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Ana María Matute y Dios

 

                       Cuando solo faltan cinco meses para el centenario del nacimiento de la novelista catalana Ana María Matute (Barcelona, 1925-2014), una de las mejores novelistas europeas en español, se cierra  en Madrid la exposición biográfica Ana María Matute: Quien no inventa no vive, organizada por el Instituto Cervantes. 

 La autora de Olvidado rey Gudú (1996), de padres muy religiosos, habló muchas veces de Dios. Ya a mediados de los noventa,  en el libro de confesiones Ana María Matute: la voz del silencio, le dice a su amiga  Marie-Lise Gazarian, catedrática de Literatura Española en la Saint John´s University de Nueva York:

No soy católica en el sentido completo de la palabra. Lo soy porque me bautizaron, pero, aunque durante mucho tiempo no creí en Dio, ahora he cambiado. El Dios que me mostraban las monjas no me servía, pero he descubierto que hay un Dios para mí, tengo una idea personal de Dios. En mi fuero interno no sé si llamarle así. (…) Necesito alguien a quien pedir ayuda en los momentos más duros de mi vida. Quiero creer que hay algo, pero no tengo ninguna religión concreta ni practico ninguna. Pero sí me gustaría saber que hay alguien que me escucha y ayuda, que es en realidad la base de todas las religiones: esa necesidad que tiene el ser humano de comunicar sus angustias a alguien que crea superior y capaz de aliviarlas.

Ante la muerte de su compañero durante 28 años, Julio Brocard:

No puedo creer que todo acaba con la muerte; sería muy desesperanzador. No, Ahí no se acabó  todo, por inquietante que resulte la idea. Si se cree algo así, la muerte se acepta mejor, deja de ser algo tan brutal. Lo que llevamos dentro, lo que experimentamos, no puede desaparecer, no puede arder. Eso está ahí y ahí quedará.

Hablando de Cristo, por quien siente un profundo cariño, recuerda que desde niños nos acostumbramos demasiado fácilmente a ver a Cristo clavado en cruz, cuando no sabíamos nada del dolor y de la muerte: En cambio, si un día viésemos en un lugar público a alguien que nos fuera familiar torturado y muerto, nos quedaríamos horrorizados.

Andando los años, en 2010, a la cineasta Ángeles González-Sinde. autora del cortometraje Demonios familiares, basada en la última novela de Matute, le responde sobre el cumplimiento de la religión de sus padres: De pequeñita sí, como todos, pero luego durante muchos años fui atea. Ahora no, ahora no soy practicante, pero soy creyente a mi modo. Dos años después, se explaya con Gema Veiga, que le entrevista para Elle y le pregunta sobre Dios:

Lo único que se me ocurre decir de esa palabra es «el Absoluto». Yo no sé explicar a Dios, sin embargo puedo afirmar que lo he encontrado. Fue hace unos años, alrededor de quince. Tuve una sensación intensa, como de mucha paz. En el instante en que sucedió [un día en que estaba escribiendo «de una manera muy satisfactoria»], lo más fuerte no fue descubrir que Dios existía, sino sentir profundamente que Él también sabía que yo existía No me pidas que lo describa, pero sé que Dios sabe que estamos aquí.

En fin, el año 2013, ya enclaustrada en su casa, le responde a Xavi Ayén, que se interesa por su vida religiosa, que fue a misa hasta los 16 o 17años: Ahora soy creyente. Desde hace diez  u once años, quizás más. No practico porque no ando. Y porque una ves fui a una iglesia y no había nadie. Me dije `¿Yo qué hago aquí?´ Me levanté y me fui. Tengo una idea de Dios, un día lo sentí de una manera muy profunda. 

 

El castro más cercano de mi casa

 

 

             La tarde de febrero medio está fresca y neblinosa. Con el navegador GPS, bajando por la  Cuesta de la Reina, y pasando por la Rotxapea, Nueva Artica y Artica, llegamos en unos pocos minutos a uno de los recodos de la falda sur del monte San Cristóbal, que tengo cada día frente a mi casa. Por un camino de barro duro alcanzamos pronto el punto central del viejo poblado prerromano, llamado Artikagain (o Alto de Artica), pequeño espolón, cercado de pinares por el norte, el este y el oeste, muy cerca del monumento al Corazón de Jesús, y donde plantaron uno de los postes metálicos de la electricidad que recorren la ladera.

