Archivo del Autor: vmarbeloa

Otro retrato de ETA

 

         Tomemos así ese comunicado maligno y esa nota reivindicativa, y no les demos más importancia que ésta: un abominable retrato de algo abominable. Una vez más ETA se retrata no sólo como la banda terrorista que es, sino también separatista e independentista vasca y marxista-leninista, que así se llama (¿por qué no  se atreverán todos a llamarla así?), inhumana, enemiga de la humanidad, miserable, digna del mayor desprecio; empecinada en su justificación de mil maneras sutiles; incapaz de pedir perdón a sus víctimas; queriendo ocultar o disimular su derrota definitiva por la España contra la que nació y actuó; intentando sacar algún rédito de su forzosa liquidación. No añadamos mucho más. No le demos más importancia, que ya le hemos dado demasiada.

«De Madrid al… suelo»

 

        Con este título escribía ayer Rubén Amón en EP un artículo antológico, un modelo de lo que debe una crónica política: breve, inteligente y crítica. En ella penetra Amón en tres crisis madrileñas: la del PP, la del PSOE y la de PODEMOS. Menos literario que Umbral, menos castizo que Del Pozo, Amón es más político, y es, además, literario y castizo, y, como los otros dos, mordaz en su justa medida. Siempre será discutible y hasta corregible, pero siempre será de obligada lectura. Donde pone su dedo, y a veces su dentellada, está la presa del día.

Nuestro lejano hermano Portugal

 

     Seguí ayer, muy de cerca, los discursos de los dos jefes de Estado, de España y Portugal, en la universidad de Salamanca -que celebra su 800 aniversario-: dos hombres egregios, el rey Felipe VI y el presidente Marcelo Rebelo de Sousa, muy populares en los dos países. El discurso del rey de España fue, entre otras cosas, un memorial de las buenas relaciones de los dos países en sus mejores momentos, y de la amistad y colaboración entre personajes de ambos pueblos, con Miguel de Unamuno como símbolo clave, en su Salamanca. Sentí una profunda nostalgia de aquellos tiempos, de aquellos hombres, vista la lejanía en la que vivimos hoy de Portugal en casi todos los sectores de la vida, volcados como estamos al otro lado del mapa: Francia, Alemania, Inglaterra…, o, por encima de Portugal, mirando hacia América del Norte o del Sur. Y más ahora, cuando estoy estudiando el siglo XVI, donde todo era España y Portugal, Portugal y España: hijas de los Reyes Católicos, reinas de Portugal; hermanas de Carlos V, con el mismo oficio; la emperatriz portuguesa, Isabel; la primera mujer de Felipe II… Pero me consolé de alguna manera, pensando que tal vez desde Galicia, Extremadura o Castilla la Vieja, las relaciones personales y colectivas son mucho más próximas, y ponderando otras relaciones, como las económicas -que abren paso a otras-, mucho más intensas hoy, hasta el punto que España exporte a nuestro vecino más que a toda América Latina. Los discursos, muy bien hechos y dichos, me hicieron recordar los tiempos en los que, como parlamentario europeo, fui un entusiasta del iberismo en mis viajes, lecturas, relaciones con colegas portugueses. ¿Qué sería de nuestro patrono Francisco de Javier sin Portugal?, solía decirles yo, y no como dingolondango. Sí, ayer, a través de la TV, fui un asistente fervoroso a la celebración de la amistad ibérica, desde Camoens a Pessoa, por citar a los más  citados ayer.

 

 

Iglesia y sindicalismo

 

   Tengo una muy pobre impresión sobre los líderes sindicales españoles, sobre todo desde que, con el funesto cabecilla asturiano Álvarez -hoy, por desgracia, secretario general de la UGT española-, la UGT catalana fue un dócil y bien recompensado instrumento sindical al servicio del independentismo catalán. Luego se sumó Comisiones Obreras, y ahora las dos centrales (¿españolas?) hasta han apoyado y convocado una huelga y  una manifestación masiva a favor de los líderes independentistas catalanes. Pero todo ello no me ha hecho cambiar mi opinión de siempre en favor de un sindicalismo democrático y no partidista, democrático y fuerte. Por eso me ha alegrado mucho saber, con retraso lamentable, que hace unos meses, tuvo lugar en el Vaticano un encuentro por todo lo alto, y sin precedentes, entre los representantes de la Iglesia y del Sindicalismo internacional: OIT, CSI (Confederación Sindical Internacional), CES (Confederacón Europea de Sindicatos)… Asistieron también, por parte española, la HOAC, el MMTC (Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos) y el obispo responsable de la Pastoral Obrera. La Declaración final, consensuada tras el coloquio, recoge la reflexión de la Iglesia, desde la Populorum progressio hasta la Laudato sí, para reenviar, renovar, y fortalecer nuevos compromisos, en una epopeya por la justicia social y por un trabajo digno, hacia una sociedad que respete la dignidad humana e incluya a los trabajadores más empobrecidos.  La Iglesia -se dice en uno de los párrafos- es aliada de las organizaciones sindicales en la recuperación del valor del trabajo digno y de la centralidad de la persona. Pero más que las palabras, demasiado repetidas, importa el encuentro. Carlos Accaputo, responsable de la Pastoral Social de Buenos Aires, fue el alma de la iniciativa, quien calificó, emocionadísimo, el encuentro como fruto del amor a los pobres y de su compromiso con ellos.

 

Conduciendo ganado

 

      Las vacas ven, golosas, el habar en flor de esa esa huerta de Abaurrea Alta.

Pero no puede ser y hay que continuar con las demás el diario camino hacia el monte.

Para eso está esa moza de chandal negro, playeras y vara baja: una estampa mucho más atractiva que la del viejo dulero.

