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En las Clarisas de Salvatierra

 

         Dejamos el coche esta vez bajo la muralla occidental, cerca del Centro de Salud. El ascensor está fuera de uso y subimos las empinadas escaleras que nos llevan al centro histórico, donde el ventarrón es el transeúnte más frecuente y activo. La calle mayor es un museo urbanístico de casonas de los siglos XV-XVIII, aunque está  casi vacía, pero más limpia que cuando gobernaban los alegres y combativos muchachos de Bildu. La mayoría de la población -más de 5000 habitantes y muchos inmigrantes-, que ha crecido al compás de la industrialización de la villa, ha ido derramánose a ambos lados, occidental y oriental, del otero amurallado, uno de los más bellos de Euskadi.

El 13 de mayo de 1446, doña Juana García de Lequedona, vecina de la villa, dejó su casa e iglesia de San Pedro para alguna buena persona de santa y buena vida religiosa. Seis años más tarde, ocho mujeres habitaban el llamado beaterio de Salvatierra. Ese mismo año, pasaron a la Tercera Orden de San Francisco, profesando la Regla de Santa Isabel. En 1564, un incendió casual devoró la villa de Salvatierra, y la peste negra acabó con el cuarenta por ciento de los vecinos; de la casa e iglesia del beaterio no quedó más que una parte de la muralla y un retazo de pared; el ayuntamiento las acogió en la casa e iglesia de San Martín (hoy casa consistorial y archivo municipal), donde estuvieron hasta que las beatas reedificaron su casa e iglesia de San Pedro, apoyadas en la muralla oriental de la villa, calle de las Carnicerías. Tiempos de pobreza y de necesidad. El número de religiosas se redujo mucho y hubo varios intentos de trasladarlas a otros lugares. Hasta que en 1611, con la abadesa Antonia Manrique de Arana, venida del monasterio de Hermanas Clarisas de Vitoria, se fundó en el largo y estrecho beaterio de Salvatierra un monasterio de las Hermanas Pobres de Santa Clara. Desde entonces fue creciendo en todos los órdenes y consolidándose en todas sus dimensiones, aunque en los siglos XVIII y XIX la comunidad se vio obligada por diferentes guerras a abandonar el lugar, siendo acogida por otras comunidades cercanas.

En 1997, respondiendo a la petición del obispo alavés, Jesús Ramón Martínez de Ezquerococha, obispo de Los Ríos (Ecuador), cuatro hermanas de Salvatierra salieron hacia Montalvo, provincia de Los Ríos, para fundar un nuevo monasterio de Hermanas Clarisas, cuya comunidad está hoy formada por 23 religiosas. Pero llegó un momento en que todo el longo caserón corría peligro de derrumbe por falta de adecuada cimentación, lo que se vio claro cuando las hermanas quisieron arreglar el tejado, poner un ascensor y adaptar el obrador a las nuevas necesidades del mercado popular de los dulces artesanos. Lo que les obligó a vivir tres años fuera del convento, aunque cerca del mismo, en un viejo palacio, propiedad del ayuntamiento. Pero en junio de 2013 pudieron volver a la calle de las Carnicerías. En esa ocasión, la comunidad se acrecentó con las seis hermanas que llegaron del monasterio de Loiu-Lujúa (Vizcaya), con las que habían entrado en relación sororal hacía tres años en orden a formar una nueva comunidad conjunta. Son también, aqui y ahora, 23 las hermanas, muy queridas, como siempre, en el pueblo.

Y desde entonces nosotros no hemos faltado a la cita navideña de los turrones, mazapanes y chocolates, tres clases muy variadas de los dulces artesanos de la casa, de cuyos ingredientes, propios y detallados, da cuenta la página informática de la casa, que algunos llaman webb. Hay mucho para elegir: turrón de trufa, turrón de yema tostada extra, turrón de yema extra, turrón nata-nuez extra, turrón de guirlache supremo, turrón de chocolate almendra, turrón de coco, turrón de coco bañado de chocolate, turrón de chocolate avellana, mazapanes, empiñonados-almendras, pan de Cádiz, glorias de mazapán, polvorones. Todo ello presentado en tabletas, cajas o bolsas. Además de listas de dules personalizados, envueltos en exquisita ornamentación de regalo. Esta vez, como la propaganda en Pamplona ha sido mayor, nos llevamos más bolsas que nunca.

