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Elecciones europeas

 

         Si la rueda de candidatos a las elecciones del Parlamento Europeo, que ha presentado Xavier Fortes en TVE esta noche, fuera una prefiguración de lo que va a ser la Unión Europea en la próxima Legislatura, pocos avances serían posibles en ella. Dejando aparte todo lo dicho sobre Cataluña, los presos, etc. y otras menudencias de la politica española, apenas si ha habido concordancia en algo importante: la lucha contra el cambio climático en términos generales, y, por lo tanto, abstractos; la necesidad de una armonización bancaria y fiscal (a la que se opone VOX) y de la seguridad de los depósitos de los impositores; la eliminación de los paraísos fiscales… Y poco más. Sobre la política agraria común he oído las mismas críticas de hace 30 años. Sobre la inmigración, las nuevas demagogias. Y sobre la innovación y revolución tecnológica, frases leídas que posiblemente los mismos candidatos no entienden.

La verdad es que la asignatura Europa es muy difícil. Es intentat hablar de todo, y todo es muy complejo. Todos dan por hecho que populismos y perversos nacionalismos son muy peligrosos en Europa, pero cada uno re refiere… a los demás, nunca a sí mismos.

Esperemos que en esas candidaturas la mayoría de los candidatos tengan las cosas claras. O que estos mismos cabezas de lista, que sólo podian hablar 4 minutos, lo hagan mejor con un poco más de tiempo. Y que el resto de los candidatos de los 28 Estados europeos (incluido, ay, el Reino Unido) completen el cuadro renovador y reformador de nuestra querida Europa, de cuya crisis hablan todos, sin saber a veces cuál y cuánta.

Por imperativo legal

 

        Por imperativo legal -contestaba el otro día el presidente del tribunal, Manuel Marchena, a una testiga de las defensas de los independetistas, que blandía ese estribillo- se celebraba el mismísimo juicio. Por imperativo legal, él presidía, ella daba su testimonio, defendían los abogados, acusaban los fiscales… Todo por imperativo legal. Lo que era decir… nada.

La formulita tramposa y cobarde la inventaron en aquel tiempo los diputados batasunos, para mostrar su rechazo a la Constitución y dejar claro que tenían que acatarla para que no los expulsasen del Congreso. Y ahora, oh prodigio, la utilizan los independentistas catalanes y los confederalistas y autodetermnistas del PNV, más todo aquél que quiere aparecer progresista y no ser tachado de españolista. Pero ninguno de ellos declara que por imperativo legal se presenta a las elecciones, acude al Parlamento, cobra el dinero de todos los españoles entre los que no se cuenta, participa en la legislación de un Estado que aborrece, y se llama diputado del pueblo español que detesta.

Lo cierto es que ha sido un triste espectáculo, estrenado hace cuatro años por los podemitas, entonces ya tolerados por aquel PP mayoritario, y ahora legitimados por el PSOE. El Tribunal Constitucional no dijo en su sentencia sobre el acatamiento de la Constitución lo que la presidente del Congreso, Meritxel Batet, dijo que dijo. Querer creer que alguien acata la Constitución, mientras habla de presos políticos, de exiliados,  además de obedecer o de ser fiel a la voluntad del 1 de Octubre, es, además de un clalro fraude de ley, todo un esperpento político, como esperpento cívico ha sido todo el conjunto de la sesión. Incluso, para tal calificación, ha ayudado mucho la figura del presidente de edad de la Cámara, un honrado médico burgalés , de 73 años, de exquisito castellano, con barbas de chivo blanco, que a todos nos ha evocado  la eminente  figura de don Ramón María del Valle Inclán, autor de nuestros mejores esperpentos. Como el de hoy.

Últimos aforismos

 

         Padre chatarrero / hijo caballero / nieto pordiosero. Una pirámide lógica y habitual  en los siglos XX y XXI.

En la vida política y social la épica de la resistencia no puede suplir la falta anterior de la prosa de la asistencia y de la insistencia a la hora de ejercer los derechos y deberes  cívicos en todo tiempo y lugar.

El adanismo  -sin Adán- es puro cinismo.

