¿Y si odiáramos todas las canciones por igual?

 

                   Tras comentar la bitácora de ayer con varias personas, que  tampoco salían de su asombro, en unas vísperas navideñas, cuando en tiempos venturosos recitábamos las Antífonas de la O (de la Virgen de la O), sigo preguntándome cuál sería la impresión en esta España de nuestras estridencias, si en el primer periódico de la llamada derecha o extrema derecha hispana, un icono de la derechona intelectual o periodística, con muchos millones en sus faltriqueras, dijera que odiaba todas las literaturas, todas las pinturas, todas las artes o todos los deportes…

¿Y, si dijera que odiaba todas las canciones?

«Odio a todas las religiones por igual»

 

                       Bueno, pues ya sabemos, según la entrevista publicada hoy en El País, que al cantante asturiano Víctor Manuel le parece Rosalía una gran cantante, con esta salvedad:

                      …pero el nuevo misticismo me parece una milonga. Odio a todas las religiones por igual. 

                     Algunos van a pensar que es cierto aquel proverbio moderno, que dice que ningún leninista puede cambiar o que ningún leninista tiene remedio.

Yo me temo que este hombre no solo odie a todas las religiones -¿las conoce todas?-, sino también a todos los que las profesamos. ¡Pues sí que tiene tarea..!

El «homo ibericus» de Turbil (y II)

 

                            Desde aquí se domina todo el plano que va desde Tafalla a Caparroso, limitado visionalmente, al sur, por la Bardena Negra y el Moncayo, y, al norte, por Alaiz, El Perdón y Andía. Por el oeste corre una muy lejana línea recta, a la  que la leve neblina de la tarde le hurta toda lejanía. Y, por el este, tras el somontano, tradicionalmente cerealista y vitícola, y cada día más productor de nuevas verduras, nos damos con el paredón de la larga Sierra de Ujué, con sus  sombras y manchas oscuras de monte bajo, baldíos y algunos verdes de las  recientes sembraduras Todo abanderado por la enhiesta torre del santuario mariano, a donde peregrinan cada año los devotos íncolas de estas tierras desplegadas por aquí.

Caminamos por un sendero que corta el amesetado monte bajo de chaparros, romeros, aliagas,.., que hace un siglo era todavía campo de labor, hasta llegar a donde se yergue la estatua-estela, asomada al balcón septentrional del oppidum , a solo unos metros de donde la encontró un buen día del año 210 el olitense Julián Algarra, para los amigos Chamaco. Estaba rota en 21 trozos, sucios de líquenes. Lo puso en conocimiento de las autoridades, que encargaron al arqueólogo Javier Armendáriz el estudio y la publicidad de la invención. Hoy, la estatua-estela, bien restaurada, es una de las joyas del Museo de Navarra, y aquí se erigió una  buen réplica, junto con un sucinto panel metálico que lo explica, pero en el que no se habla de hombre ibérico. El lugar exacto del descubrimiento se cubre con un amasijo de piedras.

Mide la estatua-estela 2´75 m. y podría medir 3, si se le añadiera la parte inferior perdida. Dañada y algo recompuesta la parte facial, se distinguen las trazas de un ojo, una oreja, una parte del pelo de la cabeza, una correa de cuero en el hombro y  un disco-coraza en el pecho, de 50 centímetros,  que solían llevar, en los siglos V-III, guerreros del Oriente Medio, y también los íberos, que procedían de allí.

Según Armendáriz, la estatua podría ser bien la estela de un príncipe guerrero; el tótem o espíritu del poblado, o la imagen de una divinidad adorada por sus paisanos. O las tres cosas a la vez.

Comentamos la poca relevancia que llegó a tener, en nuestra opinión, el descubrimiento de la estatua más antigua encontrada en Navarra, y más si la comparamos con la conmoción causada por reciente mano de Irulegi. ¿Qué hubiera pasado, si, según los arqueólogos, este hubiera sido, en vez de un Homo Ibericus, un Homo Vasconicus?

Nos hacemos una foto junto al príncipe, el tótem o el dios, o junto a los tres a la vez.  Recorremos luego el castro por los cuatro costados, a la penúltima luz creadora de esta sosegada tarde de diciembre. Vuelan algunas tardías calandrias. Y algún que otro rapiño cazador. Los colores de los pliegues de la Sierra de Ujué van cambiando por momentos con los últimos manojos, cada vez más tibios, de sol.