Seguramente por aquí estuvo la muralla norte, de la que quedan restos soterrados pero visibles, y el foso que separaba el recinto del monte más alto, hoy colmatado por el camino. A ambos lados están los terraplenes, defensas naturales del poblado,  hoy cubiertos por el pinar. En la parte llana occidental se extiende un buen trozo de terreno baldío, ocupado por altas yerbas, zarzales, agavanzos, cardos. lechetreznas  y olivardas.

Por aquí encontró Armendariz cerámicas manufacturadas, una flecha de hierro con aletas y fragmento de molino. Los hallazgos que estudió Amparo Castiella, cuando las obras de la carretera  variante, al pie del macizo, procedían tal vez del espacio económico del castro, o tal vez de algún arrabal de población cercana. También las piedras del pedestal del monumento sacro, de seis metros de altura, pueden proceder de la muralla arcaica. Por cierto, me gusta la imagen, limpia y estilizada, de hormigón, obra del escultor Áureo Rebolé y promovida por el gran Ambrosio Eransus, sacerdote natural de Mendioroz (+1996), a quien traté de cerca, que nos llenó los montes de Navarra de Via-crucis en forma de cruces de hierro, también aquí, donde se ven las dos últimas del itinerario sacro.  En el recuadro de piedra que la circunda, de las cuatro bolas angulares que la adornaban sólo queda una. Al sur del monumento, vemos en tierra dos cabos de velas rojas  y un rodal de  narcisos recién florecidos.

La superficie del castro, debió de tener, según el arqueólogo de Puente, 18.000 metros cuadrados, que ahora, en buena parte, coinciden con el raso de norte a sur, no ocupado por los pinares. Bajamos hasta el que aparece como espacio económico del oppidum, hoy sembrado de cereal y único trozo cultivado del espacio. En el camino encontramos miles de pequeños hormigueros, sin hormiga alguna, que han sacado fuera su tierra húmeda, en forma de tiendas de campaña, y numerosas procesiones de la procesionaria del pino, negra, blanca y anaranjada, que, si no han sido aplastadas por los pies de los viandantes, bicis, motos y coches, prosiguen sin prisa pero sin pausa -trenecitos viajeros- su obligado camino, tras el descenso desde las bolsas de los árboles, hasta su enterramiento provisional, para volver después a la vida en forma de mariposas para fecundar o ser fecundadas y morir al día siguiente. Leo que las  comitivas las dirigen siempre las hembras. ¡Precursoras arcaicas! En algunos casos, son dos y hasta tres las columnas de viajeras en filas larguísimas, parecidas a culebras, pero la mayoría son mucho más cortas.  Desde el límite del pinar nos sonríe sonrosadamente un pequeño almendro.

Pero ni las hormigas ni la procesionaria nos distraen de contemplar despaciosamente desde aquí Pamplona y sus contornos, y, sobre todo,  la serie de castros prerromanos que poblaban la comarca de la actual capital navarra, en aquellas calendas, antes de inventarse: Irulegi, Gaztelu, Mendillorri,  Pompaelo (donde está la catedral), Puno,  Murugain, Santa Lucía, Sardea…

Espléndido observatorio, aunque la neblina de la tarde lo matiza todo, para jugar a identificar barrrios, parques, edificios. Siguen pasando junto a nosotros bicis, corredores varones sueltos o en parejas, una joven con perro… Por la variante, coches sin cuento, pero no oímos el ruido. La iglesita de Orcoyen viejo se encumbra alegre sobre el caserío viejo y nuevo. El Perdón y el otro Perdón, la Peña de Etxauri, el Txurregi y el Gaztelu, este año sin nieves, están con esta neblina más atardecidos que de costumbre.

¿Quién teme a Donald Trump?

