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Dimisión y moción

 

  No ha dimitido el presidente del Gobierno, Rajoy, como muchos esperaban, pero sí, inesperadamente, el entrenador del Real Madrid, Zidane. Y en un primer momento, dado el poder del fútbol en este país, la dimisión del segundo ha superado, en sorpresa y en emoción social, la no dimisión del primero. En cuanto a la moción de censura, una vez llegados a este punto de la corrupción en el partido gobernante, el punto más sensible al electorado de entre todos los de la política nacional, la salida no podía ser otra. Podía haber sido diferente, por ejemplo, un acuerdo entre los cuatro partidos nacionales para convocar unas próximas elecciones generales -que era también mi opción principal y la de otros muchos-, pero esa breva, con los partidos nacionales (adjetivo rechazado por dos de ellos) que tenemos, nacidos de la tradición guerracivilista española, es imposible que caiga. Sólo los partidos nacionalistas vascos o catalanes tienen sentido (y votación) de nación, cuando llega el caso, y así lo demuestran a cada paso. Pero los partidos españoles (o , si se quiere, federales o estatales) son ante todo patriotas partidistas, y cuya primera patria, al menos, es el partido. Siendo las cosas así, y en ocasiones como ésta, el partido con más suerte, o con más adhesiones entre los nacionalistas, se la lleva. En la presente ocasión, al resistente y esforzado Pedro Sánchez le toca, por la gracia inmediata de una sentencia oportuna, desalojar de la presidencia del Gobierno a otro resistente y esforzado por excelencia en el otro lado, Mariano Rajoy, que se va tras regalarnos la última prueba de su excelente dialéctica parlamentaria. Pero a él, como a muchos predecesores -y no quiero llegar hasta Cicerón-, en ciertas desgraciadas circunstancias, no les basta con eso.

La ausencia de personas queridas

 

   En un ensayo del teólogo vizcaíno Jesús Martínez Gordo, Dios sin carne frente al Hombre Dios, al hablar de la noche oscura, de la experiencia del vacío y de la tenebrosidad insalvable, encuentro citado un texto espléndido del pastor, teólogo y mártir luterano, Dietrich Bohoeffer, escrito en el campo de exterminio de Flossembürg, quince meses antes de ser ajusticiado, a su sobrina Renate Schleicher y a su marido Eberhard Betghe, que merece ser grabarlo en nuestra mente y corazón para siempre:  No hay nada que pueda sustituir la ausencia de una persona querida. Ni siquiera hemos de intentarlo. Hemos de soportar sencillamente la separación y resistir. Al principio eso parece muy duro, pero, al mismo tiempo, es un gran consuelo. Porque, al quedar el vacío sin llenar, nos sirve de nexo de unión. Es equivocado decir que Dios llena ese vacío. Dios no lo llena en modo alguno, sino que precisamente lo mantiene vacío, con lo cual nos ayuda a conservar -aunque sea con dolor- nuestra auténtica comunión. Por otra parte, cuanto más hermosos y ricos son los recuerdos, más dura resulta la separación. Pero la gratitud transforma el suplicio del recuerdo en una callada alegría. Uno no lleva en sí la belleza pasada como si fuera un aguijón, sino como un valioso regalo. No hemos de hurgar en los recuerdos y entregarnos a ellos, como tampoco miramos continuamente un regalo valioso, sino sólo en ocasiones especiales, para guardarlo el resto del tiempo como un tesoro escondido de cuya posesión estamos seguros. Entonces emanan del pasado una alegría y una fuerza duradera. Además, los períodos de separación no constituyen un tiemnpo perdido y estéril para la vida común, o, en todo caso, no tienen por qué serlo, sino que en ellos puede formarse, a pesar de todos los problemas, una comunión sorprendentemente fuerte.

Nomadelfia

 

En un lugar de la provincia de Grosseto, al sur de la Toscana (Italia), Nomadelfia (ley de la hermandad)  es  una singular comunidad, en la que viven 300 personas, emulando a los primeros cristianos, desde que, hace setenta años, el sacerdote Zeno Saltini formara esta comunidad evangélica. Viven de forma autosuficiente trabajando las 120 hectáreas de viñedos y 3.000 de olivares, con un rebaño de 150 vacas, una empresa mecánica y una carpintería. No utilizan dinero entre ellos. Usan el nombre propio y no el apellido, y desempeña cada uno el trabajo que más necesita la comunidad, regida por un presidente elegido por todos. Abundan, por voluntad del fundador, los niños adoptados de familias que los rechazaron por sufrir alguna enfermedad o nacidos de madres toxicómanas. Tras una visita reciente de media hora, hecha por el papa Francisco, éste la definió así: Nomadelfia  es una realidad profética, que tiene como objetivo crear una nueva civilización, poniendo en práctica el Evangelio como una forma de vida buena y bella.