¿Qué queda de la teología de la liberación? (y VII)

 

                    El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, participó en los recientes Jubileos celebrados en Roma de los Equipos Sinodales y de los Movimientos Populares, y nos ha dejado su impresión sobre los mismos y sobre el significado de la actual doctrina social y praxis de la Iglesia, que tiene que ver con todo lo que vamos viendo y diciendo acerca de la llamada teología de la liberación.

En primer lugar, tras recordarnos el saludo del papa con un ¡Estoy con ustedes!, Colombo nos recalca lo estrechamente unida que está en el actual pontífice esta comprensión bien concreta del mundo de los pobres y de los desafíos que afrontan a su experiencia de misionero en Iberoamérica. Como Francisco, parte de  la realidad leyéndola evangélicamente, tratando de iluminarla pastoralmente.  Hoy como ayer, hermanas y hermanos muy pobres de todos los continentes participan en la tarea de la iglesia como Pueblo de Dios, acompañados por sus sus servidores los obispos sacerdotes y religiosos, y valoran la presencia de esa Iglesia, que confía en ellos  y apuestan por su organización solidaria y fraterna para pechar juntos en medio de los problemas de la vida.

El Jubileo nos ha revelado el rostro de Jesús entre los pobres de la tierra, siempre buena noticia para las personas de buena voluntad. Ha dejado claras también las posturas de tantos actores políticos y sociales que los ignoran en sus macro economías de la indiferencia o los tienen de rehenes sin ayudarlos de verdad. Hoy es más necesario que nunca urgir una mayor conciencia crítica en las minorías dominantes políticas y sociales, que renueve los liderazgos de las naciones y de todas la instituciones internacionales. Servir desde el Evangelio, como parte  activa de ese pueblo peregrino, a la promoción de los pobres, al respeto de su dignidad inalienable y a su participación en la vida de los pueblos y en la historia de los hombres no tiene modo de equivocar el camino. Los pobres son los benditos de Dios, como nos recuerda el cántico de María en el Protoevangelio de Lucas.

En lo que toca a los equipos sinodales, el presidente de los obispos argentinos, cree que es un tiempo propicio para llevar a cabo los propósitos del reciente Sínodo, con la ayuda de la Secretaría de mismo y de las Conferencias Episcopales, y del CELAM en Iberoamérica. Pero queda a las diócesis afrontar la constitución efectiva de su propio equipo de animación sinodal, así como renovar los consejos diocesanos y parroquiales.

Lo que más le impresionó al obispo argentino en el Jubileo de los movimientos sociales  fue la alegría de los participantes, en medio de sus historias de dolor pero resignificadas por su opción de vida junto a otros, por el bien de todos. El gracias por estargracias por saltar por nosotros de muchos fue lo que más le llegó al corazón. Y relata el caso de algunos jóvenes que, en medio del Jubileo, se sintieron perdonados, animados y lanzados a la evangelización por la fe en el Dios que salva, lo que conmovió al mismo papa y a los obispos que estaban con él.

Todos hemos sido evangelizados por los pobres en este Jubileo, acaba diciendo Marcelo Colombo.

Jubileo de poetas y escritores

 

                     Ayer, en la misa mayor de la catedral de Pamplona, celebramos, coincidiendo con la fiesta de San Juan de la Cruz y el tercer domingo de Adviento, el Jubileo de los poetas y escritores de Navarra. Jubileo de los peregrinos de la esperanza. Me tocó recitar, en representación de todos, un fragmento del poema Canto de Adviento, compuesto en 2021, inspirado en el capítulo 15 del Éxodo, y Aurelio Sagaseta, chantre  ex director de la Capilla de la Catedral y alma de la misma, estrenó su Cántico Espiritual,  con la misma Capilla, tras el Evangelio.

A pesar de una nula publicidad y de una falta de organización adecuada por parte de los responsables del Jubileo, la sacristía barroca de la  seo se abarrotó de público, que oyó con entusiasmo los poemas que recitamos diez poetas navarros, ellas y ellos, jóvenes, maduros y mayores, durante hora y media, presentados por el director de la revista Río Arga, Juan Ramón Corpas, y las tres piezas musicales intercaladas e interpretadas por el prestigioso organista de la catedral, Julián Ayesa.

La experiencia no pudo ser más grata, y esperamos con buen fundamento poder repetirla cada tercer domingo de Adviento. como fruto del actual Jubileo y de la renovación de voces y propósitos de la revista decana de la poesía española, al llegar a sus  bodas de oro. que es Río Arga.

El «homo ibericus» de Turbil ( I )

 

                        Hace unos años, estando una mañana en el bar de Beire, un paisano generoso, al oírnos  hablar del hombre de Turbil, que se había encontrado recientemente en el lugar, nos empaquetó en su coche y nos dijo:

-Vamos p ´  allá, que llegaremos antes que tener que explicarles bien el camino.

