Vuelvo a mostrar mi admiración por una de las organizaciones -ya toda una institución- de mayor acierto y de más continuado éxito de nuestra España contemporánea. Ayer volví a admirar la selección de premiados, el excelente discurso del príncipe Felipe (un ejemplo del genuino patriotismo), las palabras de los premiados, la preciosa ceemonia en sí, el entusiasmo del público, el himno de Asturias… (Por cierto, ¿no podría ser el de España, cambiando una palabra, sin que dejase de ser el de Asturias?) De todo lo mucho que aprendí y he aprendido de todos estos auténticos personajes, me quedé con la commoción que vivió, y nos los trasmitió, el serio y genial cineasta austríaco Michael Hanecke ante los cuadros negros de Goya en el Museo del Prado, hace unos años. Qué vivencia extraordinaria de un artista extraordinario. Qué hombría de bien…
Archivo del Autor: vmarbeloa
Derecho a ser culpable
La reeducación y la reinserción social, hacia las que están orientadas las penas privativas de libertad, según nuestra Constitución (25, 2,) son imposibles, si el preso no reconoce su culpabilidad, reconocimiento que ya es el principio de toda reeducación. Podemos decir en este sentido que el primer derecho, v. g., de todo criminal de ETA, antes y después de Parot, es el derecho a ser culpable.
El fallo
Qué curioso, y qué revelador a veces, que las sentencias de los tribunales se llamen fallos…
La Gran Sala de Estrasburgo
La Gran Sala de Estrasburgo no es la sola responsable del fallo contra la doctrina Parot. Nii siquiera el magistrado socialista español, López Guerra, puesto por el Gobierno de España en el TEDH para hacer lo que ha hecho, arrastrando a varios de sus colegas a fallar lo que han han fallado. Ni aun el Gobierno R. Zapatero, que en su negociación con ETA asumió que el cese del terrorismo etarra exigía el desmantelamiento de la arquitectura legal levantada por el Gobierno Aznar para derrotar a ETA. La legalizacción de Sortu y el caso Faisán son pruebas fehacientes del mismo proyecto. Hemos de retrotraernos hasta la misma Transición y hasta el comienzo de la Democracia. ETA entonces no era lo que es hoy para la inmensa mayoría de los españoles, y no sólo para los independentistas, sus admiradores y seguidores, o para el el PNV, que compartía con ella parte principal de su ideario. Para casi todos los políticos de entonces, por uno u otro motivo, la política pentenciaria no era tampoco lo que es hoy, después de tan terribles experiencias. La rehabilitación y la reinserción de los asesinos primaba sobre todo. No sólo era tabú, era un disparate mayúsculo pensar y hablar de la necesidad del cumplimiento íntegro de las penas, que sólo a trancas y barrancas, y despues de muchos años de terror, se admitió por muchos de boquilla. Y luego, aquel estribillo de la unidad de la lucha antiterrorista, que sólo ayudaba a una política de mínimos resultados y de máximas concesiones. Un grupo de jueces progresistas puso letra jurídica a toda ese pensamiento débil seudo progresista. Que es el mismo seguramente que el de los jueces del TEDH, lejanos de todo terrorismo, lejanos del sufrimiento de miles de víctimas. Cuando se piensa, se escribe o se habla en abstracto, igual da un crimen que veinte. Al editorialista de El País, que acoge estos días las voces coincidentes con el fallo, veinte años de prisión por veintitrés víctimas mortales no le parecen poco. Otro de sus voceros nos pontifica que este es el momento de poner las cosas a punto, equiparando a ETA con el Gobierno de España. Lo de siempre: la política de los dos extremos, para lucirnos los del medio, los progresistas de siempre, los liberales de izquierda, los perfectos, los eternos superiores morales, los que quieren seguir rigiendo el universo.
Perdidos en el parque
Los ancianos separados de su entorno / son niños perdidos en el parque.
Homenaje al VI Congreso de la Lengua española
Los jailones se creen pijudos, aun cuando hacen un contradiós.
La incomunicación del PP
La incomunicación ha sido desde el comienzo una nota caracterísica del PP en el Gobierno de España. Ya sea por convicción arraigada, por elitismo político (complejo de singularidad o de superioridad), por falta de verdaderos comunicadores, o por tal número de realidades onerosas (casos de corrupción, etc), que hacen imposible toda fluida y natural comunicación. O por todo ello a la vez. Para colmo, cuando la secretaria general del partido, harta de Bárcenas, sus trampas y sus mentiras, decide por las bravas querellarse contra él, se encuentra con que la salida personal -una palabra contra otra- lleva consigo la escenificación judicial de la acusación de Bárcenas, pantalla mediante, desde la cárcel, lo que añade mayor desconfianza y mayor escándalo, si cabe, en medio de una nueva, radical, incomunicación.- La política, arte del gobierno de la comunidad, de la sociedad, del pueblo, es plaza pública o es una merienda de negros. Pero la plaza pública exige personas comunicadoras, de buena y convencida comunicación, y, sobe todo, sin temor a lo comunicado.
¿Qué es la gracia?
