Archivo del Autor: vmarbeloa

Horacio en Licenza

 

Míos serán los míseros
huesos y la curva osamenta,
la hueca calavera
que, aquí, yacerán. Meditad, 
caminantes, en mi raro destino,
pues cultivé sin tregua
forrajes y versos. Jornadas
hubo en las que nada compuse,
pero a mi azada avariciosa
ni un día de descanso concedí.
Me hice con toda la tierra
colindante a mi tierra.
Muy pronto habré de conformarme
con esta estrecha cárcava.

                        (Santiago Elso Torralba, La taberna de Shidur, IX  Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique)

Últimos aforismos

 

 ¿Cómo se quiere in-tegrar (de in-teger, íntegro, no tocado, completo) a los recién venidos, a los ajemos, a los extraños, a los extranjeros, si  no hay  valores y  referencias comunes, sin no hay  nada común, íntegro e integrador?

 

¿Se puede tomar una indecisión?

 

La esperanza tiene que ver con el sentido, no con el éxito de una cosa, de una situación o de un proyecto. 

Esperanza y Belleza (IV)

 

                    Los límites, pues, son consustanciales a la esperanza. Si estos no existieran, no necesitaríamos esperar y la esperanza no sería tal. Esta esperanza, la genuina, es capaz de engendrar en lo más profundo del abismo: guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, incendios voraces, tsunamis incontenibles, pestes… 

Lo escribió Vaclav Havel con palabras iluminadoras:

La esperanza no es un pronóstico. Es una orientación para el corazón, una orientación que trasciende el mundo tal como  lo vivimos normalmente. (…) La esperanza, en este sentido profundo, no tiene la medida de nuestra alegría por la buena marcha de las cosas, ni de nuestras ganas de invertir en empresas prometedoras de éxito inmediato, sino más bien la medida de nuestra capacidad de esforzarnos en algo simplemente porque es bueno y no porque su éxito esté garantizado. Cuanto más adversa sea la situación en la que conservamos nuestra esperanza, tanto más profunda será esta. No es el convencimiento de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, al margen de como salga luego.

Tampoco la esperanza puede confundirse con el optimismo ni con el pensamiento positivo. Nuestro filósofo surcoreano nos previene contra ello: La psicología positiva psicologiza y privatiza el sufrimiento. (…) El culto a a positividad aísla a las personas, las vuelve egoístas y suprime la empatía, porque a las personas ya no les interesa el sufrimiento ajeno. Cada uno se ocupa solo de sí mismo, de su felicidad,, de su propio bienestar. (…) A diferencia del pensamiento positivo la esperanza no aísla a las personas, sino que las vincula.

En este régimen neoliberal de  autoexplotación, en que la gente suele volver la agresión contra sí misma, más cerca de la depresión que de la revolución, la esperanza puede  ser la alternativa frente a las dos. Porque la esperanza nos invita no al ingenuo optimismo bienintencionado, sino a la transformación de los sufrimientos en una nueva forma de vida que les da sentido redentor, en cuanto mira al tiempo no como un círculo cerrado sobre sí mismo, sino como una línea ascendente que se abre a un círculo mayor, que termina en la eternidad.

«Carlistas contra Franco»

 

                       El periodista y doctor en historia Manuel Martorell,  autor de numerosos libros, nuestro especialista en Oriente Medio y los kurdos, lleva años  queriendo hacer a los que no saben o no quieren saber que el carlismo fue durante muchos años, incluso desde el decreto mismo de Unificación un movimiento antifranquista, que se intensificó durante los años sesenta del pasado siglo y se agudizó al final de la dictadura, jugando también un relevante papel para lograr la ansiada unidad de las fuerzas antifranquistas. La fuerza opositora que «Montejurra 76» quiso destruir, reza el subtítulo del libro.

Lo prueba con texto y fotos en capítulos  sobre la primavera del 68, los Franco contra los Borbón Parma, la irrupción de los GAC, Berberana y el Banco Central, la lucha obrera, cívica y vecinal, comités de estudiantes, con la oposición antifranquista, la destrucción de un partido, el tenue resplandor de la primavera y contra la nueva leyenda negra. Esa leyenda negra que ha contaminado también a los prebostes bien pagados de la Memoria-Desmemoria Democrática y el Museo anticarlista -que no nació así- de Estella.

