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Ven, niño mío, no tardes…

24  de Diciembre

                                                                     Ven, ven, Señor, no tardes,                                                                                                                  Ven, que te esperamos…

Ven, niño mío, no tardes.

Si tú no vienes,

como la lluvia,

como la nieve,

como la brisa, 

como el relente,

todo se seca y se pudre,

todo enmohece, 

todo se frustra,

todo se pierde.

Ven, niño mio, no tardes.

Si tú no vienes,

como la gracia

de quien nos quiere,

de quien nos cuida

y nos protege,

todo será pasajero,

inconsistente,

nada seguro,

nada perenne.

Ven. niño mío, no tardes.

Si tú no vienes,

nadie vendrá a contentarnos,

nadie vendrá a liberarnos

de nuestra suerte,

de la vida sin sentido,

y para siempre.

Nadie…,

si tú no vienes.

Reflexiones cristológicas: (IV) Orígenes

El centro de la reflexión cristológica en el mundo de habla griega durante el siglo III, iniciada ya en el siglo anterior, fue Alejandría de Egipto. En esta teología ocupan un lugar preeminente la doctrina del Logos y la idea de la encarnación del sabio Clemente de Alejandría (+ c. 211-216 d. C.). Muy influido por el platonismo y el neoplatonismo, su reflexión comienza, como  la de Justino, por las teofanías del Antiguo Testamento, que él considera como un preparativo de la encarnación, y se atiene después al prólogo del evangelio de Juan. El prósopon (el rostro) del Padre es el Logos. Dios se hizo visible y manifiesto por medio de él, porque desde la eternidad es la imagen del Dios invisible, siendo la unidad terrena de Logos y sarx (carne) el elemento predominante. La tradición sobre el alma de Cristo está aún viva en la teología de Clemente, pero el principio de la apatheia estoica es en él tan grande, que el Logos hace de principio rector (hegemónico) -término acuñado por los estoicos- de la vida  de Cristo en el mundo -pasiones anímicas inexistentes en él-, y es el principio físico predominante en su cristología.- Orígenes (Alejandría, 125-254), discípulo de Clemente y director de la escuela teológica, fue el primer teólogo sistemático cristiano, pensador que comprende los problemas de su época mejor que cualquier otro y les da una respuesta cristiana. Orígenes ve a Cristo sobre todo como mediador de la unión del alma con el Dios escondido  y mediador entre Dios y la Iglesia, pero el camino hacia el Logos-Dios pasa por el Logos encarnado. La unidad de Cristo es el punto de partida de toda elevación En esa unidad está presente la plenitud de la divinidad, siquiera en el ocultamiento de la kénosis. La realidad humana de Cristo es como un filtro a través del cual la divinidad se comunica con los humanos, según su capacidad receptiva. Orígenes es sobre todo el teólogo del alma de Cristo. Bajo la influencia de la teología alejandrina anterior, considera ese alma como mediadora entre el Logos y la carne. Está ya unida desde la eternidad al Logos divino, con un conocimiento y amor a Dios perfectos. El Logos hegemónico, como en Clemente, ejerce la plena dirección en Cristo. Es el principio rector, que sustenta la auténtica dignidad personal del ser humano, y  anuncia ya en Oriente el concepto moderno de persona. Aunque el fundamento de la unión quede así desplazado a la esfera del dinamismo psíquico, y rebajado el elemento humano de Cristo.

La felicitación de Artur Mas

Recibo, con todos los años, en mi calidad de honrado posesor de la Creu de Sant Jordi, la felicitación del presidente de la Generalidad de Cataluña. Este año, consiste en un mapa de Barcelona, sitiada por el ejército de uno de los contendientes en la Guerra de Sucesión a la Corona de España -y no de Secesión de la dicha Corona-, el que más tarde sería Felipe V. Mala señal hablar de guerra en Navidad, fecha de todas las treguas en todos los tiempos. Además, nos felicita como amigos y simpatizantes, al menos, de Cataluña, y al mismo tiempo quiere alejarse de nosotros, quiere separarse de nosotros, por opresores, cuando no ladrones de su nación. ¡Quina contradicció!

El Adviento, preparación arrepentida

Arrepentimiento, en lenguaje bíblico, es cambio, volverse a Dios, regresar del exilio al lugar de la presencia de Dios, del dominio de los señores del mundo al Dios de todos los señores. Arrepentimiento es ir más allá de nuestra mentalidad: una nueva manera de pensar, de ver, de actuar. Como hacen las figura simbólicas personales de los relatos de la Infancia: los pastores, los magos… frente al empecinamiento de Herodes y los herodianos como él. Por eso la Navidad bíblica habla de luz que llega a las tinieblas de nuestras vidas exiliadas, y de la paz que nos trae esa luz. Luz y paz: los símbolos máximos, no personales, de Belén, de todo belén.  Porque desde entonces, la elección capital de nuestras vidas se libra entre Belén (patria de David)  y Roma (sede del César); entre Herodes y los magos que vuelven por otro camino; entre la venida del reino de la justicia en paz o la teologia imperial que busca la paz por medio de la victoria.

