Ayer publiqué en DN un artículo titulado El absurdo de la «derecha» y de la «izquierda».
Hasta ahora todo han sido elogios. pero me temo la ira de quienes pertenecen a partidos que tienen como titulo uno de los nombres del binomio y de todos aquellos que se han avezado a tan tramposo lenguaje, que no encuentran otro que sustituya al viejo comodín.
Hoy mismo, el presidente Page, que cuenta con todas mis simpatías, al criticar la pretendida y nueva financiación sanchista de Cataluña, dice que el principio de ordinalidad es incompatible con el PSOE y toda la izquierda. ¿Qué es eso? ¿Qué incluye la izquierda? ¿Acaso a BILDU y la CUP? ¿Qué tienen que ver con el PSOE? ¿O sí tienen que ver y no nos lo han dicho? ¿Y qué tiene que ver el PSOE con SUMAR y con PODEMOS: ser de izquierda? ¿ Y ¿qué es eso? Y así podríamos seguir.
Todo por no llamarse cada uno con nombre propio lo que verdaderamente es: socialdemócrata, comunista, nacionalista separatista vasco, antisistema, anticonstitucional, populista comunista… Y querer ocultarse en un nombre genérico y cuasi-moral, que creen pomposo y célebre, glorioso y popular, cuando en muchos casos no es ni una cosa u otra, sino todo lo contrario. Y así seguimos, con esa pereza de pensamiento, que lleva a la continua confusión, que terminan en el error y en la decadencia.