Una apuesta por la justicia social

El libro Los olvidos «sociales» del cristianismo: la dignidad humana desde los más pobres, del alavés José Ignacio Calleja, reconocido experto y profesor de moral social y de filosofía moral en la facultad de telogía de Vitoria, es no sólo una obra de madurez del autor, sino todo un testimonio de lo mejor que se ha escrito en cualquier parte sobre tema tan arduo como actual. Al final de su penúltimo capítulo, Fuera de los pobres no hay salvación, escribe: La conciencia utópica  es imprescindible  en la acción política, y también en la acción caritativa, pero la utopía nos espolea, mientras la quimera nos fanatiza o nos paraliza (no sé que es peor). La utopía social, en lenguaje laico, la espiritualidad que viven los cristianos a partir de la esperanza de que ya sí las oportunidades del Reino han irrumpido entre nosotros y están ahí queriendo florecer en las almas de las gente y en las estructuras de su vida social, nos sostienen y reclaman. Es la hora de sumar iniciativas cristianas, por proceder de cristianos y por responder a la fe y caridad comunes, que se traduzcan en iniciativas de caridad en la familia, entre las amistades, en la comunidad cristiana y en el barrio y la ciudad; es la hora de iniciativas prácticas, que se traducen en acciones tangibles en lo urgente, en programas efectivos en lo que da algo más de tiempo y en toma de conciencia moral sobre qué nos pasa y qué nos subleva contra el mal; y es la hora de reclamar de la organización política de la sociedad una apuesta rotunda por la justicia social, y hacerlo de los colectivos sociales de empresarios y de trabajadores mejor situados ante la crisis, y hacerlo en clave de interpretación muy crítica de los modelos de vida y de consumo, de producción y de reparto, que no son sostenibles, que reparten mal, que cargan sobre otros lo peor del esfuerzo, que excluyen a grupos enteros y pueblos, que marcan la democracia común con tal carga de corporativismo y de opacidad en las decisiones, que son una tiranía antidemocrática para los demás y una mafia económica que ninguna justicia social puede aceptar.