Medios que justifican la acción

 

        Escuchando anteayer en el programa de La Sexta, la entrevista de Évole con el ex secretario de Seguridad del Estado, Rafael Vera, condenado por el secuestro de Segundo Marey, recordé las muchas horas de estudio y reflexión que dediqué en su día a este peliagudo asunto de los medios  justificables/injustificables para alcanzar un fin justo. Tal fue el caso del intento de liberación del capitán Martín Barrios, secuestrado y condenado a muerte por ETA, por medio del intento de secuestro por la policía española de un etarra en Francia. O la posibilidad que tuvo Felipe González de acabar por las bravas con la entera cúpula de ETA. O, años más tarde, la desidia de las tropas belgas y francesas parfa acabar con la matanza de casi un millón de tutsis en Rwanda atacando la RAdio-Televisión oficial rwandesa… La justificación de esta última posibilidad la defendí, siendo parlamentario europeo, en un encuentro de Justicia y Paz en Barcelona, por lo que recibí duros reproches y pocas adhesiones. Con motivo de la Guerra del Golfo y de la Guerra de los Balcanes, las ocasiones se multiplicaron. Pocos condenaron la eliminación de Bin-Laden, cuando los comandos norteamericanos acabaron con él. Nadie ha condenado en estas últimas semanas el bombardeo de los centros y fábricas de armas químicas en Siria… Y he llegado a la siguiente conclusión: Cuando los fines son primarios (primordiales): salvar vidas humanas, acabar con una guerra, con un bombardeo de armas químicas…,) y los fines son proporcionados (no la destrucción de enteras ciudades inocentes como Hiroshima y Nagasaki), los mismos medios son justificables y justificados, y no tienen por qué esperar a ser justificados por los fines.