Archivo del Autor: vmarbeloa

Peor que Sabino Arana

 

      El presidente títere, que el prófugo Puigdemont ha designado para que sea su alias y haga sus veces in situ, pero fuera de su despacho, ha ido escupiendo cosas como éstas: Los españoles sólo saben expoliar; Los del PSC, pobres, hablan como los españoles; Oír hablar a Albert Rivera de moralidad es como oír a los españoles hablar de democracia; Sobre todo, lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia, horrible. Y cosas así. Dicen que ha ha borrado a toda prisa sandeces e indignidades como éstas o peores. Todo eso que nos recuerda los dicterios del fundador del PNV contra los españoles, modelo hasta ahora de injusticia, mal gusto y xenofobia. Pero Arana escribía toda esa basura a finales del XIX y comienzos del XX. En cambio, este pobre señor insulta, injuria, ensucia (o quiere ensuciar), odia… en pleno siglo XXI. Estoy seguro de que Sabino Arana Goiri, si volviera, haría, después de Imaz o Urkullu, cosas muy distintas de las que hizo, ni escupiría lo que escupe este títere seudopresidencial, al que llaman Quim Torra, torrado ya antes de ser elegido en el Parlamento.

El patriotismo de Habermas

 

             Le dice el filósofo alemán Jürgen Habermas a Borja Hermoso, que le interroga sobre su célebre patrotismo constitucional, que la expresión nació en un restaurante, cerca de la Puerta del Sol, tras una conferencia suya en el Congreso de los Diputados, en 1984. All les hizo ver a sus comensales, que le recordaron que en ese mismo lugar tuvo lugar  la conspiración para preparar la Primera República  Española en 1873, que la Constitución es el logro de una historia nacional. Y cuando el entrevistador le pregunta si en ese sentido se considera un patriota, le contesta: Me siento patriota de un país, que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de  las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. Y, como si dudara, afirma: No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago. Y en seguida: Pero en ese sentido, sí, soy un patriota alemán (Y añade para lección de tantos antipatriotas o patriotas meramente formales), además de un producto de la cultura alemana.

 

Ni Millán Astray ni Unamuno

 

      Ahora resulta, según el bibliotecario de la universidad salmantina, Severiano Delgado, que ni Unamuno pronunció aquel discurso valentón, el 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la universidad delante de Doña Carmen Polo, esposa del caudillo, del obispo de la diócesis y del general Millán Astray, ni que éste gritó: ¡Abajo la inteligencia!. La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta qué dijo el rector vasco de la universidad castellana en fecha tan patriótica, y tampoco las palabras exactas del general, que podrían ser ¡Abajo los intelectuales traidores!, o cosa parecida, ante un discurso de don Miguel, -que, en un comienzo. había saludado con entusiasmo el alzamaiento de julio de 1936- sobre España; la guerra; los dos bandos en lucha; sobre catalanes y vascos sobre Rizal, el héroe filipino… El relato hasta ahora canónico, mil veces citado y abusado, se debió a un joven profesor salmantino, republicano exaltado, que ni estaba allí, y que escribió después de oído y de oído ideologizado. Y… hasta ahora, Aunque algo no muy claro habían dicho algunos biógrafos unamunistas. Lo que nos enseña cómo se escribe la historia, y qué fácilmente, con un poco de suerte, sobre todo en un período de intensas pasiones, se puede engañar o confundir a millones de individuos contando una historia como si fuera una leyenda o un cuento popular. Cuántas historias como ésta no habrá en la historia que nos ha llegado por vía oral o escrita… 

Asumir la historia

 

