Dos presidencias en Navarra

Envié a DN mi breve artículo habitual con el título ¿Dónde la autocrítica?, haciendo un repaso ligero a las cinco formaciones políticas que han conseguido puestos en el Parlamento de Navarra. Quería hacer pública mi reflexión sobre victorias y derrotas y sobre el estado de la política navarra antes de proponer tal vez, y teniendo en cuenta las circunstancias, la mejor de las salidas a una situación intrincada. Pero, como el artículo no aparecía, me determiné anteayer a enviar una carta al director –lo más leído del periódico-, proponiendo lisa y llanamente, y salga el sol por Antequera, el reparto de los 48 meses de la legislatura para las dos presidencias del Gobierno y del Palamento en manos de UPN y PSN, según la proporción de sus escaños: 31´05 y 17’95, respectivamente, si no quieren dividir la legislatura en dos, que es lo que suele hacerse. Los precedentes son muchos en ayuntamientos, gobiernos regionales, y hasta en el Parlamento Europeo, como acabamos de ver en esta legislatura en la que aún estamos. El programa común, aunque sea de mínimos, y el reparto de consejerías no debe ser escollo mayor, cuando el más grave esté resuelto. Creo que esta solución es hoy la más deseada en el conjunto de Navarra. Auna el cambio y la continuidad. La seguridad y la novedad. Tras la vuelta de ETA a donde solía, la situación no es normal, y no basta la prosperidad económica para excluir la anormalidad. Por otra parte, los dos partidos nacionales, navarros y constitucionales, con la ayuda bien recibida de CDN e IU, y ojalá que de todos los demás, pueden y deben llevar a cabo las reformas del Amejoramiento del Fuero, ya muy elaboradas en el Parlamento, y ponerse de acuerdo en preparar, para cuando sea viable, la reforma de la Constitución en lo que a Navarra respecta. Y ahora, a esperar las naturales reacciones, o, quién sabe, la ausencia de las mismas. Que por mí no quede.