Is. 52. 13 – 53, 12,
Toda la historia, en sus mejores
momentos, es un lamento amargo,
explícito o implícito,
de haber ignorado al Justo.
que resultó ser el Siervo de Yahveh,
en cada uno de sus discípulos,
en cada uno de sus amigos
y fieles imitadores.
Raíz de tierra árida.
Desgraciado, marginado,
hombre doliente y enfermizo.
Despreciable; un perfecto don Nadie.
Así le vimos. En verdad, no había
nada en él que admirar.
Solíamos
volver nuestras cabezas
por no ver tan extraña criatura.
Un día le prendieron los soldados
de todos los poderes.
Le dejaron solo sus amigos.
Y uno de ellos le vendió por un puñado
de monedas de plata.
Le acusaron
de querer ser como Dios,
de querer destruir su templo santo
y de ser rey
de su pueblo.
Le trajeron y llevaron de Herodes a Pilatos,
instigados por los Sumos Sacerdotes.
Le vimos azotado y humillado,
herido de Dios,
llevado al degüello de la muerte,
como un manso cordero.
Befado, vejado y escupido
por la sucia soldadesca,
no parecía hombre,
desfigurado como estaba,
al llevarlo a la cruz.
Desnudo en ella le clavaron
-el más cruel tormento
de todos los existentes-
junto a varios bandidos,
amotinados antes de la Pascua.
Sólo algunas mujeres galileas,
compasivas,
le miraban llorando desde lejos.
Otros,
algunos escribas, magistrados…,
al pasar por el camino,
le insultaban gritando;
-Eh, tú, el Cristo, y el rey de Israel,
hacedor de milagros,
baja ahora de la cruz,
y así creeremos en tu Reino.
Y en medio de la agónica angustia
y del dolor insoportable del suplicio,
antes de ser derrotado por la asfixia
y la pérdida de sangre,
alguien le oyó decir
algo así como: Elí,`attá´,
que quiere decir tal vez:
¡Dios mío!,
o, más exactamente:
¡Tú eres mi Dios!
Y sólo porque un justo sanedrita,
colega de Pilatos,
mandó bajarle de la cruz
y darle sepultura,
se libró de la fosa común,
cual si fuera un bandido.
La verdad, nunca sospechamos,
ni imaginamos siquiera,
que alguien descargara
la culpa de todos nosotros sobre él;
que con su sangre
fuéramos curados:
que su castigo
nos trajera la paz.
¿Quién dio crédito a tales mojigangas?