Volvemos por donde hemos venido, y el ventarrón intenta arrancárnoslas cuando atravesamos los  estrechos cantones y las calles Carnicerías, Mayor y Zapateros. Pero sin conseguirlo.

Derivaciones del fallo del TJUE

 

El fallo del TJUE es la respuesta a una pregunta del TS de España en relación con los derechos y garantías de los políticos separatistas procesados y condenados.

Ambos tribunales son parte de la misma Justicia europea, del mismo sistema jurídico de derechos y deberes, de inmunidades, penas y castigos.

El alto tribunal europeo avanza en el reconocimiento y práctica de la inmunidad de los europarlementarios, por encima de las condiciones impuestas por los Estados y por encima de la praxis hasta ahora sostenida por la Comisión Europea y por el Parlamento Europeo, obligado también a ejecutar el fallo.

Frente a toda falsa y partidista interpretación, la sentencia del TJUE no toca para nada la sentencia del TS español  en el caso de los políticos delincuentes separatistas catalanes y de sus penas.

El caso de Junqueras está cerrado y sólo queda que el TS español acredite ante el Parlamento Europeo su condición de procesado y condendo por la Justicia española.

En el caso de Puigdemont y Comín queda toda la comedia política que son capaces de llevar a cabo hasta que el TS español recabe del Parlamento Europeo el suplicatorio para despojarles de la inmunidad parlamentaria y cumplir la euro-orden que pesa sobre ellos.

Más importante será la repercusión que tendrá todo esto en el electorado catalán cuando lleguen las elecciones autonómicas.

Y en el conjunto de España, está por ver la decisión de este Gobierno, con un presidente en funciones de imprevisibilidad, dado el poco valor que tienen para él las palabras, los conceptos, los valores y todo eso.

El fallo del TJUE

 

    En medio del alboroto jurídico y político -y quiera Dios que sólo eso-, que va a causar el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea -cuyo carácter hipotético, y por tanto poco práctico, ya anunció el avisado abogador general de la UE en noviembre pasado-, quiero solamente decir que la doctrina sostenida en el caso por el Tribunal Supremo de España, la Abogacía del Estado, la Fiscalía del Estado, y el Gobierno español era la que sostenían también, al unísono, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.

En adelante las cosas tendrán que hacerse de otra manera, si no se cambia el Protocolo actual del diputado europeo.

Luces de fiesta de invierno

 

Muchas estrellas de hielo.
Muchas estrellas de nieve.
Y una que otra estrella breve
de las que van por el cielo.

¡Qué iluminación tan bella!

Pero en toda la ciudad
no se ve la estrella
de la Navidad.

Mucha luz, cara y ruidosa,
de fiesta de fin de año,
luz de relumbrón y engaño,
ni alegre ni jubilosa.

¡Qué iuminación tan bella!

Pero en toda la ciudad
no se ve la estrella
de la Navidad.

«Conflicto político»

 

       Durante años y años, tuvimos que hacer frente a la trampa con la que ETA-Batasuna quería justificar sus fechorías, que era el conflicto político. Era ese conflicto político el responsable de los asesinatos, exrtorsiones, estragos…, causados por ETA. Ahora los independentistas caatalanes pretenden endilgar al conflicto político todos los desórdenes, excesos, violaciones de la ley, sedición, malversacióón de fondos públicos, y hasta rebelión, que sí la hubo, aunque la violencia fuera menor: ¡Todo es cosa del conflicto! Pero en este caso el Gobierno y el Partido Sánchez han caído voluntariamente en la trampa, porque saben que es condición sine qua non para su abstención en la investidura del lider supremo. Traición por abstención.

Además, aparte lo dicho, puede haber un conflicto, causado por una sola de las partes. Y ese conflicto puede ser terrorista, secesionista, político y social, de convivencia… Secesionista, político y social, de convivencia es el conflicto catalán, causado por los partidos políticos independentistas catalanes. Todo esto se decía hasta anteayer por el Gobierno y sus partidarios. Pero ahora ni siquiera se atreven a decirlo. Así que, además de querer hacer olvidar los hechos gravísimos de 2017, juzgados y sentenciados, intentan blanquear la misma palabra conflicto, como si sólo se tratara de una mera disensión, de una habitual controversia, ¡donde ni siquiera se cortaran carreteras nacionales, autonómicas y locales, o se impidiera el juego de un partido de fútbol entre el Barcelona y el Real Madrid!

