En vísperas de la Fiesta Nacional, bueno es recordar a ciertos padres de la Patria, como fue el catalán federal Francisco Pi y Margall, incluidos sus aciertos y errores, éxitos y fracasos. El año 1874, poco después de tener que abandonar la presidencia de la República, hacía manifiestas en su Vindicación las amarguras que le había dado el poder, tantas, que ya no podía codiciarlo. Había perdido, según confiesa, en el turbulento Gobierno que le tocó presidir, su tranquilidad, su reposo, su ilusión, y hasta la confianza en los hombres, que constituía -dice-el fondo de mi carácter. Y se explica: Por cada hombre leal, he encontrado diez traidores; por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinteresado y patriota, ciento que no bucaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos.