 

                              ¿Es que este presidente delincuente, por sentencia de un juez federal;  este desalmado inductor del asalto al Capitolio; este tonto ignorante de la moral universal… va a anular al profeta Isaías, a Sócrates, al Aquinate, o a Immanuel Kant, y borrar la Carta universal de Derechos Humanos?

Qué pena que no hubiera aprendido las lecciones que le dio la obispa episcopaliana Budde, en la catedral de Washington, a  la que él despreció olímpicamente…

¿Quién teme aquí y ahora a Donald Trump? Ábrase la lista y vayan apuntándose los apoquinados y cobardes  idólatras de este Nabucodonosor con pies de barro.

 

La Comunidad apostólica (VI)

 

           En  el capítulo 2 y versos 42-47 del libro Hechos (de los Apóstoles), escrito también por el evangelista Lucas, cuyo protagonista no es ya Jesús, sino el Espíritu del Resucitado, que se hace presente en la vida de la primera comunidad apostólica, se nos dan las coordenadas de esa comunidad:

                    Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

La enseñanza es el ámbito en el que se transmite la tradición apostólica, que arranca de Jesús (Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes…) y la propagan los apóstoles. Mantenerse  fieles a esa enseñanza implica perseverar en la tradición evangélica, que se enseña y se vive en las reuniones comunitarias.

La fracción del pan (el partir el pan) es la celebración eucarística. Repetir el gesto de Jesús, en la última cena, de la fracción del pan y del reparto del  vino, que recuerdan, simbolizan y hacen presentes el cuerpo y la sangre del Maestro, entregados por nosotros, significa dar el aliento y alimento, que llegan a saciar, multiplicados, a todos los que escuchan  su palabra y enseñanza:

Acudían diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu; partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios… Que no otra cosa significa Eucaristía, sino acción de gracias.

La tragedia de los niños

 

                                  El día 3 de este mes, en la Sala Clementina del Vaticano, sala tradicional de las audiencias papales, el papa Francisco presidió una cumbre mundial para tratar de los derechos de los niños, bajo el lema Amémoslos y protejámoslos. Entre las personas invitadas, la reina Rania de Jordania; el premio Nobel de la Paz, Al Gore; el ex presidente del Banco Europeo, Mario Draghi; el viceprimer ministro de Egipto, K. B. Chafar… 

Habló el papa largamente de la tragedia de millones de niños muertos en el mar, en los desiertos, en los largos caminos de las migraciones. De 40 millones que perdieron sus casas a causa de conflictos; 100 millones que no tienen casa; 160 millones, víctimas de trabajos forzosos, trata, abusos y explotación de todo tipo. De 150 millones de niños no registrados, niños invisibles, que no tienen existencia legal, sin protección alguna, fácilmente maltratados, muchos de ellos vendidos como esclavos.

La reina Rania de Jordania se refirió a los niños de Gaza, de los que el 96% de ellos ha sentido la muerte como inminente y la mitad de los cuales ha dicho que quiere morir…

Y, en parecidos términos, hablaron los otros invitados por la convocatoria de Francisco. Baste otra cifra trágica: 300 millones de niños viven con 2 dólares al día.

El papa anunció, al final de la jornada, una próxima exhortación apostólica sobre los derechos de la infancia.

 

Precónclave anti Bergoglio

 

                             Mientras el papa Francisco parece recuperarse de una bronquitis en el hospital Gemelli de Roma, nos enteramos de que unos 80 cardenales, arzobispos y obispos, activos o jubilados, casi todos procedentes de países en desarrollo, se reunieron por sexto año consecutivo, del 14 al 18 de enero último, en el mejor hotel –Penha Longa- de Sintra (Portugal). Todos los muchos gastos, desde el viaje de ida y vuelta, son pagados por el Acton Institute for the Studdy of Religión and Liberty de Estados Unidos de América, fundado por el padre Robert Sirico, antiguo pastor pastor evangélico, convertido al catolicismo en 1989, próximo al Partido Republicano y uno de los firmes opositores a los planteamientos sociales del papa Francisco. Uno de sus lemas preferidos es la opción preferencial por la libertad, frente a la opción preferencial por los pobres de Francisco y de otros muchos.

