Si Dios es Dios…

 

Al agradecerme las condolencias por la muerte de su mujer, un amigo me pondera su aflicción al haber perdido el amor de su vida «para siempre». Le contesto:

Si Dios es Dios, y mientras lo sea, pronto nos veremos todos juntos y seremos lo inmortales que Dios quiera. Pero, si Jesús de Nazaret no resucitó de entre los muertos, es decir, si Dios no le resucitó a la vida, como apuntaba Pablo, en una dialéctica apología en favor de la resurrección, entonces, sin su presencia y sin la presencias de todos los que creyeron en Él, sin la presencia de todos nuestros muertos queridos, ¿qué más da desaparecer para siempre? Lo que me ayuda a decir, como el padre del joven epiléptico, a quien curó Jesús: Creo, Señor, pero cura mi incredulidad, que es la oración más sincera y humilde, la más hermosa del Evangelio. La gran injusticia de la muerte y de todas las calamidades de este mundo, especialmente para tantos millones de personas, que han tenido y tienen más desdichas que dichas, es el mejor argumento racional para creer en un Dios que repare tanta injusticia en otro mundo mucho más justo, pues éste lo dejó al albur de las leyes naturales y a la libertad del hombre. Este fue el argumento más importante de Kant para postular la eternidad. Y este es también el mío, además de mi fe (ultra-racional) en Jesús de Nazaret.