En Camero Viejo

 

     Junto a la cantera próxima a  Leza de rio Leza (topónimo vasco que nos evoca una sima, abismo, garganta, cueva o foz) se abre el recorrido  por el cañón de su nombre, uno de los mayores atractivos de la Reserva de la Biosfera de los valles del Jubera, Leza, Cidacos y Alhama (Unesco, 2003), que pensamos emprender la próxima primavera. Y aún tenemos sin ver las ermitas medievales de San Martín y de la Virgen del Prado, que junto a la iglesia de Santa María la Blanca, del siglo XV, son las joyas de este reducido pueblo de treintaitantos habitantes, levantado en una pequeña terraza dentro de  la inmensa hoya cavada por el afluente del Ebro.

En los nueve kilómetros que hay hasta Soto en Cameros, capital de la comarca Camero Viejo, nos alegran la vista las altas paredes del cañón, a las que el sol de diciembre arranca  chispas de luz blanca y sepia. Y aqui está Soto, uno de los pueblos más ilustres y bonitos de la La Rioja y aun de España. Pasamos por el puente -unos lo llaman románico y otros del siglo XVI- y llegamos hasta la  plaza, con su frontón, donde nos saluda desde su estatua en bronce  (1920) el ilustrado indiano Juan Esteban de Elía, que apunta con su mano a las escuelas de su creación (1775), un edificio de tres plantas, con arcadas, que a partir de 1975 se convirtió en casa consistorial. Juan Esteban pagó con su fortuna mejicana las escuelas de tres maestros y abrió un fondo para los estudios universitarios de mocetes pobres que lo merecieran. El autor fue otro soteño del mismo apellido, Francisco de Elías, que fue escultor de cámara de Isabel II. Después de comprar, ritualmente, unos mazapanes -únicos- en el obrador de las hermanas Redondo y de tomar café en el  Casino, damos un paseo, comenzando por el jardín del mismo, junto al remanso del río que hace de piscina pública y libre. En frente vemos los arcos restantes del viejo molino Arriuco (puro vasco: de piedra) y allí arriba, en el barrio alto, el antiguo hospital de San José (1775) -hoy, albergue-, con su gran escudo, la hornacina con la escultura del santo y una espadaña rematada en cruz. Los fundadores fueron los hermanos Ximenex-Pérez, oriundos de aqui y vecinos de Cádiz, uno de ellos obispo de San Juan de Puerto Rico. Un sendero bien cuidado y arbolado corre a lo largo del cauce hasta los restos de viejas casas construidas sobre rocas, y ahora derruidas o abandonadas. Allí arriba, se alza la ermita de Nuestra Señora del Cortijo, de origen medieval, de mucha devoción en la zona, asentada en un alto aterrazado, donde primitivamente hubo un fortín y un  templo, el primer núcleo del poblado.

Detrás de la casa consistorial vemos el palacio del maqués de Vallejo (s. XVII), con su escudo de cinco bandas y cinco corazones. Dos perritos alborotadores se nos echan encima, como si fuéramos los niños que juegan con ellos. Son los primeros vecinos que vemos en este pueblo que llegó a tener 2.520 habitantes en 1842 y 1.063 en 1900, y ahora, contando con las dos docena de la aldea de Trevijano, tiene sólo 87. Estos días hay más movimiento de gente en torno a los mazapanes de la Viuda de Manuel Redondo. Algo más arriba se yergue la iglesia catedralicia de San Esteban (XVII-XVIII), de plana basilical, una nave, espléndido retablo y torre orientalizante. A su lado oriental corre un regato que separa el caserío, de piedra, ladrillo, madera y adoble, que sigue subiendo con edificios de hasta 7 u 8 alturas. Vemos gatos blancos en muchos sitios.

Soto en Cameros, que fue capital de la Junta de Rioja durante la guerra de Independencia, ha sido un pueblo de gentes ilustres, como hemos visto, y de políicos españoles, como el ministro de Estado y Justicia, Claudio Antón de Luzuriaga,  y el de Gracia y Justicia, Ventura González Romero, ambos del siglo XIX. Otro diputadoy senador, José España, da nombre a la calle más cercana  al río Leza.

