Precónclave anti Bergoglio

 

                             Mientras el papa Francisco parece recuperarse de una bronquitis en el hospital Gemelli de Roma, nos enteramos de que unos 80 cardenales, arzobispos y obispos, activos o jubilados, casi todos procedentes de países en desarrollo, se reunieron por sexto año consecutivo, del 14 al 18 de enero último, en el mejor hotel –Penha Longa- de Sintra (Portugal). Todos los muchos gastos, desde el viaje de ida y vuelta, son pagados por el Acton Institute for the Studdy of Religión and Liberty de Estados Unidos de América, fundado por el padre Robert Sirico, antiguo pastor pastor evangélico, convertido al catolicismo en 1989, próximo al Partido Republicano y uno de los firmes opositores a los planteamientos sociales del papa Francisco. Uno de sus lemas preferidos es la opción preferencial por la libertad, frente a la opción preferencial por los pobres de Francisco y de otros muchos.

Como el encuentro es casi de tapadillo, desde secreto a discreto, tenemos pocas noticias sobre él. Sorprende que, este año, asistiera al mismo el obispo nicaragüense Rolando José Álvarez Lagos, expulsado por el dictador Ortega, quien conmovió a todos los presentes con el relato de la persecución religiosa en su país.

Sabemos que a alguno de esos encuentros han asistido el arzobispo nigeriano de Abuja, mons. Ignatius Ayau Kaigama, o el obispo de Haarlem- Amsterdam, Johannes Hendriks, quien confesaba paladinamente que Acton trasmitía la visión de un Estado con poco espacio para ocupare de los pobres, débiles y necesitados, a los que abandona a la caridad. Sabemos también que hace cinco años, al segundo encuentro asistió también el entonces arzobispo de Lahore (Pakistán),, Sebastián Shaw, que pedía entonces mantener en secreto la reunión. Hace seis meses fue destituido, acusado de abusos sexuales y fraude financiero.

Ni que decir tiene que en el Acton Institute las críticas al papa Francisco son constantes. Incluso, una encíclica tan popular y tan bien recibida en todo el mundo como Laudato si fue calificada  de texto bien intencionado, pero defectuoso desde el punto de visto económico, extremo que se extiende habitualmente, como es natural, a todo el magisterio del pontífice.

 

 

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