Groenlandia

 

                       Las crónicas de Ángel Expósito, periodista de la COPE, desde Groenlandia, y los reportajes en la Sexta TV de la periodista Ana Pastor nos han puesto muy cerca la situación de los 57.000 habitantes de la isla danesa, amenazada por los delirios de conquista de ese delincuente presidente de los Estados Unidos de América, que ayer mismo subrayaba su intención de anexionarse el territorio por motivos económicos, militares y geopolíticos.

Si exceptuamos la actitud de Putin con Ukrania, nunca habíamos asistido a tan descarado escarnio político como el que vimos ayer en la reunión con los ministros de asuntos exteriores de Groenlandia y Dinamarca, que oyeron de boca del presidente Trump la oferta de 700.000 millones de dólares para la compra del territorio.

Lo que vimos en las entrevistas de Pastor con gente de Nuuk, capital de Groenlandia, entre ellas con la alcaldesa de la pequeña ciudad, fue algo muy parecido a lo que nosotros mismos sentimos aquí, en Europa: un sentimiento, primero, de sorpresa y de incredulidad, pero en seguida, si no a la vez, de miedo y de indignación. Había que ver la extrañeza y el temor de los niños viendo estos días a los soldados de Dinamarca y de la OTAN patrullar por sus calles o a JJ manifestar vehemente su intención de luchar con las armas en la mano contra cualquiera intervención armada en su país.

La Unión Europea está alarmada. Pase  lo que pase en el futuro, Trump ya no es un amigo de Europa. Su Administración ha dejado de ser una aliada de la Unión. La OTAN está en peligro de  desunión y hasta de desaparición.

Pienso que la única solución ha de venir de la derrota de este monstruo en las próximas elecciones de noviembre. Si ocurriera lo peor, en manos de los demócratas norteamericanos estaría la reversión del atropello.