Conduciendo ganado

 

      Las vacas ven, golosas, el habar en flor de esa esa huerta de Abaurrea Alta.

Pero no puede ser y hay que continuar con las demás el diario camino hacia el monte.

Para eso está esa moza de chandal negro, playeras y vara baja: una estampa mucho más atractiva que la del viejo dulero.

La ganadería no admite reposo. Un ganadero no tiene nunca vacaciones, mientras esté en el oficio. Mañana y tarde, noche y día, invierno y verano.

No se trata de atizar al animal para que se revuelva contra nosotros. Esas son las vaquillas. Estas son vacas serias, a las que se les exige seriedad.

En la quetud de estos valles
llenos de varia añoranza,
tiemblan bajo el cielo azul
las esquilas de las vacas.