Se me pasó en la entrega anterior una postal, con la vista del Sardinero sin color en el reverso, que conservo del 12 de octubre de 1957, que dice así: Queridísima mamá: Acabamos de venir siete a las 10 de la noche. El viaje y estancia en Baracaldo muy bien. En Bilbao nos juntamos los navarros. Cuatro se quedaron con gripe. En Santander cogimos un taxis hasta aquí sólo por 45 pts. Hoy duermo con la ropa de los que faltan. Al P. Rector y al P. Nieto les saludamos mañana. Hemos venido con buenísimo humor todo el trayecto. Te escribiré carta pasado mañana. Recuerdos a todos. Muchos besos. Manolo.
El 26 de marzo de 1958, me escribe mi madre desde Mañeru, después de haber pasado en Pamplona el día de San José y varios días más, y ya pensando en ir a Comillas. Como yo acababa de hacer los Ejercicios de San Ignacio, me dice: a ser pues un poco mejor cada día, sin desanimarnos por nuestras caídas.
Me da algunas noticias del pueblo: Aquí se acabó e domingo la semana de Misión con unos actos hermosísimos que hacían llorar: ahora el Septenario: nos predica el Párroco sobre los dolores de la Virgen, qué bien.
Se refiere luego a las gestiones que estaba haciendo yo entonces para poder ir a Roma el curso siguiente, intentando conseguir del obispo de Pamplona una pequeña, casi mínima, beca que había en la diócesis para la universidad Gregoriana, que, por fin, la conseguí. Luego se pone a hablar del viaje, que será al menos de dos días con las madres de dos amigos, y en taxi, por lo que no podrá pasar por Baracaldo con su cuñada Josefina y familia, donde ha estado ya varias veces.
Me habla de la muerte de una amiga y de la larga que le ha escrito una sobrina. Siente no enviarme nada, pero espera llevarme entonces todo junto. Adios hasta pronto precioso. Muchos besos y abrazos. Josefina.