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La Comunidad Apostólica (VIII)

 

                   A pesar de la imagen idealizada de la comunidad apostólica, reflejada en los capítulos 2 y 4 de los Hechos, la construcción de tal comunidad no fue tarea fácil. No fue fácil, por ejemplo, compartir alimentos en una mesa común. En la tradición judía acabó por imponerse la separación de los cristianos gentiles ante el rechazo de los hebreos de compartir los alimentos con ellos.

La relación entre Cristo y la Torá fue otro de los frentes de discusión. Los cristianos de procedencia no judía ¿debían hacerse judíos para  poder reconocer a Jesús como Mesías salvador? ¿Debían, por ejemplo,  circuncidarse  u observar la exigente pureza a la hora de alimentarse? La controversia comenzó en Antioquía (Hechos 15, 1-4) entre algunos cristianos venidos de Judea, pero sin autorización de los apóstoles, y Pablo y Bernabé, evangelizadores de lengua griega, que decidieron subir a Jerusalén, para hablar con las columnas de la Iglesia, atravesando Fenicia, Galilea y Samaria. La controversia prosiguió en la ciudad santa (Hechos 15, 4 y ss.) y provocó altercados y fuertes discusiones entre miembros de ambas comunidades y entre los misioneros apostólicos. Por ello se convocó una asamblea para estudiar el asunto, en la que intervinieron los apóstoles y demás responsables de Antioquía y Jerusalén, y tal vez los representantes de otras comunidades.

Después de una larga discusión, Pedro invoca su experiencia apostólica y su elección por Dios para que los paganos oyesen por su boca la palabra del Evangelio y creyesen: Nosotros creemos que [los judíos] no salvamos por la gracia de Jesús, el Señor,  y ellos [los gentiles] exactamente igual. La asamblea escucha también la experie4ncia misionera de Pablo y Bernabé entre lo gentiles de la diáspora.

Santiago, el hermano del Señor, una de las columnas de la comunidad de Jerusalén, cita unas palabras ecuménicas del profeta Amós y dirime la cuestión. Su propuesta  es confirmada por todos y se transcribe en una carta apostólica que, junto a Pablo y Bernabé, llevan Silas y Judas Barsabás, representantes de la comunidad hierosolimitana a las comunidades de Antioquía, Siria y Cilicia, que la reciben con gran alegría. Es lo que se llama Concilio de Jerusalén, primer Concilio de la Iglesia:

Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que estas indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas.

«¡Jerusalén, Jerusalén…!»

 

¡Jerusalén, Jerusalén…!

(Mt 23, 37-38; Lc 13, 34-35)

 

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas
y apedreas a los que te son enviados…!
¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos
como una gallina recoge sus pollos bajo las alas
y no has querido…!
Por eso se os va a dejar desierta vuestra casa,
y no me volveréis a ver hasta que digáis
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Amargo lamento de Jesús sobre Jerusalén,
sobre el destino violento de algunos de sus profetas.
Nada mejor, por su parte, que la metáfora excepcional de la gallina
que acoge a sus pollos nidífugos cuando salen del huevo.
 Y junto al lamento, la culpa y el castigo,
estímulo de penitencia y conversión.

Había cantado el salmo ochentaiuno:
Pero mi pueblo no me escuchó.
Israel no me obedeció.
 Los abandoné a su corazón obstinado
para que caminaran según sus caprichos.

Jesús quiere que Israel se arrepienta
también tras la ruina de su templo y de su pueblo.

«El loco de Dios» de Javier Cercas

 

               El novelista aragonés, trasplantado a Barcelona, Javier Cercas, que se autodefine ateo y anticlerical, escribió al papa Francisco el deseo de su religiosísima madre de que le preguntara si podría ver en la otra vida a su difunto marido, como siempre había creído. El Vaticano no sólo le dio la ocasión de preguntárselo al mismo papa acompañándole en un viaje a Mongolia, sino que le propuso escribir un libro sobre toda esa experiencia, dándole libertad absoluta para visitar y preguntar a quien quisiera dentro del Vaticano y fuera de él. De todo ello surgió un libro apasionante, una novela sin ficción, titulada El loco de Dios en el fin del mundo.

