Llegamos a la ermita renacentista, muy rehecha después, ya desafectada y sin campana en la espadaña, de la Virgen Blanca o de Nuestra Señora de la Blanca, Patrona del pueblo, en el extremo meridional de Garinoain, sobre el valle del Cemborain. Junto a ella, en un jardincillo preparado en su honor, fue colocado el miliario romano que el arqueólogo navarro Javier Armendáriz Martija encontró en las Ventas del pueblo, el año 2002. Le corteja un plantel de lavanda y, un poco más lejos, una corte de seis cipreses y un rodal de variadas plantas ornamentales.
El miliario está tallado sobre piedra arenisca en forma aproximadamente cilíndrica, y mide 2.35 m. de alto, 50 cm de diámetro en la parte cilíndrica y 61 cm de ancho en la base. Muy afectada la piedra por la erosión, las pocas letras mayúsculas romanas legibles que quedan han sido interpretadas por el experto epigrafista navarro Javier Velaza y por Armendáriz como un formulario largo de dedicación al emperador Caracalla (213-217 d.C), tras mencionar, como era costumbre, a su padre y a todos sus ilustres predecesores. Hasta ahora sólo se habían descubierto dos miliarios dedicados a ese emperador romano: uno en Castiliscar y otro en Añorbe.
El miliario se encontró, como veremos luego, a los pies de un importante núcleo de población, estructurado en la Edad del Hierro, a lo largo de la primera mitad del primer milenio a. C. Lleva el nombre de Muru-gain, nombre formado por la palabra latina murus (muro, muralla, fortaleza) y el sufijo vasco gain, sufijo habitual para para indicar altura. Muro Alto, Alto del Muro, Fortín o Fortaleza Altos. Castro Alto.
El castro, que extendió con el tiempo su primitivo recinto habitacional-defensivo, se asienta, como es habitual en Navarra, en un espolón de terraza, en forma de lengueta de este a oeste,modelada por la acción erosiva de los pequeños ríos Cidacos y Cemborain-Leoz, que lo circundan por el oeste y el este, respectivamente, a una altura de 35-40 metros de sus cauces. Una reciente extracción de áridos en el foso al norte, que ha dejado en el hondón no pocas muestras de aquel trabajo, ha hecho más fácil calcular los 13 metros de anchura del mismo por 4 de profundidad, por debajo de los derrumbes caídos de la muralla principal. La finca, en la que se posan tres postes del tenido eléctrico, ha acogido este año un cultivo de colza.
Vamos abriéndonos pasos entre la maleza -cardos, tomillos, hinojos, zarzales…- desde el norte hacia el sur, y mirando la muralla y su derumbe que alcanza hoy un talud de ocho metros desde el fondo del foso. Llegados a una plantación, muy descuidada, de manzanos, perales y hasta de unas parras de moscatel, vemos sobre el talud oriental toda una larga tapia de piedras, que pueden ser parte de la construcción del castro y parte de construcciones o arrreglos posteriores, a fin de afianzar el terreno para el uso agrícola de la planicie. Como aquí no ha habido excavación alguna, no es posible ir hoy por hoy más allá. Seguramente que ciertas partes del recinto fortificado se cubrieron también, como era habitual, con empalizadas de madera.
Lo que sí podemos decir que, al no haber llevado consigo la romanización en el Valle del Cidacos y especialmente en la Valdorba un traumático abandono de los poblados de la Edad del Hierro, en tiempo del Alto Imperio romano una porción del castro de Murugain se desplazó por la ladera hacia el sur hasta la llanura aluvial del Cidacos, el solar de las actuales Ventas de Garinoain, lugar donde se encontró el miliario de Caracalla y por donde discurría la calzada entre Cara y Pompelo. Pero en la Alta Edad Media, la población residual del viejo fortín prefirió ir a vivir a medio kilómetro al norte, donde está hoy el pueblo de Garinoain, nombre típico navarro terminado en ain, llamado así seguramente por la finca, el fundus de Garindo, Galindo, o como se llamase su primer propietario romano.