Martorell, un historiador que sabe cómo se escribe la historia, ha visto un montón de archivos, ha releído un montón de periódicos y ha escuchado un montón de testimonios, puestos en fila al final de su libro. Cualquiera que haya vivido en una casa o en un pueblo carlista sabe lo que pasó. Por ejemplo, durante muchos años los gobernadores civiles mantuvieron como alcalde a uno de los poquísimos falangistas (por decir algo, mejor diríamos adictos) que había en mi pueblo frente a la inmensa mayoría de carlistas. ¡Y recuerdo bien a mi tío Nicanor pintando por la noche en las casas de los concejales franquistas, amigos del gobernador, la palabra JUDAS, acción de la que nunca se supo nada pero de la cual todo el mundo sabía todo!

Otra cosa es la interpretación que se dé a tamaño fenómeno, muy complejo en sí mismo, por las varias causas y enmarañadas consecuencias, contradicciones, falsas adherencias y no muy deseadas intromisiones de factores extraños en esos años convulsos.

El libro es claro como un vaso de agua clara. Y llena un hueco difícil de llenar en la ya muy extensa bibliografía sobre el carlismo, si no se conoce, como el autor, las entretelas de un movimiento que fue tan popular como el pueblo mismo.

 

 

¡Detengámonos!

 

                  Una mano amiga me envía un vídeo ecologista recomendándonos que paremos un poco, que nos detengamos unos momentos. Que miremos al cielo sin aviones. Que miremos a nuestro alrededor sin coches. Que miremos cómo hemos puesto el mar. Y la tierra. Y los ríos. Y los lagos, Y las ciudades. Y todo el planeta. Y hasta se nos amenaza, de soslayo, con buena intención, con la sexta extinción de la vida en el planeta. No estamos bien, se nos repite como estribillo.

Me adhiero al vídeo. Y a su propósito pedagógico. Y me paro. Y me detengo. Y miro alrededor. Y a mí mismo. Un poco más de meditación. Y un poco menos de desasosiego, de ruido, de excitación, de egoísmo, de idolatría. ¡Qué saludable pausa, cuando yo tampoco pensaba en otra cosa que en seguir haciendo cosas…!

«La era de los genocidios»

 

        En La era de los genocidios  José Ángel López Jiménez, profesor de ICADE,  distingue entre genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión dentro del Derecho Internacional. Como patrones comunes en este siglo de exterminios menciona la culpabilización del otro; intereses económicos y territoriales, acompañados de diásporas  y crisis humanitarias enquistadas en el tiempo, como en Darfür (Sudán), y la inacción de la comunidad internacional, como en el caso de Gaza. A lo que podemos añadir la dificultad para sustanciar la responsabilidad internacional de Estados e individuos por la comisión de crímenes internacionales.

La Corte Penal Internacional (CIP) juzga individuos por crímenes de guerra, de lesa humanidad  y genocidio. Es independiente y  se rige por el Estatuto de Roma. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el órgano judicial de la ONU y resuelve sobre disputas jurídicas entre Estados. Ambas tienen la sede en el Palacio de las Naciones de La haya (Países Bajos).

En el caso del genocidio la intencionalidad es imprescindible. Ese fue el caso de Hitler, aunque no se empleó la categoría en  los tribunales de Nuremberg, pero si en ulteriores Convenciones. Algo similar ocurrió en Rwanda contra la población  tutsi y en la matanza de Srebrenica (Yugoslavia), según la Corte Penal Internacional en su condena a cadena perpetua a los inicuos Mladic y Milosevich.  Pero, en cambio, la Corte Internacional de Justicia no calificó de genocidio las operaciones de limpieza étnica en Serbia y Bosnia, aunque sí de crímenes de lesa humanidad, al no  apreciar intencionalidad en tamañas agresiones. El mal uso del calificativo jurídico desvirtúa la gravedad del resto de los crímenes internacionales y de los genocidios ya sentenciados como tales.

Claro que el Derecho Internacional no es igual para todos. Las grandes potencias se han autoexcluido de las jurisdicciones de la Corte Penal Internacional y de la Corte Internacional de Justicia. Por otra parte el derecho de veto de las cinco grandes potencias les permite bloquear cualquier resolución contraria a sus intereses propios o a los de países de su órbita política.  En el caso de la CPI, se ha convertido en una corte casi exclusiva para África, que monopoliza todos los procesos judiciales. Sus órdenes de detención contra Netanyahu o Putin no han sido atendidas por muchos Estados. Y, si no puede alcanzarse la detención del judiciable, no hay procedimiento judicial in absentia.

