña comunal y comunera de Totalán (bello nombre para la imaginación lingüística) es toda una prueba saludable de que aquí existe y se mueve un pueblo, una nación, una humanidad… Bendito sea Dios.

Sobre la vida

 

Ah, de la vida / Nadie me responde, escribió Quevedo. Decir que la vida es todo, que es un viaje espléndido y cosas así no es mucho decir, y provoca y hasta escandaliza a muchos, que tienen de la vida una estima muy inferior. Para muchos la vida sigue siendo un acto de combate y para muchos un acto de amor.

Lo que sucede ¿es siempre lo mejor de lo que pudiera haber sucedido? ¿Qué consuelo metafísico es ese? Pero dicen los ascetas-místicos de nuestro tiempo que siempre sufriremos si pensamos de otra manera, y que así no seremos nunca ni magnánimos (de ánimo generoso) ni acogedores de todo lo que nos es posible acoger. Que sólo el vacío de sí mismo, el olvido de sí mismo está en proporción directa con el amor a los otros, Y que sin amor no hay vida…

La anarquía que viene

 

        En el libro La anarquía que viene (2000), del periodista norteamericano Robert Kaplan, este planeta que hoy tenemos como interconectado y globalizado, aparece como un peligroso cocktail de desigualdades sociales, extrema pobreza, juventud desolada por el desempleo, incultura, pocas perspectivas de futuro, corrupción generalizada, clase política mediocre en manos de grandes corporaciones y del poder del dinero…

Las conclusiones a las que llega Kaplan son de un fatalismo terrible, pero que ninguna de las numerosas y positivas estadísticas  que nos hablan de los éxitos contra el hambre, las enfermedades y la incultura en el mundo, han logrado desmontar del todo. Las cifras demográficas del Tercer Mundo lo dicen todo para el autor del libro: más de la mitad de la Media Luna africana tendrá durante bastante tiempo menos de treinta años, y millones de jóvenes intentarán traspasar todas las fronteras, que ya apenas existen en el  Sahel, para llegar a Europa, cada día más envejecida. El norte de África -escribe él- es un polvorín y estallará.  A los 19 años de escrito su libro, ya ha estallado, y las cifras de la inmigración masiva, que anteayer llegó a Turquía y a Grecia, ayer a Malta y a Italia, y hoy a España, lo prueban de manera algo dispersa y disimulada, pero contundente. Algo parecido, aunque de forma más clamorosa, ocurre con el tsunami humano de Centroamérica, que desborda todas las fronteras hasta llegar al muro que inútilmente pretende levantar Trump en la frontera sur de los Estados Unidos de América. A lo que se añade en Sudamérica el éxodo masivo de venezolanos hacia el oeste, el norte y Europa.

Ya nos hemos olvidado de Afganistán, Irak y Siria. De la superpoblación y miseria de la India, Pakistán, Bangladesh o Indonesia. Mientras la República Popular China funge en todo el mundo de referente mundial del libre mercado.

Solitud

 

         Recuerdo todavía unos versos, entre ascéticos y místicos, de aquel volumen, que leí en mi adolescencia, Poesía nueva de jesuítas -Beltrán, G. Villoslada, Blajot, Llanos…: Si has de morir tú solo / ¿por qué quieres vivir en compañía? / Corazón, corazón, que incautamente / te siembras en la vida,  / ¿raíces para qué? Alas remeras / y a volar cielo arriba.

Pero mucho antes era, y sigue siendo y será, lugar común eso de que nacemos, vivimos y morimos solos, profundamente solos. Alguien puede decir aquí también: unos más que otros. Digamos que somos únicos, y, por únicos, intransferibles. Y que, si somos solos, podemos estar acompañados, que es otro cantar. Al comienzo, a la mitad y al final de nuestro camino vital. Y que, por muy acompañados que estemos, en el reducto de nuestro ser más hondo, estamos siempre solos a la hora de cualquier última decisión, del último odio y del último y decisivo amor. Y a la hora de morir. Solos a la hora de la respuesta, de la responsabilidad concreta en última instancia, nunca mejor dicho.

De ahí, la imperiosa necesidad de cultivar, lo mejor posible, esa íntima, física y metafísica soledad. Esta última tal vez merece otro nombre: solitud.

PODEMOS, víctima de la «hybris» podemita

 

         Se veía venir desde hace tiempo. Una hybris (desmesura) tan intensa, continua y colectiva, no podía durar demasiado tiempo. Ya es sabido que los dioses, desde los tiempos de Hesíodo, la castigan por ser un conjunto de excesos incompatibles con la finitud del hombre, la seguridad de los conciudadanos  y la seriedad de los mismos dioses inmortales. Incompatible incluso con el equilibrio del mundo. Medém agan. Ned quid nimis: Nada en exceso, fue durante siglos el lema clásico e inamovible, representado mil veces por el teatro griego y el latino que lo sigiuió.

