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Cesiones tras cesiones

 

         La historia de la débil Democracia española desde 1979 es también la historia de las forzadas cesiones de los sucesivos Gobiernos a los partidos nacionalistas (eufemismo taimado utilizado por todos), confederalistas en principio e independentistas en su objetivo final. Debido todo ello a la bisoñez e impericia de los Gobiernos de la Nación, a la voraz exigencia siempre  de mayor autogobierno para las Comunidadas nacionalistas,y a la torpe y confusa redacción del Capítulo VIII de la Constitución, escrito por mentes confusas y hasta contradictorias en este punto. No es cuestión de recordar la historia, que está en la Red a la vista de todos, y menos de encarnizarme ahora en el reproche a los políticos españoles en circunstancias difíciles, que desbordaron a todos, excepto a los más beneficidados. Todos tenemos en mente el acuerdo entre ya el decadente Felipe González y el todavía molt Honorable Jordi Pujol en 1993, tras unas tormentosas relaciones en los años ochenta, cuando el líder socialista, a cuenta de los votos de los nacionalistas catalanes (y vascos), necesarios para su investidura, invitó al líder de CIU a entrar en su Gobierno, tras conceder a la Comunidad catalana el 15% de la recaudación del IRPF, más un importante paquete de transferencias y ayudas económicas. Los fiscales Mena y Villarejo, encargados del caso de Banca Catalana, que afectaba principalmente a Pujol, nos dirán después que el Fiscal General del Estado les prohibió, antes del sobreseimiento definitivo de la causa, a comienzos de 1990, seguir investigando en la misma. En el mismo trance político se vio el líder popular José María Aznar, vencedor en las elecciones de 1996, y de nuevo buscó, esta vez con teatral ostentación -el pacto del Majestic-, la ayuda en votos de los nacionalistas catalanes (y también de los vascos), a cuenta de la nueva invitación para un Gobierno de coalición, múlltiples transferencias – v. g., competencias de tráfico a los Mossos-; ampliaciones de grandes obras públicas; favores más generales, pero exigidos también por el pujolismo, como la eliminación de los gobernadores civiles o la supresión de la mili, y hasta la desaparición del gallito catalán del PP, Vidal Quadras, a quien Pujol abominaba. De mayor cuantía fue la concesión del 33% del IRPF -claro que también para el resto de Comunidades-, del 35% del IVA y del 40% de los impuestos especiales. Y  tal vez lo más sustancioso, vista sobre todo la deriva educativa y cultural posterior, fue el privilegio aznarista de evitar llevar al Tribunal Constitucional la polémica ley de Política Lingüística (1998), fuente de mil conflictos en los años siguientes, junto a las presiones al Defensor del Pueblo, segun las malas lenguas, para impedir un posible recurso. Lo de menos es la ampliación de la autonomía y otras ampliaciones. Lo grave sobre todo es la manera de hacerlo, el método de toma y daca, de hacerlo todo a cuenta; que lleva, se quiera o no, a una política mezquina entre feria de ganado y timba, reservado de restaurante y jornada de caza, necesariamente discriminatoria y máquina de desiguadad. – Está lejos de conocerse la historia rigurosa de todos estos tratos y contratos, pero en la conciencia de los españoles ha quedado la evidencia de que asi, o de modo muy parecido, ha sido la relación del Gobierno de la Nación con quien, al cabo de tantos favores, se ha convertido, en el caso catalán, en el primer Gobierno autonómico que llama a la sedición, a la rebelión y a la secesión de Cataluña.

Y aún quedaba mucho por ver.

¿Respuesta política?

 

           Demasiadas veces, al pedir respuestas políticas a todo esto, se contrapone ese sintagma a la ley, la Constitución, las leyes, el Estatuto, la actuación de la justicia, las sentencias del Tribunal Constitucional… Como si todo esto no perteneciera al mundo de la política, que no se reduce, por cierto, a una nueva función legislativa y a promter lo que no se puede prometer o a corregir unilateralmente lo que un nacionalismo exasperado parece exigir. La respuesta política de algunos ingenuos y de muchos acomplejados suele consistir en ofrecer no sé qué bicocas (mayores inversiones, mayores exenciones, competencias exclusivas, denominaciones extravagantes…) para contentar a quien no quiere contentarse con nada de todo eso, o, a lo más, puede aceptarlo para debilitar más al enemigo o para avanzar en la dirección de la independencia. Recordemos que durante ios cuarenta años de  lucha contra ETA, nos dijeron mil veces que había que ceder, que había que pactar, que había que asentir  a lo que ETA pedía, o,en  nombre de los vascos, exigía el PNV. Ceder en este punto es un inmenso error, equivalente a la irresponsabilidad y a la rendición humillante. Habrá que seguir debatiendo, sí, críticos y autocríticos todos, no sólo el Gobierno y los partidos leales a la Constitución, debatiendo y mejorando todo lo posible, pero mirando a toda España y a toda Europa, y no sólo a la minoría rebelde y rebelada, desleal y capaz de todas las tretas por seguir cultivando los inveterados principios de la desigualdad y de la antisolidaridad. Como demuestra nuestra última historia.

