La farsa de Arnaga

 

       Escribo farsa, demasiado cómodamente, pero ha sido mucho más que eso. En el precioso y versallesco parque que diseñó para sí Edmond Rostand -nada vasco, y tan francés, por cierto-, propicio para la propaganda y el atractivo internacional, ETA se ha dado el último homenaje, Y ha querido representar lo más épicamente posible su final forzoso, rodeado de una cierta flor y nata de nacionalistas europeos y de unos pacifistas internacionales de reparto, que les han servido fielmente, siempre bien remunerados, durante los últimos años de su declive, como decoradores, con purpurina de paz, de su historia de terrorismo unilateral. Afortunadamente los Gobiernos de España y de Francia no se han movido. Pero estos decoradores irlandeses, británicos y surafricanos, bien elegidos para poder comparar y justificar el terrorismo etarra con otros terrorismos patrióticos, han cumplido la innoble misión de intentar engañar al mundo presentando este acto final de una banda y de un movimiento derrotados, como un pacto final de paz y de reconciliación entre dos Estados tras una guerra o guerrilla convencional y dual. Ahí estaba Gerry Adams, acusando implícitamente al Gobierno español de no estar presente y exigiéndole no sé que deberes póstumos. Y con el mismo fin, el expresidente nacionaista del Gobierno de Irlanda, con los presos políticos en su boca. Y representando al ex secretario general de la ONU, el ingenuo Koffi Anan, el ex director del FMI, el bayonés Michel Camdessus, poco independentista y poco leninista, la verdad, junto con el derechista para todo, alcalde de Bayona y presidente de la Macomunidad de ayuntamientos vascos. No podían faltar los hacedores del autohomenaje, Bildu, Sortu y LAB. Y los compañeros de objetivos políticos vascos, el presidente del PNV de Euskadi y del PNV de Navarra, y los advenedizos de PODEMOS. Y el que faltaba, tal vez para recordar la historia de los cristeros  o de los narcos mejicanos,  Cárdenas. No se sabe tampoco qué pintaba allí el secretario de la UGT de Euskadi, Raúl Arza. Todos ellos han representado, lo hayan querido o no, la tragicomedia de que  la cosa iba sólo de nacionalismo combativo y patriótico, y de nacionalismo vasco, y de que todo había acabado bien y a su hora gracias al noble pueblo vasco, en el País Vasco, y solo entre vascos. El español fue la cuarta lengua del inane manifiesto, leído por el mejicano. – Así  ha comenzado el primer relato, género teatral, del final del proceso armado – la palabra terrorismo no ha aparecido- y del comienzo del proceso de paz y reconciliación, con la presencia sólo de los verdugos y sus valedores de antes o de ahora,  ocultando toda la verdadera historia de ETA, de principio a fin.