No tenemos ni tiempo ni ganas de ver un montón de icnitas de dinosaurios carnívoros y herbívoros en las cercanías, pero al volvera Pamplona, vemos las casas altas de Trevijano y no vencemos la tentación de subir por un largo y curvo carretil, entre quejigos y encinas, hasta la actual aldea, que llegó a tener 340 habitantes a comienzos del siglo XX, hoy reducidos a 29. Cuando alcanzamos la cumbre, a 1011 metros, un viejo caballo blanco y una burra o asna parda, preñada, nos impiden la entrada, quietos en medio del carretil. Con las luces del coche conseguimos que se ladeen un poco. Acaban de encederse las luces del pueblo, situado en un collado entre la cima de Cuernosierra y la meseta de El Plano. Los depósitoa de agua junto a unas casas derruidas y una próxima vacada, de la que sale un hombre, pastor al parecer. No vemos otra alma en Trevijano. Nos acercamos al bulto de la iglesia de San Cristóval (sic), siglo XVI, sobre unas rocas, en lo más alto del poblado, que se resguarda, en su mayor parte, bajo él. Vemos desde allí, entre calles retorcidas, la plaza mayor, el frontón y una fuente. Dos vacas royas se mueven mansamente cerca de la puerta de una casa debajo de nosotros. Pueblo de trashumantes en los tiempos de la Mesta, y luego de ganaderos, el pueblo se vació en los setenta tras la fuga general hacia Logroño, pero unos pocos resistentes y unos jóvenes aventureros del Valle – a los que entonces llamban hippies– decidieron vivir aqui, y fundaron la Asociación de Amigos de Trevijano, que ha hecho de verdadero Ayuntamiento desde que el lugar quedó integrado en el de Soto en Cameros (1979). Hoy, la población se triplica los veranos, hay varios talleres artesanos de carpintería, encuadernación, cerámica…, y es muy activa la vida cultural y deportiva del pueblo. Junto a la iglesia, hay un letrero que dice: «Teleclub. GYM».

Pega un viento que pela. A la salida, no está la burra, pero sí el caballo, casi en medio del carretil. Avanzamos despacio, pero no se mueve, parece estático. Pasamos con miedo, el retrovisor rozándole casi la cabezota. Recordamos El Padrino y alguna escena de Buñuel. Allá abajo, lejísimos, el fogón de Soto, capital de Camero Viejo.

Tercer domingo de Adviento

 

(Sobre el salmo 85)

 

Restáuranos, Señor, Salvador nuestro,
vuelve a darnos la vida.

Escucharé lo que me dices
sobre el futuro de tu pueblo.

Ya sé que te acercas a nosotros
y que tu gloria morará en nuestra tierra;

que Amor y Verdad se juntarán,
que Justicia y Paz serán su fruto.

Y que  tú vendrás tras ellas
porque Paz y Justicia son tu nombre.

 

En Albaola, Pasajes de San Pedro

 

        Volvemos a Pasajes de San Pedro a ver  esta vez el nuevo museo naval, del que hemos oído hablar. Sigue siéndonos difícil entender bien, geográfica y mentalmente, este singular municipio, de más de 16.000 habitantes en solo 11´34 km. cuadrados, dividido en cuatro distritos: Pasajes Ancho, Trincherpe (la pequeña Galicia, el más poblado de todos), Pasajes de San Pedro y Pasajes de San Juan (el menos poblado, sede del ayuntamiento, el más turístico, no quemado por la tropa napoleónica, y el que mejor conozco). Cuatro distritos en torno a la ría: cauce fluvial del río Oyarzun, invadido por el mar, y puerto del mismo nombre. Contiguos a los barrios orientales de San Sebastián: Alza, Buenavista, Herrera y Bidebieta.

Hoy llegamos al aparcamiento de coches de Trincherpe («debajo del caserío Trincher»), el barrio obrero por excelencia, donde se ha construido mucho estos últimos años, y caminamos hacia Pasajes de San Pedro, que luce la nueva Lonja al borde de la ría. La vista de Pasajes de San Juan es desde aqui siempre pintoresca, con el caserío multicolor apegado al terruño costero, el más cercano a la estrecha bocana, que vigilan allí arriba los montes Ulía y Jaizqíbel. Pero también San Pedro se extiende holgadamente por el borde de la ría durante un largo paseo hasta donde se alza -penúltimo rincón- el museo  que queremos visitar: «La Factoría Marítima Vasca Albaola».

