Son demasiados los muertos a manos de la policía y de los brigadistas de Maduro en Venezuela, como para que se den todavía más días de tregua al tirano, más concesiones, más posibilidades de falso diálogo, de ese dialogo infinito que exigen, como una panacea tramposa, todos los que no quieren dialogar. Todos los procesos de ese diálogo, del que fue muy activo adalid otro dialoguista insigne, Rodríguez Zapatero, no hicieron más que dar alas a la dictadura madurista-chavista, retrasar las debidas sanciones internacionales, y dar la última pátina de seudodemocracia al régimen tiránico.
Las Naciones Unidas, la OEA, la Unión Europea, hace tiempo que debieron haber tomado más en serio el drama venezolano, sancionando a la dictadura y ayudando a la oposición. No lo hicieron, ahora es demasdiado tarde, y, además, han muerto demasiados inocentes, aunque esto no le importe, escandalosamente a nadie. Como a nadie le importa, como se ve, los muertos ya habidos en Nicaragua, otro Estado americano o dejado en manos de la dictadura de Ortega. Ni siqquiera la UE ha seguido el madrugador ejemplo de la siempre madrugadora Dinamarca, a la que nadie cita, que reconoció a Guaidó, a las pocas horas de su proclmación.
El progresismo izquierdista internacional se resiste a condenar a una dictadura que se tiña de izquierdista, de marxista, de progresista. No pueden entender, y menos tolerar, que en la eterna lucha dualista, zoroástrica, del Bien (Ormuz) contra el Mal (Ahriman), el Bien, que siempre se reviste en nuestra era de marxismo, izquierdismo, progresismo, obre el mal y se convierta en instrumento del Mal. Entre otras cosas, porque seria condenarse a sí mismos. Venezuela es el actual ejemplo. No será el último.