                Compara hoy en EE el escritor Félix de Azúa la actitud del ayuntamiento de Barcelona, que retiró de las calles de la ciudad la estatua de Antonio López, primer marqués de Comillas, acusándole de mercader de esclavos, con la del ayuntamiento de Burdeos, que abrió el año 2009 dos salas en el Museo de Aquitania sobre el esclavismo bordelés, fuente de riqueza muy importante para la ciudad. Asi que, mientras los bordeleses pueden enterarse de la vida y milagros de sus antecesores, aunque sean las páginas menos blancas de su historia, a los barceloneses se les niega no ya el saber, de primera mano, el pasado esclavista de muchos de ellos, sino hasta la vista en efigie de un señor catalán que lo fue todo en su tiempo, y no sólo transportista de esclavos en sus flotas de barcos. Pero no lo hacía eso él solito, ni se quedaba tampoco con los esclavos en su casa. Lo que pasa es que, por muy populistas que se llamen ciertos políticos, y por muy progresistas que se sientan, a pocos de ellos les gusta -¡y menos si se tienen por catalanistas ejemplares!- que aparezcan sus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, o,  simplemente, la gente de bien de su ciudad, metidos en tales fangos, que en aquel tiempo se llamaban negocios. Ay, la historia.

Volvemos al Bocal Real

 

                Volvemos al Bocal Real, o simplemente al Bocal, en esta mañana de primeros de mayo para celebrar el resplandor sobre la hierba. Porque pocas veces como hoy, tras las plurales lluvias de marzo y abril, y cuando todavía la nieve reina en los Pirineos y en el Moncayo, puede el sol benigno de mayo mostrarnos con tanto entusiasmo  la luminosa coreografía vegetal en esta leve península curvada, que es el Bocal de Fontellas, rodeada de agua por todas partes menos por una. Baja el canal con sus aguas mansas pero resueltas, casi marciales, pero ordenadas, armónicas, rítmicas. Más imperiales que nunca, a la conquista pacífica de tierras y pueblos enteros, hasta la augusta, imperial Zaragoza. A la vera del canal, en los primeros jardines de la península, ya han reventado las rosas rojas, junto a dos barcas varadas, simbólicas, que componen un cuadro romántico, y más, si les añadimos una familia en traje de baño para tomar directamene el baño del sol. Recorremos las losas gigantescas, históricas, de la vieja presa de Carlos V, que construyó el ingeniero aragonés Gil de Morlanes. sobre la que hace poco pasó el Ebro avasallador arrollando los pocos rebrotes de mimbreras y chopos que se habían atrevido a levantar el talle en los últimos dos años, y todo el trasfondo de losas, piedras, cemento y malezas adyacentes.  Miro con nostalgia el palacio del Gobernador, con el escudo del emperador, a quien acabo de dejar en mis lecturas, envejecido, gotoso, impedido, llorando de emoción en el palacio de Bruselas, al trasmitir el reino de Borgoña a su hijo Felipe. El paseo hasta la casa de las compuertas es un concierto plural de pájaros primaverales, verdes multiformes y perfumes de cipreses, pinos, álamos y flor de las acacias, que nos acerca el viento de la tarde. Vienen detrás de nosotros grupos de mujeres maduras, parejas jóvenes con niños, jóvenes deportistas. Le pregunto a un paisano por unas matas de sisalla, que crecen en uno de los bordes, pero me dice que en su pueblo eso no hay. Vemos mejor que nunca, al llegar a la segunda presa, y con la ayuda de un mapa, la división de las brazos del Ebro: el que va a la vieja presa construida en el siglo XVI para la acequia imperial, que no llegó a ejecutarse; el llamado Canal Imperial, que recogió el regio apellido, dos siglos después, sangrado justo a la derecha de la nueva presa, y el curso normal del río, que continúa a la izquierda del embalse. Rindamos tributo de admiración no sólo al canónigo-ingeniero aragonés Pignatelli, que revisó la obra y se quedó con el nombre, sino al ingeniero holandés Cornelius Krayenhof, que fue el auténtico autor del proyecto, que reasumió otro Carlos, el tercero  de los Borbones que sustituyeron a los Austria. Al volver, nos detenemos en el frondoso parque de los chopos que se abanican de continuo el vientecillo de la tarde, donde oímos por vez primera las afinaciones del ruiseñor. Seguimos por la senda que separa los yerbines de las huertas, donde brillan las higueras, los cerezos, los perales, los cardos, las acelgas, las alcahofas, las cebollas y algunas cepas de uvas. En el campo de fútbol juegan niños y padres sudamericanos. En medio del laberinto, salta el surtidor de agua, donde en el verano se refrescan los más audacers o los más sudorosos. El roble de cinco siglos, antepasado de todos los recios robles que se asientan en su entorno, se yergue único, icónico, supremo. Frente al número 10 del Poblado lineal, de dos plantas, que data del XVIII, junto a la antigua posada y a la antigua escuela, hablamos con uno de los matrimonios residentes, que trabajan para la Confederación: son ocho familias, de las treintaicuatro que éllos llegaron a conocer. Les decimos lo mucho que nos gusta el Bocal, sobre todo después de la renovación llevada cabo hace unos años. y nos animan a ir un día de labor para poder ver los jardines que rodean el palacio, que, la verdad, nunca hemos visto. Cuando salimos, llegan más visitantes jóvenes y padres con niños. El parqueo natural, fuera del recinto, junto al puente de entrada, se ha llenado de coches. Pocos lugares en Navarra, tan placenteros como éste. Un verdadero jardín de delicias.

