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Maduro y el inmaduro Évole.

 

O la inmadura cadena de televisión de Atres Media, la mejor plataforma  electoral del dictador venezolano, que jamás se la prestaría a un dictador de derechas, pongamos a un Teodoro Obiang, también de habla española. Y menos para pedirle insistentemente ¡que convocara elecciones!

Pero los 70 asesinados en la calle por los pistoleros de Maduro desmienten, una por una, todas las mentiras del tirano.

El mejor encanto de los Goya

 

     El mejor encanto (glamor) de los Goya, esa fiesta nacional de los sentidos; esa fiesta de la creatividad, del ingenio, de la belleza, de la elegancia, de la moda y de la fama, fue ayer el actor revelación de la estupenda película, premiada, Campeones. Pero por encima de ese premio y de los muchos premios a la película El Reino, de Rodrigo Sorogoyende la que tengo que hablar otro día-; del buen humor discreto de Buenafuente y su señora Silvia Abril; del merecido homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, y de tantas otras cosas…, están las palabras de Jesús Vidal, licenciado en Letras y máster en periodismo, con cierta discapacidad física, que nos hizo, sin querer, llorar a todos, y a poner sobre todos los encantos (glamores) el encanto del valor de la humanidad, ejercicio del humanismo. Aquel no sabéis lo que habéis hecho (premiando a él y a sus compañeros) fue un grito de exaltación y de crítica social a la vez. Nadie podía decirlo con más autoridad que él. Aquellas palabras conmovedoras sobre sus padres, su familia, sus amigos, sonaban más sinceras y entrañables que todas las muchas similares de sus colegas los artistas. Y nadie, sino él, podía decir: Queridos padres: A mí sí me gustaría tener un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros.

Hay cosas que hasta en una feria de vanidades tan encantadoras como la de los premios Goya, están por encima de todo.

Ùltimos aforismos

 

Muchos de los que quieren la España plurinacional quieren más bien la España plurinacionalista.

 Todos somos diferentes. ¡Y semejantes!

Los que tienen alma de cántaro se rompen a menudo en cualquier fuente.

No hay liderazgo propiamenre dicho, cuando no hay por delante un objetivo noble, muy superior a cualquier codicia o interés particular.

El búho ártico se viste de nieve antes de que nieve, para poder perderse en la nieve.

¿Autonomía o aislamiento?

 

         En la democracia moderna, como en la antigua, hay una fuerza centrífuga e individualista, que lleva a las personas que viven en sociedad a ser propietarios de sí mismos, por encima de cualquier vínculo social, y también una fuerza centrípeta, que induce a las mismas personas a crear vínculos comunes, que crean a la vez comunicación, solidaridad y ámbitos diversos de copertenencia. El equilibrio estable de las dos fuerzas hace posible la sociedad de hombres libres y solidarios, que componen la verdadera sociedad democrática.

Si uno de los excesos de esta sociedad es la masificación, otro es el aislamiento. Las estadísticas actuales alertan cada día sobre las muchas personas que viven  y mueren  solas en los países ricos, llegando en algunos casos hasta la mitad de la población, y nos asustan con algunas de las consecuencias públicas de esa soledad: consumo de antidepresivos, insomnios, infartos, demencias, suicidios… En Gran Bretaña, han obligado a Teresa May a nombrar un ministrro que se encargue de la soledad. Lo cierto es que en  algunos países, que pasaban por ser los más adelantados y prósperos, el ideal de autonomía empujó, hace ya medio siglo, a ciertos líderes políticos a conseguir que nigúna persona adulta dependiera económicamente de ningún familiar. Se formó así una sociedad de solitarios, que sólo dejan de serlo cuando sus necesidades -generalmente, en una edad muy avanzada- los entregan a los cuidados de la asistencia social. El documental del ítalo-sueco Erik Gandini, La teoría sueca del amor (2015), que presenta la ingeniería social del individualismo de Estado, nos acerca a esa triste realidad.