Y allá nos fuimos, vimos la estatua-estela y nos volvimos con él.

Hoy se nos ilumina en el cerebro la bombillita de Turbil, tras la página que acaba de publicar Julio Asunción, y como reinaba el sol del mejor otoño en el mejor cielo azul de diciembre, repetimos el viaje de aquel año pero siguiendo al GPS partiendo de Olite, por buenos caminos y campos transformados por el cercano canal de Navarra, que los rodea como un cordón gris y semicircular, y penetra en todo él con su red de tuberías y de aspersores: sernas sembradas y no cultivadas, algunos rodales de olivos, habales recientes y algunas viñas recién deshojadas, con grandes alegrías  de cuando en cuando de calandrias sueltas y de algunos grupos de jilgueros. Llegamos por el norte a los pies del castro, junto a unos viejos corrales desvencijados y unas cañas a la orilla del camino con grandes charcos de agua.

Desde aquí vemos bien la estructura del castro, un complejo macizo defensivo de unos 30.000 metros de superficie, con una altura máxima de 455 metros cuadrados, en medio del  plano de Olite, pero ya en términos de Beire. Lo estudiaron a mediados de los ochenta Beguiristain y Jusué, después Armendáriz, pero sin haber excavado a fondo el más importante oppidum del centro de Navarra.  Encontraron cerámicas manufacturadas y torneadas, molinos de mano y algunos rastros de vida de época imperial.

Debieron de abandonar sus pobladores el lugar en el II siglo a. C., tras la primera presencia romana, instalándose en ciudades cercanas como Cara, Andelos…, pero en el sigo IV o V  algunos de ellos volvieron a habitarlo en algunas de sus dependencias.

Delante de nosotros y hasta las bardas mismas del castro se extiende una larga y doble franja de coliflor muy crecida y bien regada, con hondos surcos, hechos por el tractor, llenos de agua. El barrizal  es grande y no podemos dar un paso por ahí. Así que, tras almorzar brevemente al sol templado en el día geológico y astronómico de Santa Lucía, damos una vuelta por los campos de Beire, rodeando por el oeste y el sur el macizo, entre cultivos  parecidos a los anteriores, hasta llegar al punto central meridional del macizo castreño por una ancha pista,  camino comunal de Ujué, y luego por una desviación. donde hay varios letreros que indican la Ruta de Turbil, toponímico muy discutido.

Subimos por un buen sendero que bordea un almendral, al parecer abandonado, lleno de malas hierbas, que nos interna en un prieto monte bajo, cultivado para cereal todavía durante la primera mitad del siglo pasado, y hoy todo un coscojar, chaparral o carrasquilla (quercus coccifera), mezclado con denso  romeral – y el romero floreciendo, como en el villancico navideño -, tomillar, enebral, aliagal, cardedal yesero…, propios del monte bajo.

Desde aquí ya vemos a lo lejos la mota blanca de la cabeza de la estatua. Y allá que vamos.

Lamentos de Job

 

Quizá el libro de Job sea el más bello de la Biblia. No inferior a Isaías,  los Salmos  o al Cantar de los cantares. 

       Pero sea eso cierto o no, es, sin discusión, uno de los libros más hondos, más provechosos para la vida. No sé si será casual: estaba yo repasando algunos de los magistrales discursos del justo abatido, y en el capítulo 12, donde él quiere dejar clara  a sus interlocutores el poderío de Dios, me encuentro con estos párrafos, que me parecen dictados, uno de estos días, a sus lectores españoles:

Deja sin talento a los jefes del país. / Los guía por un desierto intransitado.

Van a tientas, sin luz, entre tinieblas / tambaleándose lo mismo que borrachos.

Santos venezolanos

 

                             El día 19 de octubre, día de las canonizaciones, Roma se llenó de venezolanos, pero también varios días antes y después, porque lo que no podían celebrar en su propio país, lo celebraban a muchos kilómetros de distancia: los dos primeros santos venezolanos subidos a los altares: santa Carmen Rendiles y el muy popular José Gregorio Hernández, el llamado médico de lo pobres, porque  curaba gratuitamente a quienes no tenían cómo pagar.

