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Premios Princesa de Asturias

 

              No voy a comentar, como he hecho alguna vez, algunos de los discursos de los premiados por la Fundación Princesa de Asturias. Sólo quiero mostrar una vez más mi entusiasmo por la misma, por su existencia, su continuidad, su organización, sus aciertos hasta ahora. Y por la edición de ayer, claro. No creo que España haya creado y  patrocinado en estos cuarenta años (desde 1981) un evento cultural mejor que este, que solo puede compararse con el Nobel.

Este año, sobre todo, teníamos necesidad de vivir una fiesta así. Una fiesta de la inteligencia, de la voluntad creadora, de los sentimientoss universales. Una fiesta de conocimiento, reconocimiento y exaltación de las ciencias, las artes, las letras, la cooperación al desarrollo  y el humanismo ejemplar, encarnados en mujeres y varones ejemplares, elegidos pòr los mejores analistas y críticos entre los mejores del mundo.

Qué alivio, qué descanso, qué fruición sublime olvidar por un buen rato nuestra miserable vida política nacional y autonómica, arrastrada, vulgar, ignara, cainita y autodestructora, y abismarse en esa placidez y sabiduría, entre ecuménica y patriótica, que nos trae cada año la Fundación. Junto al encanto juvenil y prometedor de doña Leonor, la Princesa de Asturias, y a las palabras verdaderamente regias y reconfortantes de don Felpe VI, rey de España, siempre en su tiempo  y en su sitio.

 

«Nada te turbe. Nada te espante…»

 

 

          Ayer, fiesta de Santa Teresa, mi santa más cercana, más querida, a pesar de sus manías visionarias: por santaza, por humanísima, por divertida y por escribir tan sinceramente, tan bellamente, como nadie. Mis visitas a los lugares carmelitanos son experiencias inolvidables: San José, La Encarnación, Santo Tomás, Alba de Tormes, y otros Carmelos. Sus obras han sido durante años en mi casa lectura pública familiar. Y ese aviso espiritual -más que oración-, ese epítome de estoicismo a lo divino, fundado en el amor de Dios, Nada te turbe, nada te espante…, ha sido un estribillo constante en mi vida espiritual.

He escrrito alguna vez, y ya no sé dónde ni cuándo, alguna glosa sobre él. Ayer, a la vuelta de una misa funeral por un amigo, me vino de nuevo a las mientes, y arrebatadamente escribí… no mi antítesis, Dios me libre, sino mi pobre experiencia frente a la de la Santa:

 

Muchas cosas me turban.
Muchas cosas me espantan.
Todo, sí, pero a qué duro precio, se pasa.
Dios no se muda, pero parece mudo y no habla.
Mis impaciencias pocas cosas me alcanzan.
Mis dioses no me consiguen lo mucho que me falta.
Sólo Dios basta.
¿Qué Dios, Dios mío? ¡Ven! ¡Pasa!

Para, al final, volver a recitar: Nada te turbe. Nada te espante…

Últimos aforismos

 

 

-En el Nanocosmos, el gran descubrimiento de la física y de la biología del siglo XX, no hay enanos.

-El conservador se distingue del reaccionario en que no quiere salvar a nadie, pero tampoco condenar a nadie.

-Los posmodernos suelen menospreciar y hasta despreciar las convicciones profundas, los testimonios heroicos, y hagiografías varias. De ahí que se les haga tan intolerable la idea del Dios de la metafísica.

-El clásico Carpe diem horaciano lo convierten muchos en Carpe noctem.

 

Clericalismo religioso

 

         Juan Arana, hijo de uno de los notarios de la ciudad, era en los años 1963-1965, cuando fui profesor de Historia y Arte, en el Colegio Diocesano de Nuestra Señora del Puy de Estella, lo que se dice un alumno brillante. Ahora, ya jubilado de su cátedra de Filosofía de la universidad de Sevilla, y autor de varios libros importantes, me envía su Teología para incrédulos, editado por la BAC Popular. Libro leve dentro de su densidad, humilde, divertido a la par que erudito, y más que apologético, con ganas de esclarecer lo que también para él es a veces oscuro o, simplemente, super-humano.