Un megalómano ridículo e histriónico

 

     Consiguió lo que deseaba, ya que no marcó gol alguno, y menos el último, que tanto persiguió: ser coprotagonista singular  de la  XIII Copa de la Champions League, ganada por su equipo, el Real Madrid.  Y todo, desgraciadamente, gracias a su excentricidad, a su falta de sintonía con sus colegas en los momentos triunfales de la tarde, a su lejanía amarga y ostentosa, y a sus incalificables declaraciones, tan infantiles, tan enrabietadas, tan contradictorias, tan penosas. Nunca he visto una muestra tan bochornosa, tan ruda, tan molesta de histrionismo egoísta como la de ese diosecillo autoidolatrado además de idolatrado, que se llama Cristiano Ronaldo. Allá él con todos sus millones de euros y sus balones de oro. Ha hecho tan despreciable, incluso para muchos madridistas, su figura seudodeportiva, que no logrará en muchos de nosotros mejor configuración ni con euros, ni con goles, ni siquiera con declaraciones opuestas. Aunque ya sabemos que toda esa miseria moral ha sido posible por la masa de fanáticos (llamados fans) rendidos y ovejunos, si bien no tan miserables como él, capaces de levantar ídolos de esa talla, de aplaudirles en sus peores desaguisados, de clamar por su permanencia, pero también, ay, de sustiuirlos en cualquier momento, porque sin idolos no pueden vivir.

La repugnante e injusta blasfemia

 

    No vengamos ahora desde la prensa justamente progresista a minusvalorar, cuando no a justificar desahogos excrementicios sobre Dios, la Virgen y no sé si alguna otra figura de la corte celestial», aunque su autor sea el mediático y extravagante Willy Toledo. Por todo eso no se merece precisamente el calificativo  de esforzado, ni sólo la tacha de responsable de una simple sarta de groserías, que sólo atentan contra la buena educación. Tampoco son comparables los cultos que veneran a las deidades con los que las maldicen y desafían de manera grosera y ofensiva para con las convicciones, querencias y sentimientos de los seguidores de aquéllos. Quejarse de las desdichas ante Dios o blasfemar (de blasfeméo, maldecir), a la manera unamuniana, no es lo mismo que blasfemar grosera y agresivamente, escandalosamente, hiriendo y ofendiendo a los creyentes. Como no se puede injuriar y maldecir públicamente a los padres o amigos de cualquiera o a la Patria de cualquiera, lo que haría imposibe la convivencia en paz en cualquiera sociedad. Si maldecir a Dios, máximo Amor de los creyentes, con las expresiones más asquerosas y repugnantes del diccionario, y casi siempre por un prurito de falsa modernidad, de falso progresismo, de profesional antisistematismo, de falsa libertad de expresión, es… libertad de cultos, como sostiene nuestro filósofo de cabecera, venga Dios y lo vea. O venga la estatua de la Libertad o el Progreso mismo en forma de juez informal, y… no lo vean.

No me pidas poemas

 

No me pidas poemas.

Dime

los versos silenciosos,
delirantes,
de tus lágrimas de gozo,
derramadas
por un cielo poblado de mejillas.

Cuéntame el exacto sonido de las olas,
que venían a llevarse los secretos;
que querían,
                       como blandos animales cariñosos,
acariciar la miel de  tus pezones.

Susúrrame de nuevo la dulce letanía
de ternuras,
lentas,
difíciles,
estremecidas casi,
cortadas
por el ansia explosiva del silencio.

No me pidas poemas.
Que quiero prolongar
tu poema de carne.

 

¿Casos «aislados»?

 

    Una de las leyes de la dialéctica nos enseña que la cantidad, a un cierto grado, deviene calidad. Dicho en lenguaje literario, los casos aislados en los procesos de corrupción, crimen organizado o similares, cuando se repiten mucho o convergen peligrosamente, dejan de ser aislados para convertirse en archipielágicos. Las islas son entonces archipiélagos, cuando no penínsulas o tierra firme. Tal es el caso, metidos ya en terreno politico, del Partido Popular y de su presidente Mariano Rajoy tras la primera sentencia de la red de corrupción llamada Gürtel (cinturón, en alemán).- Mejor, pues, unas elecciones cercanas, en el primer otoño, convocadas por el actual Gobierno, no ya en funciones, sino en fundición, que la agonía de muchos meses para el mal de todos y el regocijo que quienes no lo merecen.

