El «problema catalán»

 

Lo que se llama históricamente problema catalán es muy largo y difícil de contar. Yo lo he contado alguna vez, y siempre me he quedado insatisfecho. Pero lo que los independentistas de ahora, muchos de los cuales fueron hasta hace poco buenos españoles, andan llamando problema catalán es que quieren irse porque España les roba, los persigue, y se consideran ignorados y hasta invadidos. Ha dicho esto último el presidente Puigdemont, bisnieto de dos bisabuelos de Jaén y nieto de una abuela jienense. Lo que quieren decir es que Cataluña es una colonia de España, para que les haga caso la ONU. Claro que no se lo creen ni ellos, los mismos que hasta ahora se enorgullecían de ser la Comunidad más próspera de España y hasta motor de su economía, y cuando saben, al meter la mano en el boisillo, que, además de las muchas corrupciones de su eterna clase dirigente,  su actual presidente y sus consejeros ganan mucho má que el presidente español y sus ministros. Y en ese plan. Y con esa máquina de mentir, tan fácil de manipular como un teléfono móvil, se endilgan no sólo a Madrid, al Gobierno del Estado, al PP o a Rajoy, sino al Estado, a toda España -encarnada, cuando les interesa, en Rajoy- todos los males que existen o pueden existir en Cataluña y también todos los problemas. Como es tan fácil encontrar o crear unos y otros, el chantaje, la manipulación, la acusación, la mentira y la calumnia, con el rencor, el odio y la violencia que acarrean, no  tendrán fin. Siempre, y hasta el infinito, se podrá descubrir un nuevo mal o fabricarse un nuevo problema, y arrojarlos sobre las espaldas de España.  Y asumido el estribillo inicial, todo lo demás vendrá por añadidura. Y siempre tendrá éxito en esa situación un partido independentista, más o menos antisistémico (anti sistema español). Lo estamos viendo.