Se veía venir desde hace tiempo. Una hybris (desmesura) tan intensa, continua y colectiva, no podía durar demasiado tiempo. Ya es sabido que los dioses, desde los tiempos de Hesíodo, la castigan por ser un conjunto de excesos incompatibles con la finitud del hombre, la seguridad de los conciudadanos y la seriedad de los mismos dioses inmortales. Incompatible incluso con el equilibrio del mundo. Medém agan. Ned quid nimis: Nada en exceso, fue durante siglos el lema clásico e inamovible, representado mil veces por el teatro griego y el latino que lo sigiuió.
Grupo de jóvenes universitarios airados, de formación leninista, revisada por el comunista italiano Gramsci y el argentino Laclau, aprovecharon el segundo momento más grave de la corrupción política en España y la crisis de los dos grandes partidos de la Transición española para lanzarse a la conquista del precariado, que sustituyó al proletariado, ya sin prole y sin conciencia de clase. Y, rememorando épica y falsamente la derrota de la guerra civil, intentaron destruir el que llamaron el Régimen del 78, con su reconciliación, sus consensos, su espíritu europeísta y su ejemplar Constitución democrática. Fuera de algunos aspavientos patrióticos -tal vez para despistar-, hicieron juego con todo lo peor de los últimos años en España: los herederos de ETA-Batasuna, el separatismo catalán, el SAT andaluz, el autodeterminismo y confederalismo de los diversos nacionalismos, el anticlericalismo décimónico, el antiberalismo económico exacerbado… Y multiplicaron por doquier los escraches, los insultos, las amenazas, las intemperancias, las baladronadas. Al tiempo que, como aprendices de brujo, y sobre todo como leninistas incorregibles, sedicentes y sedeclarantes señores de la historia y del progreso, se dividían, desgarraban, fragmentaban, desmoronaban en cada rincón de España, en cada Comunidad Autónoma: anteayer en Euskadi y Cataluña; ayer en Cantabria, La Rioja, Andalucía, Murcia, Castilla; hoy en Navarra, Galicia y Madrid…, y mañana en cada barrio, en cada pueblo.
La hybris no se puede aguantar mucho tiempo. Y menos en una sociedad democrática. Sólo algún grupo de universitarios, ahítos de ideología, pero lejanos de la vida real, incluso de los precariados, su gente, no se habían enterado.
Era demasiado. Lo contrario del certero lema Medém agan. Ne quid nimis.