Si Dios es Dios…

 

Al agradecerme las condolencias por la muerte de su mujer, un amigo me pondera su aflicción al haber perdido el amor de su vida «para siempre». Le contesto:

Si Dios es Dios, y mientras lo sea, pronto nos veremos todos juntos y seremos lo inmortales que Dios quiera. Pero, si Jesús de Nazaret no resucitó de entre los muertos, es decir, si Dios no le resucitó a la vida, como apuntaba Pablo, en una dialéctica apología en favor de la resurrección, entonces, sin su presencia y sin la presencias de todos los que creyeron en Él, sin la presencia de todos nuestros muertos queridos, ¿qué más da desaparecer para siempre? Lo que me ayuda a decir, como el padre del joven epiléptico, a quien curó Jesús: Creo, Señor, pero cura mi incredulidad, que es la oración más sincera y humilde, la más hermosa del Evangelio. La gran injusticia de la muerte y de todas las calamidades de este mundo, especialmente para tantos millones de personas, que han tenido y tienen más desdichas que dichas, es el mejor argumento racional para creer en un Dios que repare tanta injusticia en otro mundo mucho más justo, pues éste lo dejó al albur de las leyes naturales y a la libertad del hombre. Este fue el argumento más importante de Kant para postular la eternidad. Y este es también el mío, además de mi fe (ultra-racional) en Jesús de Nazaret.

Éramos un volcán de lava viva…

 

 Éramos un volcán de lava viva,
                                       confusa y bulliciosa,
un delta de dos ríos descorchados,
una selva de corzos delirantes,
una indescriptible tormenta geológica.

Y ahora eres
una luz estremecida.
una viña con gozo racimada,
una playa desierta, sin gaviotas,
una estrella caída,
un panal silencioso,
un verano cubierto por la nieve,
una rosa asaltada,
                                 un grito en mármol
de carne,
un sabor que no sabe,
un sueño casi ausente,
un recuerdo extraviado,
un gozo enloquecido,
un dolor sublimado,

un cielo en plenitud.

 

La farsa de Arnaga

 