Es uno de los conceptos peor explicados, peor aprendidos, peor asimilados en la comunidad cristiana, a lo que no han ayudado mucho las curiosas y a veces extravagantes especulaciones y el intrincado vocabulario de la decadente escolástica anterior al Vaticano II. Pero ya desde los primeros siglos, prevaleció en los padres (teólogos) griegos la gracia de Dios como la acción del Dios trino en la historia de la salvación, y la inhabitación de ese Dios en el hombre y en el mundo para divinizarlos. En el siglo XX, superadas viejas disputas abstractas de escuela, los grandes teólogos protestantes y católicos -Barth, Brunner, Rahner, Tillich, Greshake, Pesch, Schillebeeckx, Schmaus, Kraus, Küng…- subrayaron el carácter personal de la gracia, como amor de Dios, como autocomunicación de Dios, como donación personal de Dios al hombre, que transforma su existencia y sus relaciones eclesiológicas y sociales. Gracia, pues, personal, dinámica, real, histórica, también bajo signos sensibles, comunitaria, gratuita, necesaria, universal. Una fuerza liberadora, unida a la virtualidad de Dios y a la virtualidad del hombre. (Libertad liberada del hombre, podríamos decir, recordando la frase de san Agustín, que ayer comentaba). Libertad en gracia, como la define el teólogo Georg Kraus -autor de una síntesis excelente sobre el tema-, en la que prevalece la omnipotencia de Dios, sin negar la libertad autónoma, aunque subordinada, del hombre. Éste es tanto más libre y activo cuanto más deja operar a la gracia de Dios en él. Dios respeta al hombre creado libre, y liberado de nuevo, y le llama a una comución amorosa y salvífica para su salvación y la salvación de todos los hombres, incluido el mundo en que viven.
La libertad agraciada
En la Iglesia occidental la densa doctrina de la gracia que Agustín, obispo de Hipona, defendió en sus últimos años (412-430) frente a pelagianos y semipelagianos -la primera herejía en Occidente- marcó toda la teologÍa occidental posterior. Agustín ve la gracia sobre todo como un adjutorium, como una ayuda en el alma humana. Y así separa la gracia de Dios mismo y la convierte en una realidad antropológica y psicológica, en una realidad interna del hombre. Además, contrapone esta gracia de Dios a la libertad de la creatura, defendiendo la eficacia y la operatividad exclusiva de la gracia en el acontecer salvífico. Gracia y libertad pasan a ser, pues, causas concurrentes y rivales. En la polémica con Pelagio y sus discípulos Celestio y Juan de Eclano, Agustín, siguiendo de cerca a Pablo de Tarso, llegó a ciertos excesos de lenguaje: corrupción de la naturaleza humana por el pecado original, ruina del libre albedrío, «massa damnata», predestinación…, que parecían poner en cuestión la libertad del hombre y que provocaron serias apologías de la libertad humana por parte de otros teólogos y monjes, mayormente de la Galia del Sur, y posteriormente dieron pie a ciertas doctrinas de Wiclef, Lutero, Calvino, Bayo, Jansenio… Un autor que conoció como pocos la obra agustinana, el historiador católico francés Henri Irenée Marrou, no tenía empacho en recordar que el santo obispo de Hipona fue durante nueve años maniqueo, como él mismo contó en sus Confesiones, en observar que algo de eso le quedó después en las horas febriles de la controversia antipelagiana. Pero yo quiero ahora recordar, dentro de las muchas genialidades de teólogo y fislósofo africano, aquel sublime párrafo sobre la gracia y la libertad en su carta 194 a Sixto, 5, 19: Quo itaque auxilio et munere Dei non aufertur liberum arbitrium, sed liberatur, ut de tenebroso lucidum, de pravo rectum, de languido sanum, de imprudente sit providum: (Y es que con el auxilio y regalo de Dios no se suprime el libre albedrío del hombre, sino que se libera, y de tenebroso llega a ser lúcido, de malo se hace recto, de lánguido se convierte en robusto, y de imprudente pasa a ser discreto). Y continúa el santo: Tan generosa es la bondad de Dios para con todos los hombres, que lo que son regalos suyos devienen méritos nuestros, y por los dones que Él nos otorgó nos dará premios eternos.
Malas noticias de Mondragón
Malas noticias nos llegan de Mondragón; las peores, según el Gobiertno vasco. La sección de electrodomésticos, Fagor, la joya de la corporación cooperativa mayor de España y tal vez de Europa y del mundo, ha solicitado, a causa de una deuda de casi mil millones de euros, preconcurso de acreedores, como tantas otras empresas del país. La Corporación (MCC) en su conjunto no ha podido salir, como anteriormente, a enjugar esa deuda, ni ha bastado la ayuda del Gobierno vasco. ¿A la crisis general se ha unido una excesiva expansión: Marruecos, China, Polonia, Francia? ¿Las reglas del cooperativismo se han vuelto ineficaces en esta coyuntura? La poderosa maquinaria de la investigación y de la innovación en la universidad propia de Mondragón, en la UPV y en Deusto, que no tiene parangón en otras latitudes, ¿no ha valido esta vez? La noticia ha venido accompañada de poca información. Los admiradores del cooperativismo de Mondragón necesitamos saber un poco más.