Profetas de desastres

 Uno de ellos fue nada menos que Francisco Bergamín (1855-1937), que tiene dedicada una calle importante en Pamplona. Catedrático de derecho mercantil; miembro del partido conservador; diputado y senador durante muchos años; ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Gobernación, Hacienda, y Estado, entre los años 1913 y 1922; padre del escritor y poeta José Bergmín, que tanto se le parecía físicamente en sus últimos años, era en los tiempos de la República un santón del Antiguo Régimen, a quien a veces la prensa afín le pedía alguna opinión. En noviembre de 1933, poco antes de las decisivas elecciones del día 19 -mucho más que las nuestras actuales del 20N- se soltó con estas agoreras palabras: El momento actual es de tal gravedad, y puede ser de tales consecuencias, que temo que, de no cambiar las cosas, la nación española no perdure como nación o sufra una verdadera catástrofe, que determine su desquiciamiento. Esto como introducción. Y, como si no bastara, pasa a dar algún detalle: La paz social ha desaparecido: se está manifestando una lucha de clases y se está provocando una guerra civil por causa de la cuestión religiosa; están desapareciendo todos los respetos y tratando de extinguir el princpio de autoridad. No se necesita, pues, ser un buen profeta para aventurar un desagrabilísimo y triste porvenir a nuestra Patria. Yo, que siempre fui optimista, no lo soy ahora, aunque creo que la  nuestra no puede perecer, y saldrá tal vez regenarada después de la convulsión anarquica que nos espera. El viejo político, que no era tonto ni carecía de visión, acertó, desgraciadamente, en varios de sus pronósticos. Pero acertó también, aunque con muchos años de retraso, en esa regeneración que apunta al final de sus bravas declaraciones. Y, después de muchas convulsiones, anárquicas o no; luchas de clases y de otras clases, la nación española perdura como nación, y todavía, a pesar de todo, no se ha desquiciado. Aunque algunos hablen en este  otoño de 2011 como hablaba Francisco Bergamín en otoño de 1933.