Lo que me parece más criminal en el caso de los responsables políticos de las dos catástrofes de Adamuz y de Urda es la suplantación -no encuentro una palabra mejor- de los técnicos `por los políticos, por puro interés ideológico, partidista, económico y personal. Me parece la degradación mayor del servicio político y, al mismo tiempo, la peor de las violaciones, egoístas y rastreras del progreso, entendido como concepto y como realidad.
Sé que no es la primera vez que esto sucede, pero es sin duda la última, y tal vez la más aparatosa, después de conocidos los casos de Ábalos, Koldo y Cerdán, y compinches, y del ministro del ramo, Oscar Puente.
Tampoco encuentro otra palabra mejor para definir la actuación del ministro y la de su presidente que la que encabeza esta entrega: protervia: marchar hacia adelante pisoteando y arrasando con lo que hay o avanzar a ciegas empujando con violencia.