Las comprensibles tensiones con el Gobierno del dictador Maduro llegaron a su culmen tras las palabras del cardenal secretario de Estado Pietro Parolín, antiguo nuncio en Caracas,  cuando el día 20, en una misa de acción de gracias, ante la mismísima alcaldesa madurista de Caacas y los representantes de la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), abogó por la liberación de los presos políticos. En una alocución pública, Maduro arremetió contra el cardenal Porras, ex arzobispo de la capital, acusándole estúpidamente de conspirar para impedir la canonización: ¡Hoy es santo a pesar de ti y de los tuyos… !, y la represión chavista suspendió la mega eucaristía que iba a celebrarse el día 25 en el estadio monumental de beisbol de Caracas.

Por otro lado, el susodicho cardenal Porras, artífice mayor de la doble canonización, fue forzado a regresar a su casa, cuando intentaba llegar a Isnotú, tierra natal del nuevo santo, para celebrar la misa por la fiesta litúrgica del médico de los pobres. María Corina Machado, la Premio Nobel de la Paz de este año, posteó entonces: Lejos de intimidar con esta violencia desesperada contra al la Iglesia, estas acciones solo logran una mayor unión y determinación del pueblo.

Cada día Venezuela se parece más a Nicaragua. También en el acoso y persecución a la Iglesia.

La necrópolis medieval de Etxauri

 

               Después de unos días con pocas lluvias, algunas nieves altas y fuertes vientos, amanece un día de diciembre soleado, algo ventoso y fresco de último otoño. Como la poca luz de tarde nos recorta cualquier salida lejana, elegimos objetivos cercanos, como este tan querido de Etxauri, cuya necrópolis nunca nos había llamado la atención. a pesar de haber estado muchas veces cerca.

Lugar privilegiado, en el Camino del Soto, por donde vamos cada años a los cerezos, en la terraza fluvial que dio asiento a los segundos pobladores entre el Eneolítico y el Bronce, aprovechado también por los romanos. El antiguo camposanto se extiende al este del palacio de los Mora -torreón del XV y cuerpo palaciego con portalón del XVII-, ahora palacio turístico rural, al que está adosada la ermita  de Nuestra Señora de los Remedios, que guarda una Virgen y un retablo de comienzos del XVII.

En una superficie de 1.300 metros cuadrados, hoy cubierta por el yerbín, se registraron 168 sepulturas, de las que se excavaron 99. La mayoría de ellas tienen forma de cista, con cubiertas de piedras. Los cuerpos de personas adultas e infantiles estaban en posición de decúbito supino, con las caras mirando hacia oriente (el sol, Tierra Santa). Algunos de los esqueletos presentaban deformidades en la extremidades y dentaduras. La estatura solía ser superior a los 1′ 70 m., y se encontró una que medía 1´95 m.

En seis de ellas se han puesto estelas discoideas, con las clásicas cruces, rosetones, margaritas… esculpidas en las dos caras.

Junto a los muros de la ermita  montan la guardia tres espesos cipreses itálicos, tal vez supérstites de algún rodal de cipreses que guardaban la necrópolis original. En el flanco norte del área dos tilos ornan el suelo a sus pies con sus penúltimas hojas otoñales, y un corro de boneteros fijan el perímetro.

El  último otoño se refugia en las lanzas de los chopos que bordean el Arga, que pasa ahí abajo, a los pies de la terraza fluvial, y en las rosas que todavía lucen al inicio de los tajos de la viña,  como  han llamado siempre en Etxauri al gran plano viñedal hoy propiedad de Bodegas Otazu. Los nuevos amos acaban de cerrar a cal y canto de hierro cortén el camino, que lleva hasta la iglesia, el palacio y el pequeño caserío.

 

¿La fe como morfina?

 

                 Leo una despedida al padre muerto de uno de sus hijos, Alfonso J. Ussía, impecablemente literaria, y me detengo en uno de sus párrafos: «Que la vida no es el final» está escrito en la morfina de una fe, que no encuentro por ningún lado. Claro que lo es. Siempre lo ha sido. La vida es una tragedia: todas terminan igual de mal.

El autor parece sincero: no encuentra la fe por ningún lado, y, además, la fe le parece una morfina, es decir, un alivio grande para una pena grande, un analgésico opioide. Como le parecía a Carlos Marx: el opio del pueblo, el opio de todos. No un veneno, no, sino un analgésico. Mucho menos, una nueva visión de la existencia, una luz de vida, una vida nueva regalada y eterna, compartida. Por eso la vida le parece una tragedia: algo sin salida, sin sentido. Es algo muy habitual.

Por eso prefiero el final de la primera línea del artículo, donde el hijo de Alfonso Ussía escribe: Ya no te veré más hasta que se muera la muerte, si es que se muere alguna vez. Esto, además de bello, parece una exclamación, una jaculatoria de un agnóstico, y no de un ateo convencido de que la muerte no es es final, o de que la fe es solo una morfina.