Antes de ese viaje a Mongolia, con la comitiva papal, Cercas fue invitado a un coloquio con el cardenal Ravasi, Prefecto de Cultura en la Santa Sede, sobre Religión y Literatura en el Palazzo di Spagna de Roma (Embajada española ante el Vaticano). Cuenta el novelista que durmió mal esa noche en la Embajada, porque, entre otras cosas, no había dicho en el coloquio toda la verdad:

No había dicho que durante mi infancia católica yo no había conocido la angustia, y que la había descubierto en el momento en que perdí a Dios. No había dicho que desde entonces la angustia me acompaña siempre, que tiene la forma de una  bola alojada en la garganta, una esfera como la esfera infinita o espantosa de Pascal, aquella cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. No había dicho que ese objeto indescifrable, que a veces ocupa tanto espacio como que apenas permite respirar, es el engendro que me impele a escribir, que escribo para destruirlo, para arrancármelo de la garganta y librarme de él, para disolverlo o pulverizarlo con palabras y regresar a la víspera venturosa de la angustia, cosa que solo consigo en  ciertos momentos mágicos, antes de que el engendro regrese, íntimo y puntual. No había dicho  que esa esfera ocupa dentro de mí un espacio tangible y que ese espacio tangible es una ausencia tangible y que esa ausencia tangible es la ausencia de Dios (…).

Últimos aforismos

 

-Compra lo tuyo. Defiende lo nuestro es un lema nacionalista donde los haya, donde lo tuyo  es nuestro. Y no se pasa de ahí.

 

-El egoísmo despótico, aquel de quien vive al lado de los hombres, pero no los ve; los toca pero no los siente, según Tocqueville, es el que hace desaparecer la humanidad frente al llamado individualismo social, compañero de la democracia, que busca en las Instituciones y en el Estado el contrapeso socializador, soporte de la legislación y de la vida política.

 

-La demonización y la exclusión permanente de las alternativas democráticas es una de las muestras más claras del inicio de toda dictadura.

De mi archivo adolescente (X)

 

        Una de esas cartas de superiores y compañeros que conservo de ese tiempo de desolación, es nada menos que la de Javier Osés, el futuro obispo de Huesca  (1969-2001), que había sido prefecto nuestro en los años de Filosofía en el Seminario de Pamplona, y a quien tanto quisimos. Me escribe, con pluma estilográfica,  a Mañeru, el 19 de septiembre de 1957:

Muy querido Manolo: Me impresionó tu carta. No sabía nada, ni sospechaba. Y aunque no dudo de que los superiores de Comillas habrán obrado en conciencia, también estoy seguro de que de tu parte no ha podido haber un motivo que justifique esta actuación terminante. Esto te lo digo porque te conozco un poco y sé hasta dónde llegan tus excesos y tus generosidades. Realmente estoy sorprendido, y además, me hago cargo de la tragedia que esta decisión ha producido en tu alma. Como sacerdote, y porque te quiero, te voy a pedir un consejo, que es un heroísmo. Arranca y vence, aunque se rebele como un otro desbocado, tu odio hacia los que piadosamente pensando creemos que se han equivocado. Piensa que no están cerradas para ti definitivamente las puertas del sacerdocio, que acaso te encuentres en el momento cumbre de tu purificación. Abraza la cruz, que es muy grande. Humíllate. Pongamos todos los medios humanos para arreglar las cosas, pero confía más que nunca en Dios, que es Luz. Siento que no hubiéramos estado. Te encomiendo de modo especialísimo. ¡Ánimo, Dios contigo! Te abraza y bendice Javier Osés.

 

De mi archivo adolescente (IX)

 

                                    Es el caso que un día de julio de 1957. terminado en Comillas (Santander) el segundo curso de teología, recibí en mi casa de Mañeru una carta del rector de la universidad, a quien apenas conocíamos de vista, en la que me pedía que no volviera por allá y que buscara otro centro académico para continuar mis estudios. Como no me daba razón alguna para tal despropósito, le contesté de inmediato, escribí a otros profesores y revolví Roma con Santiago para que aquella injusta medida no  se llevara a cabo. Yo estaba muy contento en Comillas, tenía muy buenas notas, me entendía muy bien con mis compañeros y con todo el mundo.

