Los acusados de Alsasua

 

            Es difícil, recordando la brutal agresión de palabra y de obra ocurrida en Alsasua, el 15 de octubre de 2016, hace dos años contra dos guardias civiles y sus parejas por una manada de bárbaros, miembros o próximos del/al movimiento batasuno-etarroide, que tiene como uno de sus files la expulsión de la guardia civil de Euskadi y de Navarra, no aplicarles la Resolución sobre terrorismo de la ONU, de 1994, que habla de la intención de causar la muerte o lesiones corporales graves con el propósito de provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en determinada persona… Pero este no es mi tema de hoy, y sobre ese punto concreto discuten ya en la Audiencia Nacional fiscales y abogados, que saben de eso lo suyo. Me refiero en estas líneas a la hipocresía, a la burda mentira y a la soez perversión del lenguaje cuando organizan miles de personas de Navarra y Euskadi  una manifestación callejera pidiendo justicia y no venganza para los acusados, con la excusa de que no piden impunidad, pero sí justicia ni desproporcionada ni excesiva. Ni siquiera esto es verdad: esta mañana los acusados han negado en la Audiencia los hechos, lo que quiere decir que ellos, sus familiares y sus abogados buscan la simple impunidad. Si todos esos miles de personas hubieran salido a la calle al día siguiente o a la semana de esa agresión pidiendo justicia para los agresores y respeto para los agredidos, podía haber tenido sentido manifestarse después, con el mismo formato y persuasión, contra el anuncio de penas que podían ser consideradas desproporcionadas o excesivas. Pero no fue así. No ha sido así. No es así. Y los que no pidieron justicia a tiempo para los que la merecían, se escudan ahora en lo que creen o les hacen creer que es desproporción y exceso: para presionar a los jueces; para protestar por la prisión de sus compañeros, correligionarios o admirados héroes del pueblo vasco; para acusar al fiscal de la petición de penas exorbitantes, para descalificar a la Justicia española; para retroalimentar -una vez más- el movimiento independentista, que ya no es terrorista porque no puede, pero es capaz de inspirar y promover acciones puntuales que pueden serlo y lo son en ocasiones. Pésimo ejemplo es el del Gobierno nacionalista-independentista vasco-autodeterminista de Navarra, que, tras una visita rápida de la presidente, con foto incluida, en un primer momento, al hospital donde estaban los guardias heridos, ha mantenido siempe la tesis de los acusados y sus abogados –una riña de bar, una trifulca nocturna entre jóvenes-; ha justificado todas  las manifestaciónes a favor de los presos y acusados, y ha enviado a la última, tras aprobarla y aplaudirla, una allta representación. Siendo todo tan lógico, ¿de qué sorprendernos?