Grupo de jóvenes universitarios airados, de formación leninista, revisada por el comunista italiano Gramsci y el argentino Laclau, aprovecharon el segundo momento más grave de la corrupción política en España y la crisis de los dos grandes partidos de la Transición española para lanzarse a la conquista del precariado, que sustituyó al proletariado, ya sin prole y sin conciencia de clase. Y, rememorando épica y falsamente la derrota de la guerra civil, intentaron destruir el que llamaron el Régimen del 78, con su  reconciliación, sus consensos, su espíritu europeísta y su ejemplar Constitución democrática. Fuera de algunos aspavientos patrióticos -tal vez para despistar-, hicieron juego con todo lo peor de los últimos años en España: los herederos de ETA-Batasuna, el separatismo catalán, el SAT andaluz, el autodeterminismo y confederalismo de los diversos nacionalismos, el anticlericalismo décimónico, el antiberalismo económico exacerbado… Y multiplicaron por doquier los escraches, los insultos, las amenazas, las intemperancias, las baladronadas. Al tiempo que, como aprendices de brujo, y sobre todo como leninistas incorregibles, sedicentes y sedeclarantes señores de la historia y del progreso, se dividían, desgarraban, fragmentaban, desmoronaban en cada rincón de España, en cada Comunidad Autónoma: anteayer en Euskadi y Cataluña; ayer en Cantabria, La Rioja, Andalucía, Murcia, Castilla; hoy en Navarra, Galicia y Madrid…, y mañana en cada barrio, en cada pueblo.

La hybris no se puede aguantar mucho tiempo. Y menos en una sociedad democrática. Sólo algún grupo de universitarios, ahítos de ideología, pero lejanos de la vida real, incluso de los precariados, su gente, no se habían enterado.

Era demasiado. Lo contrario del certero lema Medém agan. Ne quid nimis.

Espera y camino

 

      ¿Será nuestra espera nuestra verdadera esperanza, la que en verdad corresponde a nuestra realidad itinerante, a nuestra condición viaria, como el camino de nuestra vida es ya para nosotros la misma meta?

Triste final de Susana

 

             Triste final, al menos en esta etapa, el de Susana Díaz, una mujer tan valiosa, y en la que millones de españoles pusimos nuestra confianza en los penúltimos tiempos. Organizar -o, al menos, consentir- y, después, adherirse al escrache masivo de  miles de militantes del PSOE, PODEMOS e IU rodeando al Parlamento andaluz, mientras se desarrollaba el debate de investidura del nuevo presidente de la Junta de Andalucía, es indigno de una política que criticó hace meses los escraches llevados a cabo por los podemitas, aborrecidos por ella, pero con los que estaba ya dispuesta a gobernar, si los votos le hubieran favorecido en las últimas elecciones. ¿Quién dijo ultras? ¿Quién dijo extrema derecha? ¿Quién dijo anticonstitucionalistas y herederos de no sé quién? Nadie, ningún partido había hecho hasta ahora en España algo similar en circunstancias parecidas. Ni en Pamplona se nos ocurrió rodear el Parlamento y decir atrocidades cuando los nacionalistas-independentistas vascos entraron el Gobierno foral. Y es lo más similar a lo que hemos visto hacer a los CDR y otros fanáticos en las calles y plazas de Cataluña.

¿Qué lógica, qué ética, qué política democrática es esa? En un momento del debate bronco, sobre todo por parte de Susana, quien se refirió a los amigos de los amigos del PP y de Ciudadanos, el candidato popular le preguntó a ella si los amigos de Pedro Sánchez eran también sus amigos. Cuando todo el PSOE español tiene el tejado de vidrio en estos momentos, es hasta peligroso, además de injusto y de poca finura, tirar tamaños pedruscos al tejado del adversario político.

La brecha del Brexit

 

          El Brexit es ya para todos los británicos y todos los europeos una brecha de difícil y penosa reparación. Baste decir que ni ellos saben lo que están haciendo y lo que puede resultar de sus acciones, ni las instituciones europeas saben cómo responder a lo que los británicos hacen o dejan de hacer. Estamos ante realidades nuevas, que dividen profundamente a los ciudadanos del Reino Unido de Gran Bretaña y hieren gravemente también a la Unión Europea, unida hasta este momento. Nadie sabe, por ejemplo, cómo evitar la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. Yo sólo veo en este laberinto la posibilidad de que, tras el fracaso de unos y de otros contendientes en el Reino Unido, ahora desunido, llegue la posibilidad de un segundo referéndum, pero ya no sólo con una pregunta, y no sólo con el margen de un solo voto de diferencia para validar un nuevo resultado.

Aquí y ahora

 

          Aquí y ahora. El sintagma espacioso-temporal pasa por ser el santo y seña de toda concreción y hasta del decisionismo. Y de toda practicidad inmediata. Aqui y ahora es también el lema de la terapia de ciertas enfermedades que requieren en cada momento la atención y cuidados necesarios, sin que puedan compararse con los siguientes. También es la reserva de todo juicio puntual en cualquier investigación, que no quiere ir más lejos de lo que se tiene por cierto en un momento dado. Aquí y ahora es ante todo la llamada profunda de nuestro ser para situarnos en el tiempo y en el espacio propios, los de nuestra vida intransferible, inestable y limitada, que sólo en el espacio y tiempo se entiende, que sólo en el tiempo y espacio se vive. Además de como herencia y recuerdo, además de como proyecto, sobre todo como presente, como acción directa y refleja, en pura vividura. Aquí y ahora: el programa de los programas del hombre, su certera e indeclinable dirección hacia el hondón de la existencia. Age quod agis: Haz (bien, plenamente) lo que estás haciendo.