       Escribo farsa, demasiado cómodamente, pero ha sido mucho más que eso. En el precioso y versallesco parque que diseñó para sí Edmond Rostand -nada vasco, y tan francés, por cierto-, propicio para la propaganda y el atractivo internacional, ETA se ha dado el último homenaje, Y ha querido representar lo más épicamente posible su final forzoso, rodeado de una cierta flor y nata de nacionalistas europeos y de unos pacifistas internacionales de reparto, que les han servido fielmente, siempre bien remunerados, durante los últimos años de su declive, como decoradores, con purpurina de paz, de su historia de terrorismo unilateral. Afortunadamente los Gobiernos de España y de Francia no se han movido. Pero estos decoradores irlandeses, británicos y surafricanos, bien elegidos para poder comparar y justificar el terrorismo etarra con otros terrorismos patrióticos, han cumplido la innoble misión de intentar engañar al mundo presentando este acto final de una banda y de un movimiento derrotados, como un pacto final de paz y de reconciliación entre dos Estados tras una guerra o guerrilla convencional y dual. Ahí estaba Gerry Adams, acusando implícitamente al Gobierno español de no estar presente y exigiéndole no sé que deberes póstumos. Y con el mismo fin, el expresidente nacionaista del Gobierno de Irlanda, con los presos políticos en su boca. Y representando al ex secretario general de la ONU, el ingenuo Koffi Anan, el ex director del FMI, el bayonés Michel Camdessus, poco independentista y poco leninista, la verdad, junto con el derechista para todo, alcalde de Bayona y presidente de la Macomunidad de ayuntamientos vascos. No podían faltar los hacedores del autohomenaje, Bildu, Sortu y LAB. Y los compañeros de objetivos políticos vascos, el presidente del PNV de Euskadi y del PNV de Navarra, y los advenedizos de PODEMOS. Y el que faltaba, tal vez para recordar la historia de los cristeros  o de los narcos mejicanos,  Cárdenas. No se sabe tampoco qué pintaba allí el secretario de la UGT de Euskadi, Raúl Arza. Todos ellos han representado, lo hayan querido o no, la tragicomedia de que  la cosa iba sólo de nacionalismo combativo y patriótico, y de nacionalismo vasco, y de que todo había acabado bien y a su hora gracias al noble pueblo vasco, en el País Vasco, y solo entre vascos. El español fue la cuarta lengua del inane manifiesto, leído por el mejicano. – Así  ha comenzado el primer relato, género teatral, del final del proceso armado – la palabra terrorismo no ha aparecido- y del comienzo del proceso de paz y reconciliación, con la presencia sólo de los verdugos y sus valedores de antes o de ahora,  ocultando toda la verdadera historia de ETA, de principio a fin.

«Unas ideas supremacistas»

 

      Escribo hoy un largo artículo en DN lamentando el nuevo relato sobre ETA que está imponiéndose por ahí, cuando casi nadie se atreve a decir qué fue ETA, qué es ETA y cuál es su verdadera historia, porque casi nadie dice que fue y es esencialmente una banda y un movimiento nacionalista independentista vasco y revolucionario marxista leninista, que ha buscado siempre por la fuerza de las armas y la acción política conseguir un Estado vasco independiente, marxista-leninista y euskaldún. Y me viene ahora, en EP de hoy, nada menos que Alfreddo Pérez Rubalcaba, a darme la razón de manera aparatosa, cuando en una breve declaración nos salta con esto: – Y el relato es muy sencillo. ETA fue una gente que mató mucho por imponer unas ideas supremacistas (¡).

A ver quién lo entiende…

Medios que justifican la acción

 

        Escuchando anteayer en el programa de La Sexta, la entrevista de Évole con el ex secretario de Seguridad del Estado, Rafael Vera, condenado por el secuestro de Segundo Marey, recordé las muchas horas de estudio y reflexión que dediqué en su día a este peliagudo asunto de los medios  justificables/injustificables para alcanzar un fin justo. Tal fue el caso del intento de liberación del capitán Martín Barrios, secuestrado y condenado a muerte por ETA, por medio del intento de secuestro por la policía española de un etarra en Francia. O la posibilidad que tuvo Felipe González de acabar por las bravas con la entera cúpula de ETA. O, años más tarde, la desidia de las tropas belgas y francesas parfa acabar con la matanza de casi un millón de tutsis en Rwanda atacando la RAdio-Televisión oficial rwandesa… La justificación de esta última posibilidad la defendí, siendo parlamentario europeo, en un encuentro de Justicia y Paz en Barcelona, por lo que recibí duros reproches y pocas adhesiones. Con motivo de la Guerra del Golfo y de la Guerra de los Balcanes, las ocasiones se multiplicaron. Pocos condenaron la eliminación de Bin-Laden, cuando los comandos norteamericanos acabaron con él. Nadie ha condenado en estas últimas semanas el bombardeo de los centros y fábricas de armas químicas en Siria… Y he llegado a la siguiente conclusión: Cuando los fines son primarios (primordiales): salvar vidas humanas, acabar con una guerra, con un bombardeo de armas químicas…,) y los fines son proporcionados (no la destrucción de enteras ciudades inocentes como Hiroshima y Nagasaki), los mismos medios son justificables y justificados, y no tienen por qué esperar a ser justificados por los fines.