En ese momento conté con el apoyo unánime de mis amigos y compañeros. Guardo algunas cartas de ellas, entre las que está la de Alejandro Apesteguía Larráyoz, pemplonés de San Lorenzo, uno de los más listos del curso, amigo en el Seminario de Pamplona y más todavía en Comillas. Me escribe desde San Lorenzo de El Escorial, donde está con otros compañeros comilleses en un campamento de verano, algunos de los cuales me consolaron en cuanto les di la amarga noticia:

Te dejé completamente centrado, pues desde el primer momento reaccionaste como un valiente, con amargura, pero sereno y firme, decidido a aprovecharte de la dolorosa situación que Xto nos hacía pasar. No sé, amigo querido, en qué situación estarás ahora, créeme que he rogado por ti, menos de lo que hubiera podido de haberme hallado en días normales, pues la vida de campamento tiene sus exigencias. Ya sé que es más fácil dolerse con el amigo apenado  que participar de su alegría, quizás en ésto tenga que arrepentirme de muchas cosas respecto a ti, pero  te aseguro que con la ayuda del Señor procuraré ser tu fiel camarada; nos hemos empezado a unir en el dolor, pero te llegarán días de triunfo y alegría, y entonces más que nunca quisiera brindarte mi alegría y aplauso.
Rogaré por ti y te prometo hacerlo con toda intensidad para que se haga la voluntad del Señor; no puedo hacer otra cosa, además de entregarte mi cariño y amistad; es un pequeño consuelo «humano» y minúsculo al lado de la oración, pero ¿verdad Manolo que a veces también ansiamos el corazón hermano en ideales y ansiedad, que sea un poco apoyo y una descanso?

Y  esperando que todo se arregle y recordándome que el yugo del Señor es suave y su carga ligera, termina su espiritual consolatio:

-Si no vuelves con nosotros, queda seguro que la oración será vínculo constante, y en Comillas puedes echar mano de amigos que te querrán y recordarán siempre. Querido amigo, hasta pronto, haré lo posible por verte. Alejandro (rubricado).

El caso terminó bien. Además de mi insistencia, fueron tantos los profesores, otros jesuitas,  y muchos compañeros que escribieron al rector en mi favor, que quien me había pedido que me llevara el colchón para casa -el que todos habíamos llevado cuando fuimos la vez primera- volvió a escribirme para que volviera al tercer curso de teología. Mi madre no se enteró de nada. Terminado ese curso, volé a Roma.

PD, El 1 de octubre de ese mismo año, me escribe Alejandro ya desde Pamplona a Mañeru y me cuenta que acaba a despedir al P. Silva (el comillés Jesús Silva Méndez), el fundador del circo La Ciudad de los Muchachos, a quien acaba de ayudar a misa en uno de los barracones del circo –y de asistentes los ángeles -, a las tres de la madrugada. Me cuenta con emoción la visita, a la que le acompañó,  el día anterior, a Villa Teresita, donde pasaron horas y donde celebró la misa: Decían aquellas pobres mujeres que era el primer sacerdote que las había comprendido (…) ya te contaré su tragedia… algo espantoso, no te puedes imaginar lo cruel que es el mundo…

Me dice luego que ha estado en la RENFE preguntando por el precio del transporte para volver a Comillas, sobre el que yo le había preguntado. Me añade, con retranca, que esa mañana habían salido para aquella universidad los «nuevos» del próximo curso, a quienes les había  dado saludos efusivos para el P. Ismael  -el prefecto de disciplina, uno de los supuestos malos en mi caso- y que ardemos en deseos de encontrarnos bajo su paternal mirada.

 

 

Domingo de Pasión

 

No la paz, sino la espada

(Mt 10, 34-35 – Lc 12,51-53)

Mateo y Lucas beben de nuevo aquí
de la Fuente de los dichos de Jesús:
No penséis que he venido a traer paz a la tierra.
No he venido a traer paz, sino espada, dice Mateo.
Lucas, más retórico, lo afirma en forma de pregunta,
y a la espada llama división.
Jesús, al parecer, tiene presente al profeta Miqueas,
que describe la crisis familiar del tiempo postexílico,
un tanto parecida a la crisis de su tiempo:

¡No os fiéis del vecino! ¡Ni confiéis en el amigo!
Ante la que yace en tu seno ¡guarda la puerta de tu boca!
Porque el hijo piensa que el padre es un imbécil,
la hija se alza contra su madre,
la nuera contra a suegra.
Los enemigos de cada cual son los de su propia casa.

Mateo copia a la letra el ultimo verso.
División en todas partes, que Jesús se atribuye a sí mismo.
Vino para unir al pueblo bajo el gobierno de Dios:
pecadores y justos, indigentes y ricos,
judíos y paganos…
y encontró una amarga oposición.
Pero él vino también a dividir a las gentes
con la espada cortante de la propia decisión
a favor o en contra del reino de Dios que predicaba.
Y el tajo llegó a la misma familia,
hasta la misma alcoba conyugal.

