En honor de nuestra Constitución nacional, de 1978, voy a citar algunos de los primeros textos de la reforma parcial, que un buen grupo de juristas, políticos y otros ciudadanos han preparado para proteger mejor su espíritu y defender su permanencia. Tal reforma sólo será posible tras un gobierno de coalición entre el PSOE y el PP, que vengo auspiciando hace tiempo. Comenzaría diciendo el Preámbulo: «La Nación española es la patria común e indivisible de todos los españoles, formada a partir de la unión de las Coronas de Castilla y León y de Aragón, que dio origen a la Monarquía de España, sobre la herencia histórica y cultural de la Hispania romana y del reino visigodo, mantenida a lo largo de la Edad Media por los reinos cristianos de la Península Ibérica y compartida plenamente por ambas.» Rezaría así el primer párrafo del artículo 1 del título preliminar: «España se constituye en un Estado social y democrático de derecho, miembro de la Unión Europea, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político con arreglo a esta Constitución». Y el artículo 2 comenzaría con este párrafo capital: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza la autonomía de las Comunidades Autónomas, provincias y municipios en que se organiza territorialmente el Estado, y la solidaridad entre todos ellos».- ¡Ad multos annos, Constitución!