La parábola pascual de Lucas 24, 13-35

 

         El evangelista Lucas, en el capítulo 24, versos 13-35, de su Evangelio, sobre los discípulos de Emaús, nos ofrece el desarrollo más perfecto y detallado de una aparición-visión pascual, antes de fijarnos en los posteriores versículos la expresión de conjunto de la comunidad primitiva. Buen historiador, teólogo avezado, catequista fino, el susodicho texto, una joya literaria, nos ofrece en su estructura dramática una especie de parábola pascual que contiene las dimensiones mas profundas de los encuentros de los discípulos con Cristo. Es un ejemplo de teología narrativa, donde la verdad se expresa en forma de relato. Jesús hace comprender a dos de sus discípulos, decepcionados por la muerte del Maestro, que huyen de Jerusalén, a través de una viva y realista interpretación de las Escrituras, la exigencia y el valor del sufrimiento por amor como camino salvador del Mesías esperado.

Es la catequesis bíblica de la resurrección de Cristo. La fe cristiana es una nueva forma de entender la ley y los profetas. Y a la interpretación de las Escrituras se une la conversación fraterna, la invitación generosa, la mesa compartida, el pan partido:  notass constitutivas de una comunidad fiel, fraternal / sororal y misionera. Que vale mucho más que un argumento científico y que una aislada aparición-visión. Aunque todo puede ir de la mano.

¿En qué quedamos?

 

         «Presidenta: O Chivite o el Nacionalismo», ha dicho en Pamplona, como lema y consigna, el presidente en funciones del Gobierno, Pedro Sánchez. Y va y viene Chivite y escoge como socios de Gobierno al nacionalismo vasco, confederalista y autodeterminista, de Geroa Bai, y al seminacionalismo y militante autodeterminismo de PODEMOS. ¿En qué quedamos?

En Loarre y Riglos (y III)

 

          Con el mismo billete para entrar al castillo, podemos visitar la iglesia parroquial de San Esteban en Loarre, población trasladada acá en el siglo XVI y hoy villa de Loarre, de 370 habitantes.  Se construyó  el  templo sobre los cimientos de otro, románico, perteneciente al entonces Burgo de San Esteban de la Huerta. De aquel tiempo es la torre campanario, con tambor octogonal, rodeado de pináculos, rematado en una pirámide hexagonal, con bolas en los vértices. Toda una exhibición de rosas rojas y amarillas engalana la pared exterior del atrio.

Por dentro, la iglesia es un edificio del siglo XVIII, de planta de salón y varias capillas laterales. Sin duda la más interesante es la llamada gótica, bajo la torre, con frescos historiados del siglo XVI; una hornacina con las arquetas y relicario de San Demetrio -mártir de Tesalónica, a comienzos del siglo IV- y varias tallas románicas procedentes de la iglesia de San Pedro, del castillo. Otros dos retablos renacentistas son los dedicados a San Pedro y a la Virgen del Rosario, con finas tablas policromadas y ornamentación plateresca. En contraposición con ellas, resalta la capilla grande de San Demetrio, bastante descuidada, con relieves en los muros de la traslación de las reliquias del santo griego y grandes bultos de santos, toscos y desproporcionados, en el retablo barroco del siglo XVIII.

A la vuelta, nos detenemos, cómo no, ante el descarado desafío geológico de los mallos (maleus: martillo) de Riglos, dentro del Monumento Natural de los Mallos de Riglos, Agüero y Peña Rueba. Llegamos hasta cerca de su base y nos tomamos un refresco en la terraza de un bar próximo, sin quitar ojos de esos gigantes  rebotes del viento, la lluvia y la nieve, grises, sienas, color tierra, color carne. Depósitos aluviales, tras formarse la cordillera pirenaica, fueron  elevados hasta esa altura, hoy de 275 metros, por plegamientos de las capas inferiores y posteriormene erosionados. Conglomerados del Mioceno, cantos rodados cementados por grava y arena, hay altos y bajos, y todos tienen su nombre familiar, como si fueran componentes de un coro popular o miembros de un equipo de baloncesto. Los grandes: Fuso (huso), Visera, Cuchillo, Peña de los Buitres… Dos, tres, cuatro buitres revuelan alrededor de los mallos más orientales, pero contamos no menos de 25 nidos (agujeros con deyecciones blancas) en todo el macizo. Dudamos  de que todos sean nidos de buitres, porque vemos  también revolar por allá algunos grajos, o eso nos parece. En la parte baja de las paredes anidan muchas golondrinas blancas que revolotean por encima del pueblo.

Vemos volver hacia sus coches a varios escaladores, con todos sus arreos. Desde 1935 se cuentan  sus aventuras y sus hazañas: conquistas de los mallos por todos los lados, con sus nombres y fechas. Siete perdieron la vida en el empeño. Nos dicen que ahora los accidentes son muchos menos, porque las equipaciones son muchos mejores y extremas las precauciones.  Además de la escalada alpina, se practica también la escalada en pared  y las vías ferratas, y hasta los arriesgados saltos base.