La ganadería no admite reposo. Un ganadero no tiene nunca vacaciones, mientras esté en el oficio. Mañana y tarde, noche y día, invierno y verano.

No se trata de atizar al animal para que se revuelva contra nosotros. Esas son las vaquillas. Estas son vacas serias, a las que se les exige seriedad.

En la quetud de estos valles
llenos de varia añoranza,
tiemblan bajo el cielo azul
las esquilas de las vacas.

 

Los acusados de Alsasua

 

            Es difícil, recordando la brutal agresión de palabra y de obra ocurrida en Alsasua, el 15 de octubre de 2016, hace dos años contra dos guardias civiles y sus parejas por una manada de bárbaros, miembros o próximos del/al movimiento batasuno-etarroide, que tiene como uno de sus files la expulsión de la guardia civil de Euskadi y de Navarra, no aplicarles la Resolución sobre terrorismo de la ONU, de 1994, que habla de la intención de causar la muerte o lesiones corporales graves con el propósito de provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en determinada persona… Pero este no es mi tema de hoy, y sobre ese punto concreto discuten ya en la Audiencia Nacional fiscales y abogados, que saben de eso lo suyo. Me refiero en estas líneas a la hipocresía, a la burda mentira y a la soez perversión del lenguaje cuando organizan miles de personas de Navarra y Euskadi  una manifestación callejera pidiendo justicia y no venganza para los acusados, con la excusa de que no piden impunidad, pero sí justicia ni desproporcionada ni excesiva. Ni siquiera esto es verdad: esta mañana los acusados han negado en la Audiencia los hechos, lo que quiere decir que ellos, sus familiares y sus abogados buscan la simple impunidad. Si todos esos miles de personas hubieran salido a la calle al día siguiente o a la semana de esa agresión pidiendo justicia para los agresores y respeto para los agredidos, podía haber tenido sentido manifestarse después, con el mismo formato y persuasión, contra el anuncio de penas que podían ser consideradas desproporcionadas o excesivas. Pero no fue así. No ha sido así. No es así. Y los que no pidieron justicia a tiempo para los que la merecían, se escudan ahora en lo que creen o les hacen creer que es desproporción y exceso: para presionar a los jueces; para protestar por la prisión de sus compañeros, correligionarios o admirados héroes del pueblo vasco; para acusar al fiscal de la petición de penas exorbitantes, para descalificar a la Justicia española; para retroalimentar -una vez más- el movimiento independentista, que ya no es terrorista porque no puede, pero es capaz de inspirar y promover acciones puntuales que pueden serlo y lo son en ocasiones. Pésimo ejemplo es el del Gobierno nacionalista-independentista vasco-autodeterminista de Navarra, que, tras una visita rápida de la presidente, con foto incluida, en un primer momento, al hospital donde estaban los guardias heridos, ha mantenido siempe la tesis de los acusados y sus abogados –una riña de bar, una trifulca nocturna entre jóvenes-; ha justificado todas  las manifestaciónes a favor de los presos y acusados, y ha enviado a la última, tras aprobarla y aplaudirla, una allta representación. Siendo todo tan lógico, ¿de qué sorprendernos?

Santuario de Valvanera

 

Nido de vivos recuerdos,
santuario de Valvanera.

Vuelvo a tu tierno regazo,
bajo las nieves cimeras
del San Lorenzo, acosadas
por la templanza abrileña.

El río lleva tu nombre
y su rumor nos refrenda
la herencia benedictina,
hecha historia, hecha leyenda,
hecha plegaria constante,
hecha siglos y hecha piedra.

Una Virgen-Madre amable
y Domus Sapientiae enhiesta,
sostiene un niño travieso,
que cruza al revés las piernas.

Todo en derredor renace,
despunta la primavera:
los chopos huelen a ámbar,
las hayas se violacean.

Todos mis viejos recuerdos,
viéndote, primaverean,
y a tu conjuro se crecen,
se depuran y renuevan.

El perdón del papa Francisco

 

 

           El perdón, ahora, no por los otros, como en tantas ocasiones, sino por él mismo. La verdad es que la reciente visita apostólica a Chile dejó mucho que desear, y tuvo sobre todo un amargo sabor final, que se hizo patente en grupos de católicos comprometidos, en buena parte de la prensa e incluso en algún cardenal del grupo más adicto al pontífice. Lo que sirvió también para que los habituales críticos del papa en todo el mundo, de un lado y otro, se encarnizaran con él. Ahora es el mismo Bergoglio quien pide perdón por el daño hecho a las víctimas de los eclesiásticos pederastas, debido a la incompleta o falsa información que entonces tuvo, lo que le hizo empecinarse, aun en los momentos más delicados, en pedir pruebas, pruebas, pruebas, y en defender a ciertos prelados amigos o conocidos, sobre quienes caían las acusaciones mayores. Ahora las pruebas requeridas por él aparecen evidentes, y así lo ha comprobado Francisco. Las consecuencias de este cambio de actitud están por ver. Pero, ocurra lo que ocurra, es menester ponderar esta actitud del papa actual, No estamos acostumbrados a esto. A tan generosa confesión de responsabilidad. Y esto vale más que una encíclica.

Las mayores injusticias

 

          Las mayores y más dolorosas injusticias se cometen cuando la justicia (elemental) no está regida por derechos y deberes, reglas, normas. leyes, constituciones, convenios o tratados internacionales. En el inmenso campo de la convivencia de todo tipo; en los difusos, delicados y muy sensibles ámbitos del amor, de la amistad, de la admiración, de los ejemplos, de las promesas, de las ilusiones o de las esperanzas. Donde no hay técnicos ni expertos, ni plataformas de conciliación o tribunales de oficio. Y casi nadie habla de ellas. Ni siquiera se atreve a hablar de ellas.