López Jiménez sostiene que la opinión pública está hoy anestesiada, ajena a ese centenar de conflicto en curso. Yo pienso, incluso, que sería incapaz de citar si siquiera diez.

De mi Archivo adolescente (XVIII)

 

                     Llegando casi al final, guardo de este año 1958 cinco breves cartas de mi madre, de marzo a junio de 1958, antes y después del viaje a Comillas. Me cuenta en la primera de marzo que en Mañeru se acabó la semana de Misión con unos actos hermosos que hacían llorar y  me da varias noticias de enfermos y muertos del pueblo. Me dice también que no me apure en mis gestiones para ir a Roma el próximo curso, y me cuenta sus preparativos para viajar con las madres de Alejandro y Jesús hasta Comillas.

Saldrá, me añade en la  siguiente y breve carta del 4 de abril, con los padres de Jesús Azanza y una hermana de este, junto con la madre de Alejandro, desde Estella, en un coche pequeño, el día 12,. Su plan es estar en Comillas el 13 y el 14 y volver el día 15 a Navarra. Ese mismo día 15, vuelve a escribirme, como ha hecho a sus compañeras de excursión, hablándome del viaje feliz de vuelta: Tengo el regusto de estos días pasados tan felizmente; gracias a Dios por todo. Ni siquiera se ha mareado esta vez la de Pamplona:  casi todo el camino hemos venido comentando las cosas de estos días; estamos encantadas de todo y de todos. Por cierto, hace mucho frío en Mañeru, como en el riguroso invierno, y aquí estoy con el brasero.

La carta del 27 de abril -aniversario de la muerte de mi padre- es mucho más espesa. Me comenta las fotos que le envié. Se alegra mucho de la que nos hicimos con Pepe Alonso, mi amigo entrañable de León, que no tiene madre. Me dice que en una de ellas he salido con cara de asceta. ¿Sabes –sigue diciéndome– que esos días fueron como un sueño y que hablamos muy poco los dos? No me importa porque disfrutamos mucho con todos, pero vaya dos… Se vino con la pena de que yo dormía poco, y eso es muy malo, porque puede hacerte una persona desequilibrada y para la vida futura es muy necesario todo lo contrario. Haz caso de lo que te dice el médico y, si les parece bien a tus superiores, vente a descansar unos días, que antes es la salud que nada. Se refiere luego a la muerte repentina del Conde de Ruiseñada [Juan Claudio Güell y Churruca, VII Conde de Ruiseñada], del que habíamos hablado, claro, en Comillas, y me recuerda que detrás de  la muerte que nos atemoriza está Dios esperándonos con los brazos abiertos, y esta es la realidad que atenúa nuestra pena en la muerte de los que amamos. Se deshace en elogios de varios compañeros mayores de Comillas, que les trataron muy bien: tu padre, que tenía un corazón tan grande les bendiga y les ayude en su vida de sacerdotes; diles que vengan en el verano, si hemos de de comer los pollos, que están muy majos. Me añade que, si el día 4 de mayo no tuviera que ir a Pamplona, hubiera ido a Montejurra, que no conoce todavía: irá el próximo: hay mucha animación aquí.

Por fin, probablemente en junio siguiente, me escribe unas letras acompañando una carta llegada a Mañeru, que me retransmite, y me cuenta algunas novedades del pueblo y de la familia: Me figuro cómo estarás con tus libros en estos días cercanos al fin.

Vuelve el cisma de los lefebvrianos

 

                                    En 1988, Juan Pablo II excomulgó -bellísima y aterradora palabra- al obispo cismático Marcel Lefebvre y a cuatro obispos, consagrados por él, ignorando la potestad papal. Andando el tiempo el bueno de Benedicto XVI los readmitió en la Iglesia, fiado de sus palabras de reconciliación.

Pero los viejos lefebvrianos siguen rechazando varias encíclicas de Juan Pablo II y de Francisco  y siguen deplorando aspectos fundamentales de la reforma conciliar, como el ministerio petrino, el concepto del sacerdocio, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, la salvación de los judíos, la sinodalidad, la doctrina sobre el amor conyugal, y hasta la misa en la forma que le dio el Concilio Vaticano II, al que repudian en bloque.

