Por la tarde del viernes, día 25, en la catedral de Notre- Dame, devastada por un incendio en 2019 y reabierta e diciembre de 2024, tras una ingente y exigente restauración, pronunció el papa uno de sus discursos más contundentes y de marcado acento espiritual: La reconstrucción de la catedral ha sido la ocasión de un encuentro que ha ampliado los espacios de acogida y participación más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial.
La Iglesia en salida y no como refugio, como espacio de acogida, como revelación y sentido para todos, comparada con la célebre catedral, fue el quicio de su hermoso discurso. Por la noche en el Stade de France en el departamento de Seine-Saint Denis, abarrotado por 80.000 jóvenes, testimonios de artistas y celebridades se sucedieron antes de la llegada de León XIV para la vigilia de oración. Un espectáculo de luz ,sonido e historia repasó la vida de los cristianos de Francia, desde Clodoveo hasta nuestros días, pasando por Juan de Arco y los grandes santos y fundadores de órdenes y Congregaciones religiosas, que entusiasmó a los presentes y al mismo papa, que se dirigió vehemente a los jóvenes de toda condición, muchos de ellos neófitos y catecúmenos de todas partes del país, una de las novedades más esperanzadoras en la Francia del laicismo oficial.
La mañana del sábado, día 26, en el Instituto Católico de París, el papa se reunió con la Asamblea sinodal provincial de París y su región para tratar precisamente sobre el catecumenado de jóvenes y adultos, fenómeno completamente inédito en todo el país, que el pontífice calificó de tesoro que se ofrece a la Iglesia de Francia.
No pudo faltar la visita papal a uno de los muchos centros de la Iglesia en favor de emigrantes, discapacitados, enfermos, olvidados… Representantes de todos ellos se dieron cita en la Maison Bakhita, en honor de la santa sudanesa, hija de esclavos. Nadie es tan pobre -dijo el papa- que no tenga algo que dar, ni tan rico que no tenga algo que recibir. Solo hay vida en abundancia allí donde los límites de cada uno se abren a la misteriosa presencia de los demás.
Esa tarde, por fin, en la gran plaza de la Concordia de París, a donde el papa llegó en su papa-móvil durante dos kilómetros por los Campos Elíseos, aclamado por millares de gente, se celebró una misa solemne con la asistencia de 800.000 personas. El papa insistió en su homilía en la búsqueda del sentido y en la herencia de la larga y hermosa historia santa de Francia: Y remató: No guardéis para vosotros esta fe en Jesucristo, sino dejad que se desborde para llevar la esperanza allí donde reinan el desaliento y la sequedad espiritual.