Algo de John Sénior

 

         John Sénior (1923-1999) fue un converso norteamericano, profesor en la universidad de Kansas, promotor, junto con otros dos colegas, del  Programa Integrado de Humanidades Pearson, que concitó numerosas conversiones al catolicismo, y autor del libro The Restoration of the Christian Culture. Más que su aversión a la televisión, intrínseca y extrínsecamente mala, y otros excesos o tradiciones muy particulares, me interesa su prédica de las cosas bellas: música, lectura, deporte duro… y su distinción entre catolicismo tradicional y puritanismo: No es falta de fe, es falta de música: nunca han tenido en su hogar aquello que les hubiera formado el buen gusto y el buen sentido. ¿Y qué decir de la lectura en el hogar? Ya nadie lee. El movimiento en favor de los grandes clásicos, lanzado por la generación que nos ha precedido, no pudo alcanzar su cometido. No por culpa de los libros. (…) los libros se perdieron en espíritus que ya no sabían leer.

Artesanos

 

  Lo escribí hace muchos años, en una Feria de Artesanía, cuando Marcos Saragüeta Zubiri, de 87 años, natural de Mezkiritz, aparecía como el último de una saga de cuchareros de boj, o, al menos, como el mejor o uno de los mejores.

Hay que elegir bien los troncos de boj en el monte. De eso depende, en gran medida, la calidad del tenedor, de la cuchara y del cucharón.

Sobre el banco o tajón, Marcos va cortando la madera con el hacha de labrar. Con la marraza o cuchillo de mano consigue luego dar forma definitiva al mango de los cubiertos, pero sólo con la juela o zellu, espcie de gubia curva, logra vaciar el hondón del cazo de la cuchara. hasta que con una cuchilla o navaja y mucha paciencia la madera queda lisa, suave y luciente.

– Venga esa cuchara, Marcos.

Y aqui están los toneleros hermanos Martiartu Echeverría, de Murchante, reino municipal del buen vino, dándole a la maceta, al chazo, al cepillo de oreja, a la garlopa, al estobador, al gasteador, a la rasqueta, a la azuela y a la sierra. La madera de roble del País deja un perfume seco; la de cerezo, algo más afrutado.

Y este centón de cencerros -hierro y latón- de todo tipo: acampanado, virtante, cuartizo, campano, esquila, barrumbo, campanillo…, que ha podido moldear Epifanio Lazcano, en Iturgoyen, o Juan Apezetxea, en Lecumberri.

Los cuchareros, toneleros, cereros, olleros, alfareros, cordeleros, cencerreros, hojalateros, molineros o curtidores… fueron un día la pequeña nobleza artesanal. Oficios que han desaparecido o van desapareciendo, después de cientos, de miles de años.

Son herencia y símbolo de otras edades, y preciosas excepciones de la nuestra.

Quién sabe si un día volverán en forma de arte, de afición o de necesidad.

Teresa, de Villajoyosa

 

Fue tal  vez un efecto de la anestesia de la pequeña operación. Me desperté a una hora intempestiva. Sobre la mesilla de noche había un transistor. Contra mi costumbre, lo abrí y di con el programa Poniendo las calles, de Carlos Moreno, si no recuerdo mal, en la cadena COPE, que no conocía en absoluto. Un programa entretenidísimo y muy bien llevado por el conductor. Uno de los personajes de esa madrugada fue Teresa, de Villajoyosa. A las tres de cada noche, hora en que murió su marido, después de muchos años de convivencia, se despierta y se pone a hacer algo: esa noche hacía unas zapatitos para una de sus nietas. Luego se puso a hablar con el presentador sobre su vida actual, sobre su marido, sobre sus aficiones mutuas, la música que les gustaba… Y entre la música que les gustaba para oírla, para bailarla, estaba  la cantada por Antonio Machín, y su canción favorita Toda una vida.  Le puso el presentador el disco. Se emocionó la mujer. Y yo con ella:

Toda una vida,
me estaría contigo.

No me importa en qué forma,
ni cómo, ni dónde,
pero junto a ti…