Hoy, por fin, con el rechazo de una apelación a su sentencia de absolución de la cristiana Aasiya Noreen (Asia Bibi) (1971), el 31 de octubre pasado, el Tribunal Supremo de Pakistán ha puesto fin a ocho años de temores, amenazas, dolor y angustias de una mujer inocente en el corredor de la muerte. En 2009, esta campesina pakistaní, casada y conn cinco hijos, se acercó a un pozo y bebió agua de una vieja taza de metal que estaba al lado. Acusada por un vecino de romper las normas de purificación del sistema de castas que aún impera en el País -con un 2% de cristianos-, defendió su fe cristiana y a Jesucristo, que prefirió a Mahoma. Desde entonces se le acusó de blasfemar contra el Profeta.
Ha sido un caso traído y llevado durante todos estos años por varias organizaciones cristianas y de Derechos Humanos, solicitando la cooperación de la opinión pública mundial en favor de su inocencia. Yo mismo he participado en varias iniciativas. Pero quiero hoy hacer resaltar una de ellas, muy reciente y de inmenso valor, la Declaración de Islamabad: un texto firmado por más de 500 imanes, que han decidido plantarse ante el uso indiscriminado de los textos -«fatwa» o edictos- islámicos por parte de los ulemas radicales. Pidieron, antes del auto de hoy, que la cristiana absuelta por el Supremo, a la que varias veces durante el proceso le prometieron la libertad si abrazaba el Islam, fuera prioritariamente protegida frente a la campaña adversa de otros líderes religiosos, que ofrecieron pingüës recompensas por matarla, y la obligaron a desaparecer.
Al concluir la asamblea del Consejo Pakistaní de Ulemas, tomaron este acuerdo en defensa de la minorías del inmenso país musulmán, separado por razones confesionales, de la India. Reclaman que es responsabilidad del Gobierno proteger la vida y los bienes de los no musulmanes que viven en Pakistán, en contra de todo fundamentalismo. Y pidieron al mismo tiempo que el año 2019 se dedique a erradicar el terrorismo, el extremismo y la violencia sectaria del país, prometiendo ellos mismos velar porque estos principios estén presentes en las relaciones multilaterales de Pakistán, especialmene con Arabia Saudí.