Extranjeros en propia casa

 

    Esta situación política llevada a la exasperación, y adobada con una sarta de exgeraciones, mentiras y calumnias, saca a la luz y al viento públicos  el principio de la exclusión, fundamento de todo nacionalismo-chovinismo étnico xenófobo, el que reparte a todos los discrepantes  los títulos de  extranjero, sucursalista, españolista, xarnego, botifler, traidor, anticatalanista, invasor… En definitiva, no perteneciente al verdadero pueblo catalán, el elegido por la historia y por la nueva democracia aclamativa, que se inviste del derecho de quedarse para él un trozo de un territorio común y una parte de un Estado común y secular, ahora ya maldecido y odiado, para hacer rancho aparte con esos privilegiados elegidos, dejando a otros muchos excluidos de sus antiguos derechos y deberes, y excluidos a la vez de los nuevos deeberes y derechos proclamados por el  nuevo Estado, del que han sido declarados indignos. En otros tiempos y lugares fueron excluidos los cristianos, los paganos, los judíos, los negros… En este tiempo y lugar son los antes citados, a los que primero se les insulta y amenaza, y después, en el mejor de los casos, se les hace la vida imposible.

El «problema catalán»

 

Lo que se llama históricamente problema catalán es muy largo y difícil de contar. Yo lo he contado alguna vez, y siempre me he quedado insatisfecho. Pero lo que los independentistas de ahora, muchos de los cuales fueron hasta hace poco buenos españoles, andan llamando problema catalán es que quieren irse porque España les roba, los persigue, y se consideran ignorados y hasta invadidos. Ha dicho esto último el presidente Puigdemont, bisnieto de dos bisabuelos de Jaén y nieto de una abuela jienense. Lo que quieren decir es que Cataluña es una colonia de España, para que les haga caso la ONU. Claro que no se lo creen ni ellos, los mismos que hasta ahora se enorgullecían de ser la Comunidad más próspera de España y hasta motor de su economía, y cuando saben, al meter la mano en el boisillo, que, además de las muchas corrupciones de su eterna clase dirigente,  su actual presidente y sus consejeros ganan mucho má que el presidente español y sus ministros. Y en ese plan. Y con esa máquina de mentir, tan fácil de manipular como un teléfono móvil, se endilgan no sólo a Madrid, al Gobierno del Estado, al PP o a Rajoy, sino al Estado, a toda España -encarnada, cuando les interesa, en Rajoy- todos los males que existen o pueden existir en Cataluña y también todos los problemas. Como es tan fácil encontrar o crear unos y otros, el chantaje, la manipulación, la acusación, la mentira y la calumnia, con el rencor, el odio y la violencia que acarrean, no  tendrán fin. Siempre, y hasta el infinito, se podrá descubrir un nuevo mal o fabricarse un nuevo problema, y arrojarlos sobre las espaldas de España.  Y asumido el estribillo inicial, todo lo demás vendrá por añadidura. Y siempre tendrá éxito en esa situación un partido independentista, más o menos antisistémico (anti sistema español). Lo estamos viendo.

Dolor por Cataluña

He hablado y escrito mucho en Cataluña y fuera de Cataluña, sobre Cataluña. Pero hoy quiero decir sólo mi dolor por lo que está ocurriendo en Cataluña y con Cataluña. Si en los últimos tiempos he sufrido mucho, en estos días estoy sufriendo mucho más. Si dijera que un día conocí y amé Cataluña, y trabajé por fortalecer las fraternales relaciones entre catalanes y los otros españoles y que por eso recibí del entonces Molt Honorable President de la Generalitat la Creu de Sant Jordi, diría algo muy vulgar y cotidiano. Si ahora hago patente este sufrimiento, al ver todo eso en peligro, cuando no destruido, que nadie me diga que es banal o incorrecto, y sobre todo poco práctico. Porque para mí, al menos como punto de partida, es la forma más pura y genuina de participar en la gran empresa española que tenemos por delante.

Gratitud a mi dentista

 

Los dentistas son los únicos que nos hacen, voluntariamente, abril y cerrar y la boca.

Cuando, los ojos cerrados, oímos que el dentista pide a su ayudante que le alargue el alicate, nos echamos a temblar.

-Ya no se aplica en las clínicas dentales el viejo principio judío talmúdico del diente por diente, que ya fue en su tiempo un principio moderado y hasta progresivo. Ni los pacientes lo reclaman hoy, ni los dentistas lo tolerarían.

Llegó septiembre

 

   ÚLTIMOS AFORISMOS

 

Un Estado que se reconociera como divisible por cualquier iniciativa, aunque fuera mayoritaria, o por no no sé qué extraño derecho de autodeterminación de cualquiera de sus partes, estaría en un grave estado de descomposición.

