Después de varios intentos anteriores, la comisión encargada por el papa Francisco al arzobispo emérito de L´Aquila, cardenal Petrocchi, y reanudada en 2022, ha concluido sus trabajos y excluye por ahora a la mujer del diaconado en la Iglesia católica. Petrocchi, en su misiva al papa León XIV, recomienda un enfoque prudencial sobre el diaconado femenino, que debería respaldarse con investigaciones globales cada vez más sólidas, orientadas, con visión de futuro, a explorar estos horizontes eclesiales.
No parece, por lo visto, suficiente que San Pablo confiriera a Febe el título de diakonos, o que enviara a Tecla a predicar y bautizar. Algunos miembros de la Comisión temen que el diaconado femenino pudiera abrir la puerta al sacerdocio de la mujer, pero sobre todo parece haber tenido mayor peso el famoso hecho de la masculinidad de Jesús de Nazaret, considerada como parte integral de la identidad sacramental, preservando el orden divino de la salvación en Cristo. Alterar esta realidad no seria un simple ajuste del ministerio, sino una perturbación del significado esponsal de la salvación.
Varias teólogas católicas responden que tan curioso argumento resulta ofensivo, agresivo e irrespetuoso hacia las mujeres, además de excluirlas de una participación activa en el proyecto de salvación.