Lo cual no puede ni debe llevarnos a la ilusión de que otros tiempos, muy distintos a los nuestros, denominados patriarcales, agrario-tradicionales, fueran mucho mejores. La búsqueda del equilibrio necesario entre sociedad y soledad, entre libertad y solidaridad, entre  aislamiento y masificación sólo puede llevarse a cabo y encontrar salidas airosas, y no solo fortuitas, en nuesrtra misma sociedad contemporánea, no sólo con todos los abundantes medios a nuestro alcalce, sino sobre todo con el ejercicio de todas las virtudes posibles, que hacen la vida justa, la única que debe aspirar el hombre.

España, paraíso de sexo esclavo

         Es la novelista navarra, autora, entre otras, de la novela Sangre entre la hierba, la que nos lo dice. Es, además, presidente de la ONG internacional Women´s Time, y conoce bien el repugnante mundo de la trata, de la prostitución y de la violencia carnal en el mundo, en España y en Navarra. Le aterra lo que sucede en India, Nepal, Bolivia o la República Dominicana, pero tambien lo que pasa en la Junquera o en cualquier grupo de jóvenes de nuestro tiempo y de nuestro espacio, que desde los diez años se estrenan con el porno en Internet y consumen, después, prostitución  a mansalva.

España es un paraíso sexual, número uno en Europa, con 1.700 puticlubs legales, donde se mueven  5 millones de euros al día. Hace dos años Maribel estuvo en el Parlamento español, y no quiere saber nada de esos políticos, que intentaron manipularla y le metieron en una encerrona, que ella no perdona. Nada menos. Los vio muy lejos de querer ilegalizar la prostitución, como hizo Suecia -y estudian hacerlo otros países septentrionales-, haciendo bajar de un 14% a un 7% sus consumidores.

La novelista, entrevistada por Diario de Navarra, confiesa que la brutal realidad de la prostitución no cabe siquiera en sus novelas. Y, si todo esto fuera poco, termina diciendo que a las mujeres liberadas de la trata les es imposible retomar la vida diaria y verse normales. Y, lo que es peor: no ha encontrado «a ningún hombre que se haya arrepentido».

 

500 imanes y Asia Bibi

 

   Hoy, por fin, con el rechazo de una apelación a su sentencia de absolución de la cristiana Aasiya Noreen (Asia Bibi) (1971), el 31 de octubre pasado, el Tribunal Supremo de Pakistán ha puesto fin a ocho años de temores, amenazas, dolor y angustias de una mujer inocente en el corredor de la muerte. En 2009, esta campesina pakistaní, casada y conn cinco hijos, se acercó a un pozo y bebió agua de una vieja taza de metal que estaba al lado. Acusada por un vecino de romper las normas de purificación del sistema de castas que aún impera en el País -con un 2% de cristianos-, defendió su fe cristiana y a Jesucristo, que prefirió a Mahoma. Desde entonces se le acusó de blasfemar contra el Profeta.

Ha sido un caso traído  y llevado durante todos estos años por varias organizaciones cristianas y de Derechos Humanos, solicitando la cooperación de la opinión pública mundial en favor de su inocencia.  Yo mismo he participado en varias iniciativas. Pero quiero hoy hacer resaltar una de ellas, muy reciente y de inmenso valor, la Declaración de Islamabad: un texto firmado por más de 500 imanes, que han decidido plantarse ante el uso indiscriminado de los textos -«fatwa» o edictos- islámicos por parte de los ulemas radicales. Pidieron, antes del auto de hoy, que la cristiana absuelta por el Supremo, a la que varias veces durante el proceso le prometieron la libertad si abrazaba el Islam, fuera prioritariamente protegida frente a la campaña adversa de otros líderes religiosos, que ofrecieron pingüës recompensas por matarla, y la obligaron a  desaparecer.

Al concluir la asamblea del Consejo Pakistaní de Ulemas, tomaron este acuerdo en defensa de la minorías del inmenso país musulmán, separado por razones confesionales, de la India. Reclaman que es responsabilidad del Gobierno proteger la vida y los bienes de los no musulmanes que viven en Pakistán, en contra de todo fundamentalismo. Y pidieron al mismo tiempo que el año 2019 se dedique a erradicar el terrorismo, el extremismo y la violencia sectaria del país, prometiendo ellos mismos velar porque estos principios estén presentes en las relaciones multilaterales de Pakistán, especialmene con Arabia Saudí.

