¿Qué queda de la teología de la liberación? (y VII)

 

                    El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, participó en los recientes Jubileos celebrados en Roma de los Equipos Sinodales y de los Movimientos Populares, y nos ha dejado su impresión sobre los mismos y sobre el significado de la actual doctrina social y praxis de la Iglesia, que tiene que ver con todo lo que vamos viendo y diciendo acerca de la llamada teología de la liberación.

En primer lugar, tras recordarnos el saludo del papa con un ¡Estoy con ustedes!, Colombo nos recalca lo estrechamente unida que está en el actual pontífice esta comprensión bien concreta del mundo de los pobres y de los desafíos que afrontan a su experiencia de misionero en Iberoamérica. Como Francisco, parte de  la realidad leyéndola evangélicamente, tratando de iluminarla pastoralmente.  Hoy como ayer, hermanas y hermanos muy pobres de todos los continentes participan en la tarea de la iglesia como Pueblo de Dios, acompañados por sus sus servidores los obispos sacerdotes y religiosos, y valoran la presencia de esa Iglesia, que confía en ellos  y apuestan por su organización solidaria y fraterna para pechar juntos en medio de los problemas de la vida.

El Jubileo nos ha revelado el rostro de Jesús entre los pobres de la tierra, siempre buena noticia para las personas de buena voluntad. Ha dejado claras también las posturas de tantos actores políticos y sociales que los ignoran en sus macro economías de la indiferencia o los tienen de rehenes sin ayudarlos de verdad. Hoy es más necesario que nunca urgir una mayor conciencia crítica en las minorías dominantes políticas y sociales, que renueve los liderazgos de las naciones y de todas la instituciones internacionales. Servir desde el Evangelio, como parte  activa de ese pueblo peregrino, a la promoción de los pobres, al respeto de su dignidad inalienable y a su participación en la vida de los pueblos y en la historia de los hombres no tiene modo de equivocar el camino. Los pobres son los benditos de Dios, como nos recuerda el cántico de María en el Protoevangelio de Lucas.

En lo que toca a los equipos sinodales, el presidente de los obispos argentinos, cree que es un tiempo propicio para llevar a cabo los propósitos del reciente Sínodo, con la ayuda de la Secretaría de mismo y de las Conferencias Episcopales, y del CELAM en Iberoamérica. Pero queda a las diócesis afrontar la constitución efectiva de su propio equipo de animación sinodal, así como renovar los consejos diocesanos y parroquiales.

Lo que más le impresionó al obispo argentino en el Jubileo de los movimientos sociales  fue la alegría de los participantes, en medio de sus historias de dolor pero resignificadas por su opción de vida junto a otros, por el bien de todos. El gracias por estargracias por saltar por nosotros de muchos fue lo que más le llegó al corazón. Y relata el caso de algunos jóvenes que, en medio del Jubileo, se sintieron perdonados, animados y lanzados a la evangelización por la fe en el Dios que salva, lo que conmovió al mismo papa y a los obispos que estaban con él.

Todos hemos sido evangelizados por los pobres en este Jubileo, acaba diciendo Marcelo Colombo.