En el capítulo 2 y versos 42-47 del libro Hechos (de los Apóstoles), escrito también por el evangelista Lucas, cuyo protagonista no es ya Jesús, sino el Espíritu del Resucitado, que se hace presente en la vida de la primera comunidad apostólica, se nos dan las coordenadas de esa comunidad:
Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
La enseñanza es el ámbito en el que se transmite la tradición apostólica, que arranca de Jesús (Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes…) y la propagan los apóstoles. Mantenerse fieles a esa enseñanza implica perseverar en la tradición evangélica, que se enseña y se vive en las reuniones comunitarias.
La fracción del pan (el partir el pan) es la celebración eucarística. Repetir el gesto de Jesús, en la última cena, de la fracción del pan y del reparto del vino, que recuerdan, simbolizan y hacen presentes el cuerpo y la sangre del Maestro, entregados por nosotros, significa dar el aliento y alimento, que llegan a saciar, multiplicados, a todos los que escuchan su palabra y enseñanza:
Acudían diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu; partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios… Que no otra cosa significa Eucaristía, sino acción de gracias.