El protagonista de la mediocre novela barojiana El gran torbellino del mundo, José Larrañaga, un vasco que encarna de perillas al autor, dice a sus dos bellas primas vascas, sentadas con él en el dancing parisiense: – «Yo no creo gran cosa en el progreso moral de los hombres. El material y el científico se ven, se palpan; pero el otro no. Hay más policía, es verdad. Hay menos posibilidad de cometer crímenes ahora que antes. Pero no se pasa de ahí». Y hasta se arremanga a decir que, si pudieran obrar sólo con la voluntad, los hombres harían horrores, y en esa misma sala habría veinte o treinta asesinatos.- Si no con esto último, la inmensa mayoría de la gente estaría de acuerdo con la inicial afirmación de Larrañaga. Si a menudo nos interesamos de muchas maneras por el progreso material y científico, apenas si dedicamos un poco de tiempo siquiera al progreso moral de nuestro mundo. Ni parece inquietarnos tamaño desfase entre ambos.