Juan Arana nos confiesa desde el principio que sufrió durante muchos años una crisis de fe, lo que le ayuda mucho, a la hora de escribir el libro, para no querer dar lecciones a nadie, sino razones muy humanas y cercanas, sin levantar demasiado la voz y sin esperar más de lo que se puede esperar entre humanos. Partiendo de la inteligencia tradicional de la fe, aporta sugerencias muy sagaces a temas como la libertad, la religión, el purgatorio, el infierno, el problema del mal, el clericalismo… (Seguramente me dará pie para otras entradas). Hablando del clericalismo, distingue entre el clericalismo secular, que implica la intromisión de los clérigos en cuanto  tales en la esfera de lo secular, y el clericalismo religioso, consistente en que los habilitados para el sacerdocio ministerial interfieran, suplanten o impidan el ejercicio del sacerdocio común, que compete a los creyentes.

El autor piensa, con razón, que el primero está felizmente superado o en vías de superación, pero que el segundo sigue todavía ampliamente extendido, tanto por falta de contención de los clérigos, como, sobre todo, por deficiente compromiso o indolencia de los laicos. La verdad es que solo por fuerza mayor, es decir, por no poder más, dada la escasez de clero y la escasez de fieles, va a ser posible por fin que los clérigos se contengan de acapararlo todo en una Iglesia clericalizada -como repite nada menos que el papa Francisco- y los laicos dejen su indolencia y sean un poco más activos y dolientes, comprometiéndose en tantos quehaceres que durante siglos se les negaron. Esto, en una interpretación optimista de una triste, pero seguramente liberadora, situación.

Las encíclicas del papa Francisco

 

 Un amigo me cuenta que una persona muy importante le ha dicho que no le gustan nada las encíclicas del papa actual, porque habla de todo menos de Dios y trata de cosas que otros podían hablar mejor que él.

Le digo yo que le pregunte, en primer lugar, si ha leido seriamente las tres encíclicas de Francisco, que, por cierto, han dado la vuelta al mundo, lo que muy pocas veces ha ocurrido. En cuanto a las referencias a Dios, me viene a las mientes aquel chiste del predicador del Bajo Aragón, al que, cada vez que nombraba a San Roque, le daban un real de vellón. Como supongo que en este caso no se trata de las veces que se cita a Dios en cada enciclica, sino de las veces que se  habla sobre Dios en ellas, le añado a mi amigo que le anime al suyo a leer las diferentes encíclicas desde la Quanta Cura (y su listado el Syllabus), de Pío IX (1864), y que compare cuánto hablan y cómo sobre Dios los diferentes papas en cada una de sus diferentes encíclicas sobre muy diferentes temas. Y ya verá  cómo le gustan más las del papa Francisco y el Dios del que en ellas se habla -el Dios de Jesús de Nazaret-, en relación, claro, con los hombres de este mundo.

Murugain y Gandiriain en Garinoain (y III)

 

      Cuatro días más tarde, llegamos a Garinoain y, pasando por encma del  Cidacos y de las vías del tren, tomamos la pista que nos lleva a la ermita de Santa Cecilia, rectangular, a dos aguas, que conocemos desde hace muchos años: subida a un teso en forma de óvalo casi perfecto, solo desfigurado por el camino que sube hasta la la ermita, que tiene su romería el martes anterior a la fiesta del Corpus Christi. Desde que la vimos por vez primera, vimos en ella un castro protohistórico, dada su configuración, el muro de piedras que corría por sus límites, los derrumbres de piedras, sobre todo en la parte occidental y septentrional, su doble foso… Sobre la puerta, una inscripción: Santa Cecilia, ora pro nobis, y encima, una sencilla cruz. Unos lirios azules suelen florecer junto a la puerta en tiempos de la romería. Un coro de robles, propios de la zona, rodea a la ermita por casi todos los lados. Como en el caso de los castros anteriores, no se ha llevado a cabo estudio alguno  acerca del poblado protohistórico. Probablemente, tras el paso de los romanos, la población del castro pasó a vivir in planum, a un terreno más llano, al sur del cerro, como casi todos los poblados de su época.