Como el encuentro es casi de tapadillo, desde secreto a discreto, tenemos pocas noticias sobre él. Sorprende que, este año, asistiera al mismo el obispo nicaragüense Rolando José Álvarez Lagos, expulsado por el dictador Ortega, quien conmovió a todos los presentes con el relato de la persecución religiosa en su país.

Sabemos que a alguno de esos encuentros han asistido el arzobispo nigeriano de Abuja, mons. Ignatius Ayau Kaigama, o el obispo de Haarlem- Amsterdam, Johannes Hendriks, quien confesaba paladinamente que Acton trasmitía la visión de un Estado con poco espacio para ocupare de los pobres, débiles y necesitados, a los que abandona a la caridad. Sabemos también que hace cinco años, al segundo encuentro asistió también el entonces arzobispo de Lahore (Pakistán),, Sebastián Shaw, que pedía entonces mantener en secreto la reunión. Hace seis meses fue destituido, acusado de abusos sexuales y fraude financiero.

Ni que decir tiene que en el Acton Institute las críticas al papa Francisco son constantes. Incluso, una encíclica tan popular y tan bien recibida en todo el mundo como Laudato si fue calificada  de texto bien intencionado, pero defectuoso desde el punto de visto económico, extremo que se extiende habitualmente, como es natural, a todo el magisterio del pontífice.

 

 

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Volviendo a Ortega (II)

 

                   En el artículo titulado Un diálogo, inserto también en el volumen III de sus OC, Ortega critica la critica literaria católica de Henri Massis, inexistente para el filósofo español, como tal crítica católica. En él y  en otros católicos militantes de Francia ve con frecuencia frases en que se insulta a todo lo que no es catolicismo tradicional y otras en que se afirma vehementemente la superioridad del catolicismo tradicional. Lo que le parece un catolicismo comodín que justifica la ignavia. Catolicismo que contrasta, según él,  con la egregia labor de católicos alemanes, como Scheler, Guardini, Przywara, que se han tomado el trabajo de de recrear una sensibilidad católica partiendo del alma actual. Que no tratan de  renovar el catolicismo en su cuerpo dogmático, sino de renovar el camino entre la mente y los dogmas. Obra de auténticos pensadores, que han conseguido, sin pérdida alguna del  tesoro tradicional, alumbrar en nuestro propio fondo una predisposición católica, cuya latente vena desconocíamos.

En cambio, los escritores católicos militantes franceses, que confunden el catolicismo con el tomismo, le parecen más bien gente política: atacan y defienden; no meditan. Insultan y enconan: no investigan. Usan del catolicismo como de una maza. Se ve demasiado pronto que su afán no es el triunfo de la verdad, sino apetito de mando: actitud aprendida de los sindicalistas, comunistas, socialistas extremos, que creían poseer en cifras todas las verdades y desdeñaban la ciencia burguesa.

De la religión -concluye Ortega- no se deriva una filosofía, ni, en general, una ciencia, menos aún una estética, y todavía menos una crítica literaria. No basta ser católico para hallarse en posesión de tan espléndido patrimonio. Precisamente, la suma originalidad del catolicismo frente a todas las demás religiones es que separa de manera radical la fe de la ciencia y a la vez postula la una para la otra sin allanar violentamente su fecunda diferencia.

La fides quaerens intellectum (la fe que busca la inteligencia) de San Anselmo le parece al filósofo madrileño acaso el lema más fértil que se ha inventado, y el que más agudamente define la mente del hombre. La fe  que siente su propia plenitud en forma de enorme sed de intelecto: audacia admirable del catolicismo. La fe, no holgazana,  que no se contenta consigo misma y exige pruebas de la existencia de Dios.

