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Viernes de Cuaresma ( II )
(Is 1, 16-18; 44, 21-23)
En los tiempos del profeta Isaías,
siete siglos y medio antes de Cristo,
ya eran viejas y vanas las solas abluciones.
El agua era un símbolo claro
de la lucha del bien contra el mal,
de la limpia inocencia.
¿Qué era el bien
para aquellos creyentes en Yahvé?
Buscar el derecho a todas horas,
levantar al oprimido,
defender a los huèrfanos,
proteger a las viudas.
Cuatro versos sencillos resumen la moral.
Entonces, sólo entonces,
Dios blanquea de fúlgida nieve
los pecados más prietos que la púrpura
y de lana llovida
los pecados más rojos que el carmín.
Pues el Dios que nos creó,
el Primero y el Último,
nunca nos olvida y desampara,
si nosotros no olvidamos, satisfechos,
a los hombres que sufren desamparo.
Ahuyentó como nube siniestra
nuestra oscura rebeldía
y nos hace volver sin temor
al abrigo de su Roca.
El triple filtro
El problema de la identidad
El cardenal de Sevilla
El ayuno que agrada a Dios
(Me envían por la red este nuevo power point, con el título de la rúbrica y unos preciosos paisajes. Lo transcribo casi en su totalidad)
Ayuna de juzgar a otros.
Descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes.
Llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento.
Llénate de gratitud.
Ayuda de enojos.
Llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo.
Llénate de esperanza cristiana.
(…)
Ayuna de presiones.
Llénate de una oración cristiana en la acción.
Ayuna de quejarte.
Llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de amargura.
Llénate de perdón.
(…)
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús.
Llénate de todo lo que te acerque a Él.
La torrentera
Arte en la calle
Viernes de Cuaresma ( I )
(Sobre Is 53, 11b-12; Is 55, 3; Jr 3, 12b.14a)
Ya no es sólo el Siervo de Dios quien justifica.
Es el Hijo predilecto del Padre omniamoroso.
No necesita Dios víctima alguna.
Ni busca la revancha; ni siquiera
la más piadosa expiación.
Él es leal. A nadie que le busque
le pone mala cara.
Con nadie es rencoroso eternamente.
Pero el Hijo cargó en su vida inmaculada
con todos los crímenes del mundo,
con todos los despojos de la pobre multitud.
Escrito está en la historia universal:
que muchas veces pagan
justos por pecadores. Entre éstos
el Justo fue contado,
vilmente perseguido
y expuesto hasta la muerte ignominiosa.
Él nos dijo la última Palabra
para andar el camino de la vida.
Con su sangre inocente nos libró
de la carga de la sangre y de la muerte.
Dios selló con nosotros, sus hemanos de carne,
la alianza del amor y la presencia,
prometida a su Pueblo
desde siempre y por los siglos.