Y ya puestos, nos vamos a buscar el útimo castro local conocido, el de Ohianburu -cabeza o límite de bosque-, en la muga con Artajona. Pero hemos tomado el camino incorrecto, buscamos por lugares incorrectos -una gran pieza en pendiente, con algnos montones de piedras que nos despistan, rodeada de coscojas y encinas- y no encontramos nada. Pero tenemos la suerte de encontrar un desfile de hormigas, nunca visto. Desde la maleza de un ribazo salen en filas de diez o doce, formando una cinta negra bien visible, y durante veinte o treinta metros recorren el sendero de entrada a la serna, luego siguen por la pista principal, en un momento dado se dividen en dos filas para reagruparse de nuevo, hasta perderse para nosostros en la maleza de otro ribazo. La mayoría de ellas llevan alguna carga en la boca- Es la primera vez que hemos visto un hormiguero tan copioso: millones de hormigas corredoras, veloces, disciplinadas, hacendosas, que van o vienen a/de su trabajo cotidianao, tal vez hoy extraordinario, mientras nosotros… buscamos un castro.

Desde Oihanburu el mapa la Valdorba es espléndidao, aparte el arco iris que nos regala durante un rato su collar  de colores. De una parte a otra del arco de visión, los molinos eólicos -quizás la más grande concentración de toda Navarra- son aves blancas gigantescas, que revolotean sin parar bajo e cielo azul de la tarde en retirada. Volviendo hacia Garinoain el penúltimo sol nos va rosicleaando el cerrito de Santa Cecilia, y a la vez la cima de Pueyo, las estampas de Sansoain, Garinoain-Barasoain, Solchaga y su ermita, Unzué y su penacho rocoso…,. para luego, tras quitarles el color, verlos palidecer y seguir con su color de tierra o su color de cal.

Vamos a las Ventas de Garinoain, donde Amendáriz encontró el miliario, a la vera del Cidacos y de la carretera N-121. Se edificaronn en torno a la ermita o iglesia de San Clemente y se llamaban Posaderías de San Clemente. La iglesia, que no aparece ni en el Catálogo Monumental, era sede de la cofradía de la Trinidad, existente al menos desde mediados del siglo XVI. Se llamaron igualmente Ventas del Hospital, así como El Mesón. Que de todo debio de haber aquí. Está casi oscuro cuando nosotros nos acercamos a un hilada de cuatro edificios de dos plantas, a la puerta de uno de los cuales hay unn señor entrado en años. Le saludamos y todo eso, y le preguntamos cuántas personas viven allí:

-Antes estaba yo solo. Ahora ya somos tres. Aunque eso no se si es para mejor…

Nos dice que para ver la antigua iglesia es mejor verla por atrás. Y la verdad es que el primer edificio, aunque no lo parezca, es una iglesia de piedra de sillería con planta rectangular, de una sola nave, con ocho gruesos contrafuertes laterales y cubierta de teja sobre canecillos lisos. Seguramente de finales del siglo XII o comienzos del XIII. La iglesia fue convertida hace mucho tiempo en vivienda y fue desfigurada exteriormente casi por completo. La pared lateral oriental está totalmente cubierta por la hiedra, donde duermen decenas de gorriones, que se asustan por nuestro paso y salen de estampida. Las otras dos casas contiguas son muy sencillas, con huertas y corrales en la parte trasera, pero la vivienda que lleva el número 1 es una casa reciente, que tiene una  losa a la entrada, que algunos creen fue un ara de altar,  pero yo creo ver en su cabecera el pomo de una espada, parecido al de la lápida funeraria. de Eristain, por lo que podría ser otra del mismo tipo, trasladada desde el interior de la iglesia de San Clemente.

Cerca de aqui, entre un montón de piedras, expuestas para la venta, tras la demolición de alguna de estas casas o corrales, encontró Armendáriz el miliario y lo puso a buen recaudo. Tanto él como Velaza sostienen el trayecto de la calzada romana entre Jacca y Vareia por los poblamientos protohistóricos  y romanos de Murubitarte (Alto de Lerga) San Juan y Mendigain (Maquirriain de Valdorba,) Murugain (Garinoain), donde se juntaría con la calzada mayor entre Summus Pyrineus-Pompelo-Cara-Cesaraugusta, para seguir cerca de Santa Cecilia, Oihanburu, Cerco de Artajona, camino de Andelo y, en dirección a Vareia. Mejor que el defendido por otros arqueólogos: San Martín-Tafalla-Artajona.