Una apuesta por la justicia social

El libro Los olvidos «sociales» del cristianismo: la dignidad humana desde los más pobres, del alavés José Ignacio Calleja, reconocido experto y profesor de moral social y de filosofía moral en la facultad de telogía de Vitoria, es no sólo una obra de madurez del autor, sino todo un testimonio de lo mejor que se ha escrito en cualquier parte sobre tema tan arduo como actual. Al final de su penúltimo capítulo, Fuera de los pobres no hay salvación, escribe: La conciencia utópica  es imprescindible  en la acción política, y también en la acción caritativa, pero la utopía nos espolea, mientras la quimera nos fanatiza o nos paraliza (no sé que es peor). La utopía social, en lenguaje laico, la espiritualidad que viven los cristianos a partir de la esperanza de que ya sí las oportunidades del Reino han irrumpido entre nosotros y están ahí queriendo florecer en las almas de las gente y en las estructuras de su vida social, nos sostienen y reclaman. Es la hora de sumar iniciativas cristianas, por proceder de cristianos y por responder a la fe y caridad comunes, que se traduzcan en iniciativas de caridad en la familia, entre las amistades, en la comunidad cristiana y en el barrio y la ciudad; es la hora de iniciativas prácticas, que se traducen en acciones tangibles en lo urgente, en programas efectivos en lo que da algo más de tiempo y en toma de conciencia moral sobre qué nos pasa y qué nos subleva contra el mal; y es la hora de reclamar de la organización política de la sociedad una apuesta rotunda por la justicia social, y hacerlo de los colectivos sociales de empresarios y de trabajadores mejor situados ante la crisis, y hacerlo en clave de interpretación muy crítica de los modelos de vida y de consumo, de producción y de reparto, que no son sostenibles, que reparten mal, que cargan sobre otros lo peor del esfuerzo, que excluyen a grupos enteros y pueblos, que marcan la democracia común con tal carga de corporativismo y de opacidad en las decisiones, que son una tiranía antidemocrática para los demás y una mafia económica que ninguna justicia social puede aceptar.                        

Jai egun arrotzei intsumisioa

Ayer, al pasar junto a la ikastola Iñigo Aritza, de Alsasua, vimos un letrero en su exterior que decía: Jai egun arrotzei INTSUMISIOA: Insumisión a las fiestas forasteras (extranjeras). ¿A la fiesta de la Constitución? Seguramente. ¿Quién ha puesto ese letrero: la dirección del centro, los profesores, los alumnos, todos ellos? ¿Quiénes son los insumisos? No sé si el Gobierno de Navarra -tarde y mal, como escribiré dentro de poco- ha llegado hasta ahí, después de tantos años de inacción, para enterarse de lo que se enseña y se aprende aqui, como solía escribir yo, sin que a nadie le importara un comino la cuestión. Ahora todo son prisas y aspavientos, tras la denuncia de la guardia civil y de la policía nacional acerca de la presencia de antiguos terroristas en las aulas. La desfachatez del letrero de Alsasua revela bien a qué extremos hemos llegado por el incumplimiento, año tras año, de los deberes más elementales.

Adviento: adelanto expectante

Adviento. Podemos traducirlo por venida, o, mejor, por hacia la venida. Es un revivir en el presente la esperanza del antiguo Israel, como canta el himno milenario: Ven, ven, Emmanuel / y rescata al Israel cautivo… Somos el Israel cautivo, exiliado, que se lamenta, solitario y triste, de su suerte colectiva: Ven, Deseo de las naciones / une los corazones del género humano en uno… Esperando el final cantado por ese mismo himno: ¡Alégrate, alégrate!. Emmanuel vendrá a ti, oh, israel.- Más de la mitad de los textos litúrgicos de Adviento son del profeta Isaías. Están llenos del adelanto expectante, y la esperanza no es vaga, sino concretísima: esperanza de un reino y reinado justo y pacífico; el nacimiento del Emmanuel (Dios con nosotros); del regreso del exilio; de la Buena Noticia de los pobres; de la próxima rasgadura de los cielos… El segundo personaje del Adviento es Juan el Bautista, el último y mayor de los profetas, el precursor de Jesús, el que anuncia la venida de uno más fuerte que él. Y, en tercer lugar, María está en el centro de atención de los textos evangélicos: en la anunciación del ángel (voz de Dios), en la concepción del Emmanuel y en la visita a Isabel (otra mujer símbolo del poder de Dios) con su canto gozoso y subversivo. En María la expectación se ha convertido por fin en embarazo, en presencia y en gozo.

«¡A mí con la historia no me cogéis!»

Con esa especie de proverbio aldeano se escudó el coordinador de IVC, Joan Herrera, anteayer en un programa de televisión nacional, cuando dos de sus contertulios le negaron la paridad política, de la que él venía haciendo gala, de Cataluña con Quebec y Escocia, mientras subrayaba que la historia no cuenta frente a la voluntad actual de un pueblo para decidir su futuro. ¡Otro político más, que confunde la historia con la asignatura de historia, o con un manual, o con el conjunto de meros hechos pasados! Como si la actual voluntad de los que reclaman el derecho a decidir en Cataluña no tuviera nada que ver con la historia misma de Cataluña y con el mismo sentido de la historia catalana que les han enseñado por ahí. ¿Es que la  voluntad actual de las personas no se nutre de la historia de cada persona, de cada país? Sin querer llegar a ningún determinismo histórico, qué bueno fuera que Joan Herrera leyera, en algún tiempo libre, a Xavier Zubiri sobre la historia, como una red, como una creación continua de posibilidades...