El castro «San Sebastián» en Cintruénigo

 

                                    El sol de febrero se enseñorea del sur de Navarra y le acompaña un viento moderadamente frío, revoltoso y pegadizo, que hace una saludable pareja con él. Esta excursión ha sido la excursión de los almendros en flor. Desde que hemos salido de Pamplona, unos pocos almendros, mayormente de flor blanca, nos han acompañado durante todo el viaje, a uno y otro lado de la autopista, pero, al llegar a territorio de Cintruénigo, todo son flores blancas o rosadas de almendros, algunos ya con la flor caída y la mayoría en plena floración. Hay ribazos y laderas enteras nevados de flores blancas. Muchos almendros  tienen entre sus flores nidos de muérdago que los hacen todavía más bellos. En el Moncayo, el sol resbala sobre la nieve y le arranca juegos de luz.

Esta vez, y ya escarmentados del fracaso del intento anterior, salimos de la carretera y nos acercamos al castro por un camino pedregoso, antes de llegar a Fitero. Dos paisanos que pasean con un perro nos confirman que estamos cerca de la ermita maltrecha, y llegamos pronto al lugar, entre viñas antiguas y recientes, entre olivares nuevos y entre baldíos ocupados por lechetreznas, cardos y olivardas.

La verdad es que del viejo castro celtibérico, llamado ahora San Sebastián, frente al yacimiento, al otro lado del río, de Peñahitero, que visitamos anteriormente,  queda bien poco: un montículo (tell) donde estuvo el espolón natural, los que un día fueron fosos, y poco más. El oppidum y sus aledaños los estudiaron los arqueólogos fiteranos Manuel Medrano, y María Antonia Diaz; sobre todo su discípulo el arqueólogo cirbonero Salvador Ramírez, y junto a él algunos estudiosos fiteranos, como mi amigo, ya difunto, el historiador Serafín Olcoz. Y después Armendáriz.

Situado a veinte metros del río Alhama, sobre un espolón de terraza, a una altura de 418 metros y con una superficie de 8.800 metros, estaba ya vivo en la Edad de Hierro Antiguo, fue abandonado en el siglo I a. C.. y de nuevo  habitado desde el siglo IV o V, y  durante la época visigoda y proto islámica, después en la Edad media y moderna, como demuestra el edificio (principios del s. XVII), todavía en pie pero arruinado, de la ermita dedicada a San Sebastián, que sustituyó probablemente al templo del poblado de Ormiñén despoblado a mediados del XVI: planta de cruz latina, cúpula sobre pechinas y  bóveda de lunetos; con casa ermitaña adosada, habitada en un tiempo posterior por los frailes pasionistas. Hoy está precedida por una basurero residual y variopinto, cercada de carrizos altos, bajo unos unos pocos pinos y un rodal de ailantos. La rodea por el sur un canal cementoso de riego. Rodeada por todas partes de terrenos baldíos, debajo de terraplén oriental, donde estuvo uno de los fosos, se extiende el espacio de una gran finca agrícola y granja de ganado vacuno y caballar.

Los arqueólogos suponen en este llano de Ormiñén un campamento romano durante un cierto período de tiempo, porque, además de gran abundancia de cerámicas manufacturadas y celtibéricas encontradas, molinos de todo tipo, falera de bronce con rostro masculino y casco, se han encontrado en el entorno muchos ases celtibéricos desde el siglo II al I a. C., acuñados en cecas cercanas y lejanas,  pero sobre todo téseras zoomorfas de hospitalidad (el hospitium, institución céltica) y muchos proyectiles plomizos de honda, con epígrafes de Quintus Sertorius, el caudillo popular romano, junto a una bala de catapulta de piedra. A unos cientos de metros se encontró también una villa romana sin fortificar en el término Majarrasas de Fitero.

El expolio del lugar ha sido, según todos los autores, intenso y continuo, lo que se añade a la
construcción del poblado visigodo y medieval, la ermita, el canal de riego, la roturación agrícola…, para hacer desaparecer del mapa el castro protohistórico, que no lo consiguieron del todo.

Por querer tomar un café en la Venta del Baño, navarra o riojana, tenemos que seguir hasta Cervera, y allí nos cuesta un rato. Acabamos en el Parque, junto al río Alhama, que viene crecido después de las lluvias, y no podemos resistir, como de costumbre, la tentación del Parque Biosaludable o Gimnasio al aire libre, en el que no tenemos competidores.