Toda esta temporada, los periódicos belgas, sobre todo los francófonos, le dan muchas vueltas al federalismo que gozan y que padecen. Algunos suelen recordar y recalcar que el sustantivo latino foedus significa precisamente alianza. (FoederisArca, reza la vieja letanía mariana en latín). No les parece a los francófanos que sus hermanos federados los flamencos entiendan así el federalismo, cuando quieren conquistar el poder federal, que vienen desde tanto tiempo ostentando, para vaciarlo de su substancia y transferir la mayoría de las competencias del Estado central a las Regiones y Comunidades. Que eso y no otra cosa prometieron a sus electores hace dos meses en Flandes, sobre todo el partido mayoritario, el cristiano demócrata (CD&V: cristiano-demócrata y flamenco), con su cactus minoritario independentista N-VA. Y por eso tal vez ganaron las elecciones. Lo que no les dijeron a los suyos fue que para ese objetivo necesitaban el acuerdo de los francófonos de Valonia y de Bruselas. Los ricos flamencos, que hace no mucho eran más pobres que los valones, quieren una nueva reforma del Estado para poder utilizar los muchos medios de que disponen. Sin embargo, no suelen confesar que su prosperidad actual se debe en buena medida a ese federalismo que desprecian tan ricamente. Algo parecido, ay, ocurre aqui en las regiones que fueron económicamente favorecidas por el Franquismo y por el Estado autonómico (que no de las autonomías) posterior. Además, los flamencos, como listos que son, prefieren aquellas reformas que más les favorecen: la regionalización, por ejemplo, de las asignaciones familiares pero no de las pensiones. Y, por si acaso, siguen pretendiendo, como de costumbre, tener un primer ministro flamenco, aunque sea Yves Leterme, un personaje grotesco, ex presidente de la Región de Flandes, del que otro día hablaré. Federalismo. Qué contradicción entre la palabra-concepto y sus imposturas. En España, los independentistas, pese a lo que piensan ciertos incautos, aborrecen el federalismo. «Somos muchos«, me dijo un día Arzallus, ante la hipótesis federal, en un agradable encuentro de políticos «del País», en la casa de Areilza, Motrico, 1981. Somos muchos en el sistema federal. Y ellos quieren ser únicos, para una cosa u otra. Los socialistas maragalianos de hoy, los más federales al parecer, seguidores de la vieja y confusa tradición federal catalana, han andado estos años confundiendo federalismo cooperativo con federalismo asimétrico y éste con confederalismo, aprovechando la densa ignorancia de los políticos y de la gente en este punto. Y para su Estatuto federal-confederal comenzaron a descartar, en el Pacto del Tinell, a la mitad de los españoles, que votan al Partido Popular y similares, de cualquier trato. Para ellos el federalismo no es precisamente alianza. Como en Flandes.