El castro «San Sebastián» en Cintruénigo

 

                                    El sol de febrero se enseñorea del sur de Navarra y le acompaña un viento moderadamente frío, revoltoso y pegadizo, que hace una saludable pareja con él. Esta excursión ha sido la excursión de los almendros en flor. Desde que hemos salido de Pamplona, unos pocos almendros, mayormente de flor blanca, nos han acompañado durante todo el viaje, a uno y otro lado de la autopista, pero, al llegar a territorio de Cintruénigo, todo son flores blancas o rosadas de almendros, algunos ya con la flor caída y la mayoría en plena floración. Hay ribazos y laderas enteras nevados de flores blancas. Muchos almendros  tienen entre sus flores nidos de muérdago que los hacen todavía más bellos. En el Moncayo, el sol resbala sobre la nieve y le arranca juegos de luz.

Esta vez, y ya escarmentados del fracaso del intento anterior, salimos de la carretera y nos acercamos al castro por un camino pedregoso, antes de llegar a Fitero. Dos paisanos que pasean con un perro nos confirman que estamos cerca de la ermita maltrecha, y llegamos pronto al lugar, entre viñas antiguas y recientes, entre olivares nuevos y entre baldíos ocupados por lechetreznas, cardos y olivardas.

La verdad es que del viejo castro celtibérico, llamado ahora San Sebastián, frente al yacimiento, al otro lado del río, de Peñahitero, que visitamos anteriormente,  queda bien poco: un montículo (tell) donde estuvo el espolón natural, los que un día fueron fosos, y poco más. El oppidum y sus aledaños los estudiaron los arqueólogos fiteranos Manuel Medrano, y María Antonia Diaz; sobre todo su discípulo el arqueólogo cirbonero Salvador Ramírez, y junto a él algunos estudiosos fiteranos, como mi amigo, ya difunto, el historiador Serafín Olcoz. Y después Armendáriz.

Situado a veinte metros del río Alhama, sobre un espolón de terraza, a una altura de 418 metros y con una superficie de 8.800 metros, estaba ya vivo en la Edad de Hierro Antiguo, fue abandonado en el siglo I a. C.. y de nuevo  habitado desde el siglo IV o V, y  durante la época visigoda y proto islámica, después en la Edad media y moderna, como demuestra el edificio (principios del s. XVII), todavía en pie pero arruinado, de la ermita dedicada a San Sebastián, que sustituyó probablemente al templo del poblado de Ormiñén despoblado a mediados del XVI: planta de cruz latina, cúpula sobre pechinas y  bóveda de lunetos; con casa ermitaña adosada, habitada en un tiempo posterior por los frailes pasionistas. Hoy está precedida por una basurero residual y variopinto, cercada de carrizos altos, bajo unos unos pocos pinos y un rodal de ailantos. La rodea por el sur un canal cementoso de riego. Rodeada por todas partes de terrenos baldíos, debajo de terraplén oriental, donde estuvo uno de los fosos, se extiende el espacio de una gran finca agrícola y granja de ganado vacuno y caballar.

Los arqueólogos suponen en este llano de Ormiñén un campamento romano durante un cierto período de tiempo, porque, además de gran abundancia de cerámicas manufacturadas y celtibéricas encontradas, molinos de todo tipo, falera de bronce con rostro masculino y casco, se han encontrado en el entorno muchos ases celtibéricos desde el siglo II al I a. C., acuñados en cecas cercanas y lejanas,  pero sobre todo téseras zoomorfas de hospitalidad (el hospitium, institución céltica) y muchos proyectiles plomizos de honda, con epígrafes de Quintus Sertorius, el caudillo popular romano, junto a una bala de catapulta de piedra. A unos cientos de metros se encontró también una villa romana sin fortificar en el término Majarrasas de Fitero.

El expolio del lugar ha sido, según todos los autores, intenso y continuo, lo que se añade a la
construcción del poblado visigodo y medieval, la ermita, el canal de riego, la roturación agrícola…, para hacer desaparecer del mapa el castro protohistórico, que no lo consiguieron del todo.

Por querer tomar un café en la Venta del Baño, navarra o riojana, tenemos que seguir hasta Cervera, y allí nos cuesta un rato. Acabamos en el Parque, junto al río Alhama, que viene crecido después de las lluvias, y no podemos resistir, como de costumbre, la tentación del Parque Biosaludable o Gimnasio al aire libre, en el que no tenemos competidores.