En 1978 un grupo de arqueólogos canadienses, tras muchas búsquedas de todo tipo, encontraron en la localidad de  Red Bay, en la península de Labrador, a diez metros de profundidad, la nao ballenera llamada San Juan, en buen estado de conservación, a los cuatro siglos de su hundimiento (1565). Botada dos años antes en Pasajes, 200 toneladas, 25 metros de eslora y 7 de manga, con tres cubiertas y cinco botes balleneros, y entonces cargada con un millar de barriles de saín, la preciadísima grasa de ballena, fue aplastada contra los rocas de la isla Saddle por los temporales del Norte, cuando estaba a punto de zarpar para el viaje de regreso a casa, con 60 marineros a bordo. Bajo la dirección de Robert Grenier y durante los seis años siguientes, sacaron, una a una, todas las piezas de la estructura del barco, la carga y los objetos que pertenecieron a los marineros, más una chalupa ballenera hundida junto a la nao. Casi treinta años fueron necesarios para completar toda la información obtenida en el trabajo de campo. El pecio sigue aún bajo el agua, protegido, monitorizado y en un entorno estable para su conservación. Con este y otros hallazgos posteriores se creó alli un museo sobre la presencia de y actividades de los balleneros vascos en la zona. El año 2013, todo el conjunto arqueológico de Red Bay fue designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y desde Albaola en Pasajes de San Pedro se quiso continuar la investigación para dar vida a este emblemático barco.

Albaola no es sólo un museo sobre los balleneros vascos del siglo XVI, sino al mismo tiempo un astillero real, con contructores reales, de varios países europeos, que continúan en esos momentos levantando las cuadernas de un barco lo más parecido posible al San Juan, al que los numerosos visitantes de este museo vivo y activo miramos y remiramos desde abajo y desde arriba y desde todos los lados posibles, lo mismo que los altísimos troncos, cortados en la Barranca navarra y en el Irati, ahora echados en el suelo y que un día seran izados aqui, y botados en este astillero para recorrer de nuevo las rutas de su antecesor.

Eso, sí, en todo el espacio que visitamos se habla de los balleneros vascos del siglo XVI como si fueran habitantes de un ignoto país, donde no hubiera un rey absoluto, unas Cortes de Castilla, a las que asistían los guipuzcoanos, un corregidor que mandaba en San Sebastián… Maravillas de un nacionalismo que se salta a todas horas y en todos los lugares  el principio de realidad.

Dudamos, al salir, si embarcarnos en el bote que lleva al frontero Pasajes de San Juan. Pero la luz es ya delicada, el paseo es agradable y el laberinto vial de los Pasajes-San Sebastián nos va a llevar un buen rato. En el paseo de vuelta, nos encontramos con un amable jubilado gallego, que trabajó en un barco pesquero por Terranova y aledaños, y que nos habla de cómo ha caído hoy en día la industria de la pesca y el poderío de la ría que él conoció. Pero cuando le preguntamos por el vencedor de las últimas elecciones municipales en Pasajes, dice el pobre hombre que no se «acuerda». Por cierto, fue el PSOE, que repititó victoria, tras haber estado en un segundo lugar desde 1979 frente a HB y sus siglas sucesivas.

Contra el armamento nuclear

 

         Leyendo tardíamente la crónica del viaje del papa Francisco a Tailandia y a Japón, del que, como de costumbre, la prensa española, no informó, no me sorprendieron pero sí me conmovieron las palabras pontificias contra la prostitución en el primer país y contra el armamento nuclear en el segundo.

En el Parque de la Paz de Nagasaki, tras recordar que Juan XXIII en su profética encíclica Pacem in terris ya solicitó la prohibición de las armas atómicas y que Pablo VI, en la Populorum Progressio sugirió la cresción de un Fondo Mundial contra la pobreza con una parte de los gastos militares, pronunció en castellano palabras como éstas: La posesión de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva no son la respuesta más acertada al deseo de paz y estabildaad del corazón humano; es más, parecen continuamente ponerlo a prueba. (…) En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo.

Y en el Parque de la Memoria de la Paz de Hiroshima, que recuerdo con emoción, ante los veinte líderes de las religiones activas en el País y ante un grupo de supervivientes de la catástrofe, a todos los cuales abrazó, recalcó conmovido: Deseo reiterar con toda conivicción que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no solo contra el hombre y su dignidad, sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra Casa Común. El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral.

¿A qué político de hoy oímos algo semejante?