La gente del pueblo de Riglos no tiene miedo a los mallos, por muy martillos gigantes que parezcan. Se sonríen. Son vecinos seguros. En parte,  de los mallos viven, A pesar de la erosión, que constatan los más viejos del lugar. Felices ellos.

En Loarre y Riglos (II)

 

         ¿Qué hace ahí, bajo la puerta principal del castillo, esa torre exenta, de finales del siglo XI? Es la torre albarrana, y, como su nombre lo indica, es la torre de vigilancia, y fue a la vez un día la torre de la iglesia parroquial del poblado, reunido a la sombra de la fortaleza.

Subimos desde el majestuoso portal románico, por la solemne, empinada escalera de piedra, bajo una bóveda de cañón, decorada con ajedrezado jaqués, una de las señas artísticas de este monumental conjunto arquitectónico. La pequeña cripta de Santa Quiteria -la santa quitadora de todos los males- nos sale al paso, justo debajo de la iglesia de San Pedro, una de las maravillas de Loarre: henchida de luz y belleza, bajo una cúpula de 26 metros de altura. Los veinte capiteles del ábside semicircular, con figuras bíblicas, vegetales y fantásticas, nos retiene un buen rato.

Y, ya que estamos en las dependencias monásticas, seguimos hacia los pabellones del viejo manasterio agustiniano, luego residencia de nobles, de los que quedan, como testimonio, los arcos fajones que sostenían los dos pisos superiores. Pasando por la sala de armas, los calabozos (o lo que fuera), la cillería, etc., entramos por la puerta antigua del castillo en el amplio patio de armas, donde destacan: el mirador de la Reina, que da a los montes septentrionales, de encinas y robles; los aljibes; los pabellones militares; los depósitos; las cocinas… Y la pequeña, elemental, capilla de Santa María, cuando no existía aún la de San Pedro, en la que rezamos una salve en latín. Nos subimos, por fin, a la torre de la Reina (doña Munia, doña Mayor), encima de la puerta de entrada, y a la más alta, del Homenaje (22 m.), de cinco plantas, unida en aquellos tiempos al castillo sólo por un puente levadizo. Desde aqui contemplamos la Hoya, cegada de luz, y a nuestros pies, un la muralla exterior del siglo XIII, que rodea por el sur los 10.000 metros cuadrados del conjunto fortalicio, en perímetro de 172 m., con sus paños, sus torreones circulares, y su entrada en recodo.

A punto de dar las tres en el reloj del sol de la Hoya de Huesca, y al aire fresco de la tarde soleada, damos cuenta, sosegadamente, en el jardín del Campin del sotomonte, de una copiosa y apetitosa comida aragonesa, en la que brindamos por nuestro buen rey y señor Sancho III Garcés, llamado el Mayor, rey de la Españas de entonces, desde este rincón estratégico de las Españas de hoy.

En Loarre y Riglos (I)

 

        Mañanita de mayo, embrujada de luz reciente en un mar de verdes. Acompaño a un amigo profesor y autor de un libro sobe nuestro gran rey, Sancho III Garcés, que quiere conocer el castillo de Loarre, comenzado a construir a mediados de su reinado, como el mejor fortín defensivo oriental del Reino. La larga sierra pirenaica lleva todavía demasiada nieve como para que pueda todavía aserrar bien el cielo azul. Tras un café en un hotelito del Puente la Reina aragonés, ahora en venta, y por la ruta azul y verde del Gállego, llegamos a la villa de Ayerbe un poco antes del mediodía. Aqui proclamaron la República los republicanos locales el 12 de diciembre de 1930, tras la insurrección militar de Jaca, y en el Casino Kursaal estuvo detenido el capitán Fermín Galán tras rendirse en el vecino Biscarrués.

Antes de llegar al pueblo que lleva el nombre del castillo, lo vemos allí arriba, confundido casi de color, roquedo castillar o castillo roquedal, que todo parece uno: estampa del castillo románico mejor conservado de Europa:

hoguera de piedra, volcán de piedra, lava de piedra.

