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Canto IV del Siervo de Yahvé

 

  Is. 52. 13 – 53, 12,

 

Toda la historia, en sus mejores
momentos, es un lamento amargo,
explícito o implícito,
de haber ignorado al Justo.
que resultó ser el Siervo de Yahveh,
en cada uno de sus discípulos,
en cada uno de sus amigos
y fieles imitadores.

Raíz de tierra árida.
Desgraciado, marginado,
hombre doliente y enfermizo.
Despreciable; un perfecto don Nadie.

Así le vimos. En verdad, no había
nada en él que admirar.
Solíamos
volver nuestras cabezas
por no ver tan extraña criatura.

Un día le prendieron los soldados
de todos los poderes.
Le dejaron solo sus amigos.
Y uno de ellos le vendió por un puñado
de monedas de plata.
Le acusaron
de querer ser como Dios,

de querer destruir su templo santo
y de ser rey
de su pueblo.
Le trajeron y llevaron de Herodes a Pilatos,
instigados por los Sumos Sacerdotes.

Le vimos azotado y humillado,
herido de Dios,
llevado al degüello de la muerte,
como un manso cordero.

Befado, vejado y escupido
por la sucia soldadesca,
no parecía hombre,
desfigurado como estaba
,
al llevarlo a la cruz.
Desnudo en ella le clavaron
-el más cruel tormento
de todos los existentes-
junto a varios bandidos,
amotinados antes de la Pascua.
Sólo algunas mujeres galileas,
compasivas,
le miraban llorando desde lejos.
Otros,
algunos escribas, magistrados…,
al pasar por el camino,
le insultaban gritando;
-Eh, tú, el Cristo, y el rey de Israel,
hacedor de milagros,
baja ahora de la cruz,
y así creeremos en tu Reino.
Y en medio de la agónica angustia
y del dolor insoportable del suplicio,
antes de ser derrotado por la asfixia
y la pérdida de sangre,
alguien le oyó decir
algo así como: Elí,`attá´,
que quiere decir tal vez:
¡Dios mío!,
o, más exactamente:
¡Tú eres mi Dios!

Y sólo porque un justo sanedrita,
colega de Pilatos,
mandó bajarle de la cruz
y darle sepultura,
se libró de la fosa común,
cual si fuera un bandido.

La verdad, nunca sospechamos,
ni imaginamos siquiera,
que alguien descargara
la culpa de todos nosotros sobre él;
que con su sangre
fuéramos curados:
que su castigo
nos trajera la paz.

¿Quién dio crédito a tales mojigangas?

 

 

La cena del Señor

 

No es un sortilegio
ni cosa de química.
Substancia y especies:
una vieja alquimia.

Jesús, hecho pan.
Jesús, hecho vino.
Porque así en la cena
prometió conciso.

El pan que alimenta
y el vino que place.
Jesús sabe bien
lo que dice y hace.

Maestro y amigo
él se hace presente
en torno a una mesa
fraterna y nutriente.

Qué bellas metáforas.
Qué alto ideal.
Qué lenguaje puro,
divino y frugal.

No es un sortilegio
ni cosa de química.
Substancia y especies:
una vieja alquimia.

 

Aquel 28 de marzo…

 

        Aquel 28 de marzo de 2002, Jueves Santo, día de la muerte de mi madre, a mí también se me hundió el mundo. Esa frase solía decir mi madre, que tenía 27 años, cuando murió mi padre, el 27 de abril de 1937, en un hospital de Vitoria, en plena guerra civil. Pero el mundo siguió girando en torno al sol, y nosotros en torno de los dos.  Y el mundo (la tierra) y el sol en torno a Dios, su creador. El único, que, tras el cumplimiento de leyes propias y autónomas, puede devolvernos la alegría de nuestra vida personal y colectiva, en el mundo nuevo que Jesús nos prometió, siguiendo sus pasos, que esta semana de nuevo recordamos y celebramos.

El desafío del sufrimiento

 

              La mitomanía del progreso, o ideología del progreso, deja a un lado el costo y el coste de desigualdad, injusticia y sufrimiento que lo acompañan en millones de personas de carne y hueso, que son las víctims de este mundo, donde sólo una minoría goza de todos los privilegios. Por eso dice Mate que el verddero juez de la historia es el sufrimiento de esas víctimas, que desarma e inutiliza ideologías. idealismos, intereses, literaturas, filosofias, teologías, historias… El tiempo apocalíptico, que exige justicia aqui y ahora, adelanta por eso el final, el mundo nuevo sin dolor ni muerte, al tiempo presente, yendo más allá de buscar sentido al sufrimiento o de la indignación ante el mismo, imponiendo la movilización contra él. El mal es histórico, y va unido al hombre desde el comienzo, Los mitos venerables del origen eso quieren decir. El hombre finito (esencialmente limitado) lleva consigo la posibilidad cercana de la desigualdd, la injusticia, el pecado, la muerte. En esta inmensa tragedia a la que todos somos aherrojados, se impone tambièn la responsabilidad colectiva, porque todos, queramos o no, somos responsables, en mayor o menor medida, de todo, como fueron responsables nuestros predecesores. La inmensa y radical injusticia, que es la historia humana, está pidiendo a gritos, está clamando al cielo -literalmente-  la memoria y la justicia divina, a la que no se le puede escapar injusticia alguna.

