Murugain y Gandiriain en Garinoain (II)

 

     Del castro de Murugain nos vamos a otro término no lejano del pueblo, de nombre Gandiriain o Gandirain, despoblado del que no quedan restos, otro de los antropónimos antiguos de propiedad y pertenencia -con sufijo en ain-, pero que no me atrevo a descifrar. Es un pequeño alturón, a un tiro largo de piedra enfrente y encima de la iglesia de Catalain, joya del románico y santuario por antonomasia de la Valdorba, de donde se sube y a donde se baja por un camino natural atravesando el río Cemborain-Leoz. Según rumores muy extendidos por el pueblo, en una viña del término se encontró hace tiempo, al hacer el hondalán, una urna con cenizas.

El talud que tenemos delante tiene toda la pinta de un castro, con un gran foso natural, ahora lleno de pinos y cipreses Es una pieza larga, de norte a sur, de cultivo de cereal y por la parte occidental tiene una hilada de piedras en los lindes que dan al camino.Por el flanco oriental el cerco natural es más bajo. En el extremo sur el  terreno se eleva un poco y está poblado por un rodal de encinas. Nos quedamos con la duda y pensamos en volver a tener datos más precisos de ciertos vecinos que algo de esto saben.

Volvemos una vez más a pasar por Catalain, que nos gusta tanto, y tomanos luego el carretil hacia Solchaga. Lo vemos muy crecido con una hilada de villas nuevas por el norte. Nos paramos también en Eristrain (¿Evaristi fundus?), lugar domentado ya a finales del siglo XI donde hay dos notables viviendas, rodedadas de sus respectivos jardines. La primera de ellas fue durante siglos palacio de cabo de armería. En medio de las dos sigue en pie una igesia románica de San Juan Bautista, del siglo XI, a la que se le añadió un ábside de tambor en el XII y la portada a finales del XIII. En el XIV fue decorada en su interior y en el siglo XVI se le añadió el pórtico y se reforzó la torre.

Durante los  trabajos de restauración del templo a comienzos de 1993 y bajo el nivel de la zanja de saneamiento -de ahí su integridad- se encontró una bloque rectangular de piedra en la esquina noroeste del edificio, con una inscripción romana en muy buen estado de conservación: Invocando a los dioses Manes, Lunia Materna dedica (el monumento funerario) a su marido Emiliano, de 70 años, y a su hijo Emilio Materno, de 25. Carmen Castillo y Mercedes Unzu, que estudiaron el epígrafe dicen que, escrito entre los siglos I y II, podria tratarse, dados los defectos del mismo, de una familia indígena romanizada y con ciertas pretensiones, pero de ambiente rural.

Es muy probable que en el lugar primitivo de la iglesia existiese un monumento funerario romano perteneciente a una villa (¿de Evaristo?), que sirvió, tras su ruina, de cantera a la construcción del templo. Este ha servido también de lugar de sepultura entre los siglos XII y XVIII, dentro y fuera del recinto sacro. En un lado del suelo del pórtico, de grandes ruejos, hay tres sepulturas con sus laudas. La del centro lleva como único signo una espada vertical- propia de caballero-, que ocupa toda la lápida desde el pomo hasta la punta afilada de la misma.

También el próximo pueblo de Olóriz tiene varias atracciones protohistóricas, pero este día de septiembre no nos da para más.