Nadie puede servir a dos señores, dijo una vez.
Y más todavía: Quien ama a su padre y a su madre
más que a mí, no es digno de mí.
Él mismo provocó esa esencial separación:
por él o contra él. Sin condiciones.

 

Los castros de Sesma

 

          Por fin llegó la primavera: un sol templado, un cierzo templado, una playa rural rozagante de herbales crecidos en el somontano de Los Arcos, y radiantes todas las flores de abril: las margaritas, los astrágalos, los geranios silvestres, los conejitos, las beliardas, las mostazas negras y blancas, los ranúnculos, las achicorias silvestres y las amargas…

Nunca, yendo por la carretera de Sesma, habíamos visto por encima del pinar la espadaña y el medio cuerpo de la ermita-iglesia de Santa María de Almuza, a ocho kilómetros de la villa. Y cuando llegamos a sus pies, vemos a primera vista el morro norte de la pequeña cordillera que la acoge en su ladera oriental, sobre el barranco La Reca (¿Erreka?), entre acacias, y la vecina balsa, cercada de altos carrizos, y llena en estas fechas. Toda la estructura del castro prerromano está ante nuestros ojos.

Los farallones rocosos caen a pico al norte y al oeste, y son evidentes los tres fosos del flanco oriental, mucho más vulnerable, seguramente defendidos por murallas, recubiertos ahora de suave vegetación.  Con una altitud de 479 metros de altura y superficie de 10.600 metros cuadrados, fue descubierto en 1978 por el sesmero Jesús María Bea y otros dos compañeros, y estudiado luego por Castiella, Bea y, después, Armendáriz. Habitado desde el neolítico final hasta tiempo romanos y también en la Edad Media, se encontraron  en sus espacios desde toda una industria de láminas  en sílex hasta la mejor colección en Navarra de utensilios de tipo campaniforme del Bronce medio y final; además de vasos manufacturados y torneados junto a  molinos del Hierro, así como monedas y cerámicas romanas y medievales.

Los pobladores neolíticos abandonaron el yacimiento en el tercer milenio antes de Cristo. A unos 400 metros al  este del  poblado se encontraron fondos de cabañas del final del  Calcolítico e inicios del Bronce, y más adelante, en el término de Cogullos (con unos altirones en forma de cogullas), restos de casas aisladas del Bronce. Tal vez esos habitantes construyeron lo que después fue el actual castro de Almuza, el poblado de la Edad del Hierro. En tiempos romanos, la población bajó al llano.

El poblado medieval está documentado en los siglos XI-XIV, pero  comenzó a poblarse al comienzo de nuestra Era.  En el siglo XIV, el monasterio de Irache tenía allí fincas y casas. Se despobló a finales de ese siglo. Siglos después, fue término redondo dentro del condado de Lerín. Queda, muy reformada -su última reconstrucción fue en los noventa-, la abadía rural románico tardía (¿1200?) de Santa María, antigua parroquia. Tiene espadaña sin campana. La imagen titular se venera en la parroquia de Sesma. En el muro frontal hay una imagen pintada de la misma, y en cada una de las paredes hay pintados dos caballeros medievales a caballo y lanza en ristre. En 1979 las arqueólogas Amparo Castiella y María Amor Beguiristain fotografiaron un grafito y con esa fotografía borrosa el profesor Pablo Ozcáriz ha publicado un breve estudio comparando ese dibujo con otros encontrados por él en el monasterio de La Oliva y en otros lugares de España, sin que nos pueda dar una datación concreta.

Junto a la iglesia se conservan dos pozos, uno con agua, en cuyos pretiles nos sentamos un poco. En la mitad de la ladera hay dos  hileras de acacias, que comienzan a verdear. Toda la parte llana está ocupada por fincas de cereales y un corral.

Como por la tarde queremos visitar el otro castro sesmero, en Los Cabezos, descubiertos por Armendariz, vamos a yantar y sestear en uno de los bancos de madera del pequeño prado de siega, escogido como lugar de descanso, cerca de Lodosa, junto al cercano Acueducto Romano, en la muga entre La Rioja y Navarra.