Estamos, pues, en un nudo viario del Imperio de Roma en la Hispania Citerior. Ahí es nada.

 

 

Murugain y Gandiriain en Garinoain (II)

 

     Del castro de Murugain nos vamos a otro término no lejano del pueblo, de nombre Gandiriain o Gandirain, despoblado del que no quedan restos, otro de los antropónimos antiguos de propiedad y pertenencia -con sufijo en ain-, pero que no me atrevo a descifrar. Es un pequeño alturón, a un tiro largo de piedra enfrente y encima de la iglesia de Catalain, joya del románico y santuario por antonomasia de la Valdorba, de donde se sube y a donde se baja por un camino natural atravesando el río Cemborain-Leoz. Según rumores muy extendidos por el pueblo, en una viña del término se encontró hace tiempo, al hacer el hondalán, una urna con cenizas.

El talud que tenemos delante tiene toda la pinta de un castro, con un gran foso natural, ahora lleno de pinos y cipreses Es una pieza larga, de norte a sur, de cultivo de cereal y por la parte occidental tiene una hilada de piedras en los lindes que dan al camino.Por el flanco oriental el cerco natural es más bajo. En el extremo sur el  terreno se eleva un poco y está poblado por un rodal de encinas. Nos quedamos con la duda y pensamos en volver a tener datos más precisos de ciertos vecinos que algo de esto saben.

Volvemos una vez más a pasar por Catalain, que nos gusta tanto, y tomanos luego el carretil hacia Solchaga. Lo vemos muy crecido con una hilada de villas nuevas por el norte. Nos paramos también en Eristrain (¿Evaristi fundus?), lugar domentado ya a finales del siglo XI donde hay dos notables viviendas, rodedadas de sus respectivos jardines. La primera de ellas fue durante siglos palacio de cabo de armería. En medio de las dos sigue en pie una igesia románica de San Juan Bautista, del siglo XI, a la que se le añadió un ábside de tambor en el XII y la portada a finales del XIII. En el XIV fue decorada en su interior y en el siglo XVI se le añadió el pórtico y se reforzó la torre.

Durante los  trabajos de restauración del templo a comienzos de 1993 y bajo el nivel de la zanja de saneamiento -de ahí su integridad- se encontró una bloque rectangular de piedra en la esquina noroeste del edificio, con una inscripción romana en muy buen estado de conservación: Invocando a los dioses Manes, Lunia Materna dedica (el monumento funerario) a su marido Emiliano, de 70 años, y a su hijo Emilio Materno, de 25. Carmen Castillo y Mercedes Unzu, que estudiaron el epígrafe dicen que, escrito entre los siglos I y II, podria tratarse, dados los defectos del mismo, de una familia indígena romanizada y con ciertas pretensiones, pero de ambiente rural.

Es muy probable que en el lugar primitivo de la iglesia existiese un monumento funerario romano perteneciente a una villa (¿de Evaristo?), que sirvió, tras su ruina, de cantera a la construcción del templo. Este ha servido también de lugar de sepultura entre los siglos XII y XVIII, dentro y fuera del recinto sacro. En un lado del suelo del pórtico, de grandes ruejos, hay tres sepulturas con sus laudas. La del centro lleva como único signo una espada vertical- propia de caballero-, que ocupa toda la lápida desde el pomo hasta la punta afilada de la misma.

También el próximo pueblo de Olóriz tiene varias atracciones protohistóricas, pero este día de septiembre no nos da para más.

Murugain y Gandiriain en Garinoain (I)

 

           Llegamos a la ermita renacentista, muy rehecha después, ya desafectada y sin campana en la espadaña, de la Virgen Blanca o de Nuestra Señora de la Blanca, Patrona del pueblo, en el extremo meridional de Garinoain, sobre el valle del Cemborain. Junto a ella, en un jardincillo preparado en su honor, fue colocado el miliario romano que el arqueólogo navarro Javier Armendáriz Martija encontró en las Ventas del pueblo, el año 2002. Le corteja un plantel de lavanda y, un poco más lejos, una corte de seis cipreses y un rodal de variadas plantas ornamentales.

