Ahora resulta, según el bibliotecario de la universidad salmantina, Severiano Delgado, que ni Unamuno pronunció aquel discurso valentón, el 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la universidad delante de Doña Carmen Polo, esposa del caudillo, del obispo de la diócesis y del general Millán Astray, ni que éste gritó: ¡Abajo la inteligencia!. La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta qué dijo el rector vasco de la universidad castellana en fecha tan patriótica, y tampoco las palabras exactas del general, que podrían ser ¡Abajo los intelectuales traidores!, o cosa parecida, ante un discurso de don Miguel, -que, en un comienzo. había saludado con entusiasmo el alzamaiento de julio de 1936- sobre España; la guerra; los dos bandos en lucha; sobre catalanes y vascos sobre Rizal, el héroe filipino… El relato hasta ahora canónico, mil veces citado y abusado, se debió a un joven profesor salmantino, republicano exaltado, que ni estaba allí, y que escribió después de oído y de oído ideologizado. Y… hasta ahora, Aunque algo no muy claro habían dicho algunos biógrafos unamunistas. Lo que nos enseña cómo se escribe la historia, y qué fácilmente, con un poco de suerte, sobre todo en un período de intensas pasiones, se puede engañar o confundir a millones de individuos contando una historia como si fuera una leyenda o un cuento popular. Cuántas historias como ésta no habrá en la historia que nos ha llegado por vía oral o escrita…