Visitando el castro contiguo de Lodosa, El Viso, al otro lado del Ebro, y viendo los tres cabezos de Sesma frente a nosotros, desafiantes, pensamos en escalarlos un día. Ya los tenemos cerca. Entramos por un camino cercano y vemos bien el primer cabezo, el más piramidal de los tres, en cuya cima se sitúa el castro. Los quads han desbrozado un camino directo y vertical, pero, ay, no podemos pasar el barranco La Pinilla, a 120 metros del mismo, que baja con mucha agua barrosa. Tomamos entonces el camino alto, que, entre muchos charcos, continúa hasta las fincas labradas al oeste de los picos. Pero el camino es largo, el barranco profundo y podemos estar perdiendo el tiempo. Hombre, al menos hemos admirado de cerca este espectáculo bardenero de arcillas y calizas en continua erosión, con derrumbe de piedras, pequeñas pirámides truncadas y juegos geométricos de tierras grises, terrosas y rojizas luchando por su permanencia en la altura.

Volvemos, cogemos el coche y remontamos hasta donde nace el barranco, entre un alto rodal de malvas en arbusto y un alto cardedal de cardos marianos; nunca los vi tan bellos, con esas  rayas blancas interiores que  dealban y suavizan su fiereza nativa. Por aquí sí podemos bajar quizás hasta el segundo de los cabezos, que en la cima tiene restos de un torre de señales, subsidiaria seguramente del castro por razones de visibilidad y de defensa. Y quizás  subir desde ahí al poblado celtíbero, de 1.650 metros cuadrados, que conserva trozos de muralla en el flanco occidental, dos bancales artificiales y dejó rastros de su existencia en fragmentos de cerámicas manufacturadas y celtibéricas, así como un fragmento de molino de cereal.

Pero es demasiado tarde, incluso tras el cambio de hora , y se nos echaría la noche en la aventura.

Paz para el Valle de los Caídos

 

                       El 25 de marzo, y en presencia del abad presidente de Saint Pierre de Solesmes,  Dom Geoffroy Kemlin, del que depende la abadía madrileña, tomó posesión como prior de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, el benedictino Alfredo Maroto, religioso de la misma comunidad, ex maestro de novicios  y responsable de la pastoral vacacional de la casa. En la homilía de la eucaristía con la que inauguró su mandato, expresó su deseo de que Cuelgamuros sea un monumento para la reconciliación y un Valle de paz. Se pone así fin a nueve años de priorato del famoso prior Santiago Cantera –nostálgico del franquismo, como le describió Félix Bolaños-, que tantos quebraderos de cabeza dio a esa comunidad y a la misma Iglesia de España. Como hombre de Dios, sensato y sereno, ha calificado Cantera a su sucesor, lo que es una buenísima señal.

Al fin de la amarga polémica se ha impuesto, parcialmente al menos, la sensatez y la concordia. Ni se derribará la cruz del monumento, si se cerrará la basílica, ni se expulsará a los benedictinos, consecuentemente, tampoco a los 40 escolares aunque se resignifique todo el conjunto, si se entiende como tal ayudar a comprender, desde una mirada de paz y reconciliación lo que sucedió durante la guerra civil y la dictadura en un lugar donde descansan los restos de miles de muertos en ambos bandos de la contienda.

Todo parece, a la espera de ese anunciado concurso internacional para la resignificación del espacio, que el diálogo continuo y las discretas negociaciones del Gobierno español, con Bolaños a la cabeza, con el Vaticano y el arzobispo-cardenal de Madrid, José Cobo, han dado por ahora un buen resultado.

Abandono en la Providencia y… en los amigos

 

(Mt 6, 25-34; Lc 12, 22-32)

 

Es tal vez el dicho –logion– más bello de Jesús,
que recogen los evangelistas Mateo y de Lucas..
Los exégetas suelen orillarlo: de tan bello.

Jesús anima a no preo-ocuparse por la diaria comida y el vestido
y  alude -él, que es hombre de campos y caminos-
a las aves del cielo y a los lirios del campo,
que Dios nutre y viste tan de balde,
Ni siquiera Salomón podría compararse a uno de ellos.

Lucas dice claramente que todo esto lo dijo Jesús a sus discipulos,
que viajaban con él de un sitio para otro,

pues por él dejaron todo:
que no deben pre-ocuparse en ningún caso,
porque Dios, a través de discípulos y amigos generosos,
que viven en la misma Galilea,
los sostiene, los protege y los acoge.

No tienen por qué pre-ocuparse:
Dios se ocupa de ellos por medio de los otros.