El 2 de febrero último, el superior de la comunidad tradicionalista, Davide Pagliarani, anunció que el 1 de julio consagrarán por su cuenta nuevos obispos. Cuando el prefecto de la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, en una charla cordial y serena, a la que le invitó, le ofreció un diálogo específicamente teológico y analizar los diferentes grados de adhesión al Vaticano II, buscando los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia, pero anulando las anunciadas consagraciones, Pagliarani le contestó el día 18, miércoles de ceniza, rechazando la propuesta:

Ambos  sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II  (…), pues Roma ha caído en una ruptura con la Tradición de la Iglesia.

Vivienda social en Cataluña: Generalitat e Iglesia

 

                      La falta de vivienda es uno de los problemas de primer orden en Cataluña y fuera de Cataluña. Casi el 25 por ciento de la población catalana tiene algún problema de exclusión social en el ámbito de la vivienda. Por eso, dijo el presidente de la Tarraconense y arzobispo de Tarragona Joan Planellas, ante determinados bienes que tiene la Iglesia, que a veces quedan paralizados por falta de financiación o por el tipo de suelos  o sus usos, que dificultan poder construir cualquier tiempos de vivienda, se cede este uso a la Generalitat para que, mediante sus diversos departamentos, pueda establecer las condiciones idóneas para la construcción de viviendas sociales. Fue el día 16 del pasado, cuando el arzobispo firmó con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, el acuerdo de cesión de inmuebles por cuatro años, prorrogables por acuerdo mutuo.

La cosa viene de lejos. Hace muchísimos años que la Iglesia, también en Cataluña, lleva a cabo un ingente trabajo social a través de Caritas, Centro Catalán de Solidaridad, Justicia y Paz, Manos Unidas y otros organismos,  incluido el campo de la vivienda. Por ejemplo, la Diócesis de Gerona cuenta con 885 alquileres accesibles y otras 69 viviendas sociales en ejecución, anteriores a este nuevo acuerdo, a través del Patronato Santa Cruz de la Selva y la Pía Fundación Autónoma San Martí, vinculadas al obispado, que  en este momento  prevén sumar otras 40 viviendas. Ahora cada diócesis calculará qué recursos puede ofrecer.

Para alcanzar el objetivo deseado se creará una mesa mixta de trabajo, que promoverá e impulsará la firma de convenios entre las dos partes y elegirá las familias y personas más vulnerables que se hagan cargo de las nuevas viviendas. Y se creará igualmente una Comisión mixta de seguimiento, que se reunirá al menos una vez al año para examinar los resultados de la colaboración llevada a cabo.

El director general de Afers Religiosos del Govern, el socialista Ramon Bassas, tras poner de relieve el interés de la Administración catalana y de la Iglesia por el urgente problema de la vivienda, ha llegado a decir:  Si alguien se pregunta hoy para qué sirve en el mundo moderno la Iglesia y la religión, pues aquí tiene la respuesta: porque sui labor  tiene beneficios para todos.  A la vez que muestra interés porque se apunten nuevos socios: Quienes tienen suelo o propiedades, que sepan que cuentan con el Govern para  intentar ponerlas a disposición del mercado de una forma más asequible.

Esperanza y Belleza (III)

 

                  El miedo no es solo lo opuesto a la esperanza, sino también una forma negativa de la misma, un forma en la que no se deja de esperar, pero esta espera ya no es esperanza, sino angustia. El miedo espera el mal y espera mal. El miedo  suele llegar a ver a los otros no como portadores de salvación, sino como portadores de calamidades: la forma más deformada de esperanza.

Según Byung-Chu Han, el régimen liberal es un régimen del miedo, en el que las personas se aíslan para poder rendir. Cuando no tenemos otra cosa a que aferrarnos que el miedo, la vida se reduce a supervivencia y consumo. Las cosas que se hacen por miedo no son acciones abiertas al futuro, según el mismo filósofo. La forma en que la esperanza se enfrenta a ese miedo es el lenguaje, porque la esperanza es siempre elocuente y el miedo nunca es creativo. 

El lenguaje es a la vez terapia del pasado y pórtico del futuro. El lenguaje es confianza en lo que el interlocutor puede aportar con su existencia y experiencia al horizonte pobre de un yo enroscado soberbiamente sobe sí mismo. Nos abre a una realidad futura, gozable ya en el presente, un anticipo del misterio de la belleza 

Esa forma trata en primer lugar de aceptar los hechos, aceptar con humildad la parte ruinosa de nosotros mismos, y luego narrar esos hechos a nosotros mismos y a alguien más, y solo después dejarnos ayudar.

No hay esperanza, si no nos dejamos ayudar. La esperanza se levanta en la apertura al otro, y, en última instancia, al Otro, al absoluto.