La tiranía en Venezuela

 

        Son demasiados los muertos a manos de la policía y de los brigadistas de Maduro en Venezuela, como para que se den todavía más días de tregua al tirano, más concesiones, más posibilidades de falso diálogo, de ese dialogo infinito que exigen, como una panacea tramposa, todos los que no quieren dialogar. Todos los procesos de ese diálogo, del que fue muy activo adalid otro dialoguista insigne, Rodríguez Zapatero, no hicieron más que dar alas a la dictadura madurista-chavista, retrasar las debidas sanciones internacionales, y dar la última pátina de seudodemocracia al régimen tiránico.

Las Naciones Unidas, la OEA, la Unión Europea, hace tiempo que debieron haber tomado más en serio el drama venezolano, sancionando a la dictadura y ayudando a la oposición. No lo hicieron, ahora es demasdiado tarde, y, además, han muerto demasiados inocentes, aunque esto no le importe, escandalosamente a nadie. Como a nadie le importa, como se ve, los muertos ya habidos en Nicaragua, otro Estado americano o dejado en manos de la dictadura de Ortega. Ni siqquiera la UE ha seguido el madrugador ejemplo de la siempre madrugadora Dinamarca, a la que nadie cita, que reconoció a Guaidó, a las pocas horas de su proclmación.

El progresismo izquierdista internacional se resiste a condenar a una dictadura que se tiña de izquierdista, de marxista, de progresista. No pueden entender, y menos tolerar, que en la eterna lucha dualista, zoroástrica, del Bien (Ormuz) contra el Mal (Ahriman), el Bien, que siempre se reviste en nuestra era de marxismo, izquierdismo, progresismo, obre el mal y se convierta en instrumento del Mal. Entre otras cosas, porque seria condenarse a sí mismos. Venezuela es el actual ejemplo. No será el último.

Pureza de corazón

 

      La soberbia, la avaricia, la pereza… no nos dejan ser lo que podemos y debemos ser con lo que somos. A veces nos creemos el ombligo del mundo. A veces dejamos de cultivar nuestras más cercanas y fértiles posibilidades.

La pureza de corazón, el triunfo mejor de una vida, sólo se consigue siendo mejor, viviendo más intensamente, más personalmente, más socialmente, como personas que somos. Ser alguien  o ser algo es mucho menos que eso, y mucho menos im-portante, porque no lleva, no añade nada al propio peso del ser.

Lo que sí im-porta es la pureza de corazón, que es es el peso máximo del ser humano, peso alado, que libera de cualquier otro peso falso, de cualquier rémora, de cualquier esclavitud inhumana.

Hasta conseguir la paz, que es el otro nombre de la pureza de corazón.

 

Oh, luminosa nieve

 

Oh, luminosa nieve,
del prieto circo de Astún,
al sol de enero.

Así de alegre y pura,
cada año te imagino,
cada año te espero.

Qué fiesta de los sentidos.
Y qué sentido del mundo
tan cimero…

El otro

 

         Nuestra conciencia es nuestro castillo interior. Nuestra genuina residencia humana. Tanto, que llegamos a confundirnos con ella. Sin embargo, solemos conocer nuestro mundo exterior bastante mejor que nuestro mundo interior, donde aquél también está, si sabemos verlo. En ese recinto interior nos ennfrentamos nosotros mismos: el «yo» falso y el «yo» auténtico. Como en el drama de Unamuno y en la película de Andrea Jaurrieta, siempre hay un «otro», que nos persigue, que nos apela, que nos espera, y que tal vez nos ayuda a asomarnos al Otro. ¿La identidad, la patria verdadera, la tierra prometida?

Dicen los ascetas y místicos de nuestro tiempo que, después de habernos «desprendido» de las cosas, de las personas, y hasta del falso «yo» -el mayor estorbo para la purificación y el esclarecimiento de nosotros mismos-, encontramos por fin la libertad. Que me parece un nombre más propio que el «vacío» o  la «nada», que nada nos dice. Porque la vida y la conciencia son mucho más que nada. Y nosotros no somos nadie: somos mucho más que nadie.