Arranca, como la roca y junto a las rocas, de un altillo, sobre la ladera de la serrezuela que se llama como él. Sobre un monte bajo de pinos, encinas, acacias, plantaciones de almendros, cerezos, olivos, jarales, hollagas, y mayormenrte bojerales, dominando literalmente la extensa Hoya de Huesca, llanura infinita verdigris, con pequeños pueblos en bajorreelieve. Y allí al suroeste, la línea zigzagueante del río Gállego y su corte arboral, y cerca, el embalse fúlgido de la Sotonera. Gente de mucho ojo, o visionaria, quién sabe, dice que, en estas mañanas radiantes, ve, entre las últimas brumas, las torres y hasta las palomas del Pilar de Zaragoza.

Dejamos el coche a la sombra de  un pinar de repoblación, y armados de dos audioguías que nos dejan en el nuevo Centro de Interpretación, anexo a un bar-cafetería, nos disponemos a conquistar cognitivamente el castillo.

Sobre las probables ruinas de la Caligurris fibularia romana, a 1070 metros de altitud hizo levantar el rey de Pamplona la fortaleza de Loarre, todo un proyecto militar: el edificio real, el patio de armas, la capilla, el torreón de la reina (antigua torre defensiva), las estancias militares y de servicio y la torre del Homenaje. El año 1071, se iniciaron las obras de fortificación  y configuración actual del conjunto, añadiendo el compartimento religioso del monasterio de los canónigos de San Agustin y la iglesia románica de San Pedro, con la cripta de Santa Quiteria. Desde Loarre Sancho Ramírez atacó los dominios de la taifa de Zaragoza y conquistó por primera vez la cercana Bolea (1083). Pero, tres años más tarde, pensando en la conquista de Huesca, comenzó a construir el célebre monasterio de Montearagón, terminado en 1089, al que llenó de donaciones y privilegios. Perdió así Loarre el carácter estratégico y monástico que tenía, trasladándose los canónigos al nuevo castillo, sirviendo el viejo monasterio de residencia a tenentes y seniores del reino de Aragón, sobre todo después de la toma de Huesca (1096).

 

La épica de la resistencia

 

       La épica de la resistencia, a veces tan necesaria, tiene una gran debilidad cuando los sujetos resistentes no han cultivado a su debido tiempo la prosa cotidiana de la asistencia y de la insistencia. Suele llegar tarde, tiene entonces poca fuerza moral, y todavía menos si su épica respira agresividad, resentimiento u odio. No suele ser convincente y mucho menos entusiasmante. Antes bien, provoca a menudo cansancio y decaimiento en los propios y mayor resistencia en los ajenos.

Mujeres de la Pascua

 

      Leo, releo, medito, durante este tiempo de Pascua un libro que tenía olvidado en mi biblioteca, y que es una joya, Camino de Pascua: Misterios de gloria (1996), del gran teólogo vasco-salmantino, Xabier Pikaza. Siguiendo a los penúltimos grandes exégetas de los cuatro evangelistas, y a los penúltimos grandes teólogos y exégetas sobre la Resurreción, Pikaza escribe veinte preciosos capítulos, que son veinte lecciones magistrales de conocimiento bíblico, de reflexión teológica y de amorosa contemplación.

Lo cierto es que el Maestro Jesús de Nazaret, quien, contra toda norma rabínica, andaba por Galilea acompañado de mujeres -María de Magdala, Juana, Susana…-, cuando todos los discipulos huyeron en Getsemaní, estuvo seguido por un grupo de mujeres, que estuvieron lo mas cerca de la cruz que pudieron. Esas mujeres participaron en su entierro, y la mañana del sábado, fueron al sepulcro con intención de ungir el cadáver. Lucas da sus nombres: Maria Magdalena, Juana, María la de Santigo y las demás que estaban con ellas (24,10). A ellas se les apareció el ángel del Señor: más que un ángel: Malek Yahvé (presencia actuante de Dios o gran teofanía), que les mandó ir a dar a Pedro y los otros discípulos el anuncio de la Resurreción y el mandato de volver a Galilea. Cuando ellas corren a dar la buena noticia, entre asustadas y gozosas, les sale al encuentro (hypéntesen) el mismo Jesús resucitado, a cuyos pies se arrojan para besarlos y adorarle, y les da el mismo mensaje (Mt 28, 9-10). Marcos y Juan relatan un encuentro aparte de Jesús con María de Magdala.

Dios hace, pues, a las mujeres galileas, que acompañaron a Jesús hasta el último momento, mensajeras de la Pascua, así como apóstoles fundantes, trasmisores de la Resurrección ante los discípulos y ante el resto de la Igesia. En estas mujeres se compendia el mensaje y la vida de la primera Comunidad cristiana,

(Dios mío, ¿dónde han quedado las mujeres, sucesoras de aquellas galileas, en la Iglesia de hoy?)