Poema del P. Llanos

Ando estos días buscando, mirando, llenando y catalogando más de un centenar de carpetas con materiales y proyectos de trabajos, casi todos sin comenzar o sin terminar, y que me ocuparían casi otra vida. Para algo tal vez servirán. En las viejas carpetas uno siempre encuentra cosas que no espera: unas paginas olvidadas, una carta, un folleto que creía perdido, unas direcciones antiguas… En una de ellas he enccontrado una carta autógrafa del santo y querido P. José María de Llanos, «el Padre Llanos», escrita el 31 de diciembre de 1973, desde el Pozo del Tío Raimundo (Vallecas), al recibir mi libro de poemas Nanas a un niño subnormal. Él me había escrito antes dándome la enhorabuena por haber salido bien de tres días de calabozo en los sótanos del Gobierno Civil de Pamplona. Y me envía a su vez «en intimidad» unos versos tomados del himnario que se ha hecho él mismo como complemento del breviario de cada día. No sé si han sido publicados alguna vez. «Es hora de Tercia y dice así»:

Busco el apoyo y sentido
en que pueda comprenderme
porque me encuentro perdido,
y de tanto piar inerme
ya no sé ni lo que pido.

Ni en los hombres me he encontrado,
ni tampoco en los azares
de mi vida; y me han dado
un beso por mil pesares,
y el beso ¡lo he olvidado!

Entre amigos me quemé,
despecho sumo a despecho,
cultivo torpe mi fe,
y si algo hice bien hecho,
lo fue sin saber por qué.

Sólo asiento en la memoria
de tu misterio  y promesa,
en que traes misericordia,
en tu mensaje e historia,
tu corazón y tu mesa.

Yo soy la debilidad,
débil en tu fortaleza;
¡aquí toda mi verdad!,
el resto sólo me reza
fundirlo con tu piedad.

¿Que gira el mundo? ¡no importa!
¿campanas? ¿revolución?
Sé que mi vida se acorta
y únicamente soporta
el tuyo a mi corazón.