Tiempo apocalíptico y tiempo gnóstico

 

     En su nuevo y lúcido libro, El tiempo, tribunal de la historia, Manuel Reyes Mate vuelve a sus temas preferidos: la historia, la vivencia del tiempo, la injusticia de los que sufren, la memoria de ese sufrimiento, la muerte… En su primera parte distingue dos concepciones  distintas del tiempo: la apocalíptica y la mal llamada gnóstica. Para la primera, el tiempo es finito (limitado), tiene un final y obliga a tomarse la vida responsablemente, como quien ha de dar respuesta de ella. Fuera de cualquier tentación presencialista, toma en serio las consecuencias de sus  actuaciones, por lo que nunca, al menos teóricamente o como principio, puede separar la felicidad de la justicia. La vida no acaba en sí misma, sino que está orientada hacia su final, anticipa el final, se ordena y reordena en torno a él. Es claramente la concepción cristiana del tiempo, de la historia, de la vida. Para la concepción mal llamda gnóstica, el tiempo es infinito y, por tanto, instantáneo y presentista. No le importa el tiempo pasado, precedente y condicionante del actual, y considera el presente como prolongado al infinito, sin visión alguna de futuro, es decir, sin atisbar y, menos, medir las consecuencis de las actuaciones presentes. Descartada la esperanza, todo es progreso ilimitado, volcado en el presente mitologizado. Cerrado en sí mismo.

Con palmas y ramos

 

Con palmas
y ramos,
con vivas
y salmos,
con toda clase de honores,
aclamemos al Señor de los señores.

Que viene hasta nosotros,
montado en un pollino,
como cualquier campesino.
Tan distinto de otros,
que en coches descapotables
o en coches descapotados,
pasan fatuos, miserables,
altaneros y encrestados.

Con palmas
y ramos.
con vivas y salmos,
con toda clase de honores
aclamemos al Señor
de los señores.

¿Política sustituida por jueces?

 

         Lo diga Miquel Iceta o Felipe González, no es justo decir que en España desde hace meses los jueces han sustitudio a la política. Aunque lo dicho sea, más que todo, un cumplido a los separatistas catalanes, a lo que está muy avezado el secretario general del PSC, partido que ha gobernado guapamente con ellos durante años. No es cosa nueva. A la política pertenece el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y  cuando se infringe la ley, producto del poder legislativo, y se infringe incluso la mayor de las leyes con la mayor gravedad posible, el poder judicial pasa a proteger esa ley, frente a sus infractores, y el poder ejecutivo, que  tiene el deber de obedecer la ley, tiene tambièn el deber de obedecer las sentencias del poder judicial, lo mismo que el poder legislativo. La política no está por encima de la ley. Todo lo demás es jugar a dos barajas; demagogia buenista e interesada al mismo tiempo; frasis -que diría Valle- para halagar los oidos de unos y herir los derechos y lealtades de otros.

Relaciones del Vaticano con la República China

 

    El 27 de mayo de de 2007, Benedicto XVI escribía su famosa carta a los obispos, presbíteros, religiosos y fieles laicos de la Iglesia católica de la República Popular China. La carta, verdadero hito en la historia de las relaciones entre el Vaticano y China, rotas en 1951 con la expulsión del nuncio y de todos los misioneros extranjeros, puso  teórico fin a la división entre Iglesia pública e Iglesia clandestina, y dejó doctrinalmente a la Asociación Patriótica Católica China, el gran obstáculo durante años a las relaciones bilateraies, fuera de juego. La carta dejaba bien claro que se puede ser un buen chino y un buen católico. Algo tan importante  y decisivo como para ser la base rocosa de esta anunciada -esta semana y en exclusiva por VN– firma próxima de acuerdo entre la Santa Sede y la Repúlica Populat China. Un acuerdo elemental y primerizo, revisable cada dos o tres años, que evite a la Iglesia Católica vivir en un permanente asedio y discriminación, comparada incluso con otras Confesiones, y que permita a la Santa Sede, como pedía el papa Benedicto en su carta, ser libre en el nombramiento de obispos, punto capital en la vida de la Iglesia, cuando hoy en día cuarenta diócesis están esperando su evangélico pastor. Pero en un país inmenso y de régmen comunista totalitario, donde ha habido tantos mártires católicos y de otras iglesias cristianas; donde hay obipos encarcelados o en paraderos desconocidos; donde la Asociación Patriótica es aún tan preponderante; donde el presidente Xi Jimping  busca a toda costa la chinicización de las religiones para que sirvan a los intereses del Partido y bajo el control del mismo, y donde todavía se destruyen templos y cruces, como en las diócesis de Wenzhou o Zhuozhi, o se prohíbe tajantemente cualquier vestigio religioso durante la Navidad…, cualquier duda, recelo, escepticismo y hasta rechazo son bien comprensibles.- No conocemos en verdad ni los fundamentos, ni, mucho menos,  los detalles de este proximo acuerdo. Toda la pericia entre diplomáticos será poca. Toda la fraternidad entre los católicos públicos y candestinos será necesaria. Y sólo todo el esfuerzo, paciencia, delicadeza, fortaleza y templanza posibles en todos y entre todos harán tal vez posible, quizás dentro de muchos años, una situación regular de los cristianos, de los católicos, del Estado más poblado del mundo. Que los grandes evangelizdores de China, Mateo Ricci, Diego de Pantoja…,, y sobre todo Francisco de Javier echen una mano…, que ya la echan.