El miliario está tallado sobre piedra arenisca en forma aproximadamente cilíndrica, y mide 2.35 m. de alto, 50 cm de diámetro en la parte cilíndrica y 61 cm de ancho en la base. Muy afectada la piedra por la erosión, las pocas letras mayúsculas romanas legibles que quedan han sido interpretadas por el experto epigrafista navarro Javier Velaza y por Armendáriz como un formulario largo de dedicación al emperador Caracalla (213-217 d.C), tras mencionar, como era costumbre, a su padre y a todos sus ilustres predecesores. Hasta ahora sólo se habían descubierto dos miliarios dedicados a ese emperador romano: uno en Castiliscar y otro en Añorbe.

El miliario se encontró, como veremos luego, a los pies de un importante núcleo de población, estructurado en la Edad del Hierro, a lo largo de la primera mitad del primer milenio a. C. Lleva el nombre de Muru-gain, nombre formado por la palabra latina murus (muro, muralla, fortaleza) y el sufijo vasco gain, sufijo habitual para para indicar altura. Muro Alto, Alto del Muro, Fortín o Fortaleza Altos. Castro Alto.

El castro, que  extendió con el tiempo su primitivo recinto habitacional-defensivo, se asienta, como es habitual en Navarra, en un espolón de terraza, en forma de lengueta de este a oeste,modelada por la acción erosiva de los pequeños ríos Cidacos y Cemborain-Leoz, que lo circundan por el oeste y el este, respectivamente, a una altura de 35-40 metros de sus cauces. Una reciente extracción de áridos en el foso al norte, que ha dejado en el hondón no pocas muestras de aquel trabajo, ha hecho más fácil calcular los 13 metros de anchura del mismo por 4 de profundidad, por debajo de los derrumbes caídos de la muralla principal. La finca, en la que se posan tres postes del tenido eléctrico, ha acogido este año un cultivo de colza.

Vamos abriéndonos pasos entre la maleza -cardos, tomillos, hinojos, zarzales…- desde el norte hacia el sur, y mirando la muralla y su derumbe que alcanza hoy un talud de ocho metros desde el fondo del foso. Llegados a  una plantación, muy descuidada, de manzanos, perales y hasta de unas parras de moscatel, vemos sobre el talud oriental toda una larga tapia de piedras, que pueden ser parte de la construcción del castro y parte de construcciones o arrreglos posteriores, a fin de afianzar el terreno para el uso agrícola de la planicie. Como aquí no ha habido excavación alguna, no es posible ir hoy por hoy más allá. Seguramente que ciertas partes del recinto fortificado  se cubrieron también, como era habitual, con empalizadas de madera.

Lo que sí podemos decir que, al no haber llevado consigo la romanización en el Valle del Cidacos y especialmente en la Valdorba un traumático abandono de los poblados de la Edad del Hierro, en tiempo del Alto Imperio romano una porción del castro de Murugain se desplazó por la ladera hacia el sur hasta la llanura aluvial del Cidacos, el solar de las actuales Ventas de Garinoain, lugar donde se encontró el miliario de Caracalla y por donde discurría la calzada entre Cara y Pompelo. Pero en la Alta Edad Media, la población residual del viejo fortín prefirió ir a vivir a medio kilómetro al norte, donde está hoy el pueblo de Garinoain, nombre típico navarro terminado en ain, llamado así seguramente por la finca, el fundus de Garindo, Galindo, o como se llamase su primer propietario romano.

Biografía sobre Lenin

 

             En estos tiempos de tantos leninistas agazapados, que en en el mejor de los casos atribuyen a Stalin lo peor del lenismo, tenemos recién editada por Ático de los libros la documentadísima biografía del historiador húngaro Víctor Sebestyen: Lenin. Una biografía. La vida de um hombre frío, de fuerte emotividad, convencido de que el fin justifica los medios y de aplicar el  terror si conviene a sus propósitos.

Por otra parte, su pragamtismo en política es proverbial. El marxismo para él es más una orientación que una ortodoxia. Las circunstancias mandan siempre a los principios. Sus méritos propios fueron muchos mayores que la incompetencia de sus enemigos.