-¿Quién podrá un día meter el dedo en el ojo del huracán?

-Los catalanistas han hecho de su Diada una pequeña Ilíada, tan mitológica una como otra, pero la primera mucho peor contada.

-Allí la Constitución manda tanto sobre los legisladores como sobre los simples ciudadanos (Burke Alexis de Tocqueville, 1835, a su regreso de Estados Unidos de América). De allí nació la democracia constitucional frente a la democracia asamblearia, o poder constituyente continuo y absoluto, propio de situaciones revolucionarias.

 

Tributo de las Tres Vacas

 

       De las fiestas de mugas entre los habitantes de ambos lados (España y Francia), como las de Sorogain, Urepel o Picatúa, la del Tributo de las Tres Vacas, el 13 de julio, en la muga pirenaica 262, es la más célebre.

La tradición arranca de la senterncia arbitral de 1375, que ponía fin a las discordias fronterizas entre el Valle de Baretous (Bearne) y el valle del Roncal: los pastos, las fuentes, la leña, los animales

Los roncaleses ponen pastos y aguas durante 28 días y los baretonenses tres vacas -el animal totémico de los viejos pastores pirenaicos- de dos años, del mismo dentaje y pelaje -¡aqui en plena acción de reconocimiento!-, y sin tacha alguna.

Luego, ante un público cada vez más numeroso y variopinto, los alcaldes navarros, con sus trajes roncaleses, y los bearneses, con sus patrióticas bandas tricolores, pondrán mano sobre mano en la piedra fronteriza de San Martín y dirán tres veces.

¡Pax avant! (Paz en adelante).

Se nombrarán después cuatro guardas -dos de cada vertiente- que cuiden durante el año las puertas de Ernaz y Larra, y la fiesta concluirá en una copiosa comida de hermandad-fraternité.

La moción de censura

 

         Una moción de autoafirmación de PODEMOS, aprovechando la ausencia del líder socialista. Irene Montero y Pablo Manuel Iglesias Turrión consiguen presentarse como líderes de la oposición. Montero se revela como una oradora notable, especialidad mitin; demasiado prolija y gritona para la oratoria parlamentaria. Iglesias Turrión, en veste de presidenciable, más sereno, pero con el mismo sectarismo y espíritu agresivo: Demoliciones Iglesias, lo caificó Rivera. Apenas, un esbozo de programa gubernamental, y de ese programa, como le demostró el lider de Ciudaddanos, ¡casi todos los puntos se habían convertido en ley o estaban en vías de hacerlo! Con España no sabe el líder podemita qué hacer: todas las hipótesis parecen importarle lo mismo, según el viento que toque: federalismo, confederalismo, vaciamiento total de la España actual; con lo que se acomoda a todas las situaciones, sin siquiera admitir el art. 1 de la Constitución de 1978. Pero fortalece y mucho la rebelión independentista catalana, a la que no tiene nada que reprochar. Por eso Bildu, al que tampoco reprochó nada, y Esquerra Republicana son sus únicos avales parlamentarios. Daba risa oír hablar a Tardá (ERC), que se declaró no nacionalista, y a Campuzano (PDCAt) denunciar la corrupción del PP, sin citar siquiera a la familia Pujol o el caso Palau. Por lo que oímos a Domènec (PODEM), el confederalismo (es decir, varios Estados) parece ser su modelo para «este país»: nada nuevo en la historia de los partidos comunistas catalanes: POUM o PSUC. El presidente del Gobierno, Rajoy, le disipó los humos de gobernar a Iglesias; el peneuvista Esteban Bravo volvió a quitarle cualquier futuro gubernamental, y le dejó desnudo del todo Albert Rivera, para quien el líder podemita reservó sus más perversas pullas, junto a la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas que, mujer no sumisa, se le encampanó. Un sanchista de pro, José Luis Abalos, coincidió con Iglesias en el diagnóstico político general -¿tiene este hombre fuerza moral para achacar la corrupción sólo al PP?-, con la única diferencia, al parecer, de considerar a Cataluña sólo nación cultural, frente a la nación política con dereccho de autodeterminación, que es el estribillo de PODEMOS. Pero el acercamiento de los dos es evidente, como ya lo es, por otra parte, en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, de cuya gobernanza presumió el lider podemita una y otra vez. Al diputado de UPN, Alli, el fracasado candidato a la Moncloa no supo contestarle sobre la corrupción de la presidente Barkos, a la que sólo elogió, y de la ex secretaria podemita navarra, Pérez.- Yo también creo que un leninista, pasado por el siglo XXI y por Laclau, arrogante, sectario, entontecido por su pequeña tribu, como es Pablo Manuel Iglesias Turrión, buen dialéctico y menos culto  de lo que se cree, no gobernará España en todos los días de su vida.  Lo que será un bien para todos.