Asumir la historia

 

                Compara hoy en EE el escritor Félix de Azúa la actitud del ayuntamiento de Barcelona, que retiró de las calles de la ciudad la estatua de Antonio López, primer marqués de Comillas, acusándole de mercader de esclavos, con la del ayuntamiento de Burdeos, que abrió el año 2009 dos salas en el Museo de Aquitania sobre el esclavismo bordelés, fuente de riqueza muy importante para la ciudad. Asi que, mientras los bordeleses pueden enterarse de la vida y milagros de sus antecesores, aunque sean las páginas menos blancas de su historia, a los barceloneses se les niega no ya el saber, de primera mano, el pasado esclavista de muchos de ellos, sino hasta la vista en efigie de un señor catalán que lo fue todo en su tiempo, y no sólo transportista de esclavos en sus flotas de barcos. Pero no lo hacía eso él solito, ni se quedaba tampoco con los esclavos en su casa. Lo que pasa es que, por muy populistas que se llamen ciertos políticos, y por muy progresistas que se sientan, a pocos de ellos les gusta -¡y menos si se tienen por catalanistas ejemplares!- que aparezcan sus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, o,  simplemente, la gente de bien de su ciudad, metidos en tales fangos, que en aquel tiempo se llamaban negocios. Ay, la historia.